SE JUBILÓ ROBERTO GLORIOSO

Un lugar que ya no será lo mismo sin él

Roberto Glorioso cerrando la puerta del Banco, después de 35 años de servicio.
GENTILEZA MÓNICA LULUAGA.
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Roberto Glorioso cerrando la puerta del Banco, después de 35 años de servicio. GENTILEZA MÓNICA LULUAGA.

Concurrir al Banco Industrial era encontrarse a diario con Roberto Glorioso y su simpatía a cuestas. Esa que, tan significativa como su voz, derivaba indefectiblemente en que al interlocutor de turno al que Roberto saludaba se le dibujara una sonrisa, de la misma manera que sucedía con todos aquellos que eran los testigos de esa situación.

Ayer, el querido Roberto puso fin a una etapa de su vida. Y por última vez cerró las puertas de ese banco que fue su casa, ya que se acogió a los beneficios de la jubilación.

En julio del año 2012, cuando EL TIEMPO entrevistó a Roberto Glorioso para uno de sus suplementos Aniversario, en aquella nota -entre otras cosas- había afirmado: “Bienvenida sea la ridiculez que sirve para que la gente esboce una sonrisa o se olvide de alguna preocupación por un instante”.

Algo de eso seguramente había en esa especial forma de ser que tiene, la misma que lo convertía, más que en un empleado bancario a secas, en un tipo que hacía de su simpatía la principal arma para llamar la atención de todo aquel que pasaba por el banco.

Roberto Glorioso comenzó su carrera como empleado bancario en el año 1981. Y además de su trabajo, su vida aún sigue marcada por lo que es su pasión por la poesía, la misma que como escritor lo ha llevado a realizar diferentes publicaciones.

“Tal vez el mejor lugar de trabajo para un escritor sea un banco”, decía también Roberto en esa misma entrevista publicada por este diario en julio del año 2012.

Hoy, en la hora de su retiro como empleado bancario, el hombre y el poeta siguen más vivos que nunca.

Y su alejamiento de lo que ha sido su actividad laboral alterará para siempre la escenografía habitual de la sucursal local del Banco Industrial.

La misma que, seguramente, a partir de hoy empezará a extrañar a ese hombre que con su simpatía y calidez tenía el don de alegrar a cualquiera.

 

 

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