Un homenaje, un sentimiento, una pasión

Con 18 años en la actividad, insertada en la comunidad azuleña, esta panadería sigue adelante y “va por más”. Esther Simón, su actual propietaria, dialogó con EL TIEMPO y contó que el iniciador de este negocio fue su fallecido esposo, Oscar Pacheco. Actualmente está al frente del emprendimiento su hijo Joaquín.

Joaquín Adolfo Pacheco y su mamá Esther Simón son quienes están al frente de la panadería “Pan Caliente”, ubicada en Avenida 25 de Mayo y San Luis. NICOLÁS MURCIA

Oscar Adolfo Pacheco fue el iniciador de esta panadería que funciona en Avenida 25 de Mayo y San Luís. Él, desde muy joven, tenía 14 años y ya tenía claro que quería ser panadero y, en ese rubro, tener su propio emprendimiento.

Sus comienzos fueron similares a los de todo aprendiz: lavar latas y limpiar mientras aprendía el oficio.

Finalmente, con 38 años y acompañado por su incondicional compañera, Esther Simón, cumplieron el sueño de abrir Pan Caliente.

Lamentablemente, años después la felicidad se vio truncada por el fallecimiento de Oscar, debiendo Esther continuar al frente de la panadería como una forma de rendir homenaje a la memoria de su esposo, hasta que Joaquín Adolfo Pacheco, con 18 años cumplidos, tomó la posta y se hizo cargo del negocio.

Actualmente, la panadería está atravesando los 18 años de vida en franca expansión, anexando despensa y una gran variedad de elaboraciones dulces. Junto con sus empleados se ha creado una gran familia, contó Esther a este diario.

“El pan sale todos los días”   

“Nos acompaña Mario Collova quien arrancó con nosotros y, como él, hay buenos  empleados. Somos una gran familia. Eso es lo que nos ayuda a salir adelante a diario”, señaló la propietaria de “Pan Caliente” al principio de la charla.

Consultada sobre si su hijo heredó el amor por el oficio como su padre, Esther aseguró que “Joaquín, pese a que ahora tiene 26 años, aún es chico, está aprendiendo pero le gusta mucho el oficio. Mario (Collova)  le enseña a ser panadero y yo le explico las cuestiones administrativas”.

Sobre esto último, ejemplificó: “Hay que orientarlo para pagar las facturas de luz y gas que nos llegan con costos elevados. Eso nos hizo mucho daño a los panaderos, no sólo de Azul, sino del Gran Buenos Aires”.

En el mismo contexto, Esther se quejó porque “no sólo subieron los servicios, sino la harina y todo los insumos de panadería. ¿Quién nos va a dar una mano?”. No obstante apuntó que “a nosotros nos va bien, porque el pan lo siguen comprando, el pan sale todos los días” y agregó que cuenta a su favor que “tenemos las puertas abiertas del local desde las 8 hasta las 21.30, de lunes a lunes”.

“Yo no sé si sé hacer pan pero me defiendo”  

Sobre el trabajo en sí opinó que “es un oficio esclavo pero a mí me gusta, no sé qué haría sin la panadería. Yo la amo, será que uno la hizo de abajo, incluso a la tarde hay otra empleada en atención al público, pero yo me mantengo al lado. A veces Joaquín o el resto del equipo me sugieren que descanse, pero me gusta estar. Me gusta estar con la gente, el grupo de trabajo es lindo, todos nos llevamos bien, somos una familia, nadie es empleado de nadie. En tal sentido comentó que “soy la dueña pero si tengo que amasar… amaso. Yo no sé si sé hacer pan pero me defiendo”, afirmó sonriendo.

“Hasta ahora, gracias a Dios, están los chicos, pero si en algún momento lo tengo que hacer no voy a tener inconvenientes”, sostuvo también y recordó que “cuando falleció mi marido me propuse seguir con la panadería y hoy, sinceramente, no sé hacer otra cosa”. 

Por último, sobre los pilares fundamentales para mantener el comercio en el tiempo con productos de excelente calidad, recomendó que “hay que tener constancia, hacer sacrificios, estar a diario pero, sobre todo el gusto por lo que se hace. Es decir: uno debe amar la panadería, yo la amo, es mi vida, la gente es hermosa. En el caso de que uno no se sienta bien, en la panadería se olvida de todo”.

 

 

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