RÍO 2016: CRÓNICAS DE VIAJE (CUARTA Y ÚLTIMA PARTE)

Un mundo de sensaciones

Juan Gilardi vence al arquero español y clasifica a la Argentina a semifinales. Juan Martín Del Potro muestra sonriente su medalla plateada instantes previos a retirarse del estadio. La cronista Nati Jota de ESPN entrevista a hinchas argentinos en la previa a la presentación de la “Generación Dorada”. El público observa la maratón acuática desde la Playa de Copacabana. Vista panorámica de Río desde el Cristo Redentor. Al fondo, el desarrollo de una regata en la Bahía de Guanabara.
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La cronista Nati Jota de ESPN entrevista a hinchas argentinos en la previa a la presentación de la “Generación Dorada”.

Un importante número de deportistas y equipos argentinos transitaron por los primeros Juegos Olímpicos en Sudamérica con resultado dispar. Presenciar algunos de esos momentos permite rescatar notas de color. Parciales, antojadizas, pero a la vez vivencias genuinas. 

 Por Gonzalo Berríos – Especial para El Tiempo

Luego de escribir la primera de esta serie de crónicas, la compartí con mi hijo Tomás y le pedí que me ayudase a corregirla o ampliarla con su punto de vista; a fin de cuentas fue con quien compartí la rica experiencia de Río 2016. A vuelta del correo, me alertó sobre algunos pequeños errores pero además me envió el link de un perfil que un periodista de la revista El Gráfico publicó sobre un atleta argentino.

Abro el enlace. “Me llamo Martín Estévez y, desde que lo entrevisté, no puedo dejar de pensar en Brian Toledo. A los periodistas nos enseñan que está mal escribir así, en primera persona; pero yo creo que lo que realmente está mal es que haya personas a las que su papá las abandonó tres veces; que sufrieron violencia familiar; que vivieron su infancia en una casilla sin agua; que pasaron hambre no una sino mil veces… Lo que yo creo que estaría mal es contar esta entrevista como cualquier otra de las que hice. Y mucho peor sería contarla como un cuento de hadas, donde el niño pobre vence a los obstáculos y se convierte en medallista. Porque Brian tuvo que sufrir mucho para no convertir su vida en lo que el contexto le proponía: un tormento. Demasiado tuvo que sufrir. Tanto, que nunca va a dejar de dolerle. Y contarla como un cuento de hadas sería apoyar la estúpida teoría de la meritocracia, la idea de que ‘con esfuerzo, todo se puede’. Minga…Él la reconstruyó porque tuvo un brazo milagroso y una voluntad que no puedo explicar en estos 15 mil caracteres de texto. Pero no es justo exigirles a nuestros pibes, esos que duermen en casillas o en pensiones o en la calle, que sean Brian Toledo. Que sean héroes”, rescato en los primeros párrafos.

Lo que leo me retrotrae al pasado. Por un lado, a uno un tanto lejano, cuando era un niño, luego un adolescente como Tomás. Esperaba entonces con ansias el martes para recibir la Revista El Gráfico, que salía semanalmente y me regalaba el abuelo José. Después de su fallecimiento en julio de 1987, mi tío Guillermo extendió la tradición durante varios años.

Más cerca en el tiempo, el texto de Estévez me remite al tren que el 14 de agosto nos trasladó al Centro Olímpico en Deodoro. Una serie de videos institucionales de Río 2016 se proyectan en las pantallas de los vagones y amenizan el viaje. Tienen una clara bajada de línea respecto de lo que los Juegos significarían para la ciudad y Brasil, hacen hincapié en el legado social y ambiental, focalizan en los valores olímpicos. En tres de ellos, consagrados atletas brasileños relatan en primera persona su historia de vida: sus sueños de pibe, un referente que en su momento los inspiró, las dificultades en el camino, la perseverancia para superar los obstáculos y, claro, el éxito al final. ¿Inspiración para los que diariamente se trasladan a su trabajo, al colegio, a su rutina? ¿Cuántos chicos, cuántos jóvenes se sentirán llamados a emprender su futuro a partir de un video y un contexto de estas características? ¿O se trata tan solo de propaganda y manipulación? ¿Un cuento de hadas?

No tiene sentido negarlo. El deporte, algunos grandes eventos, han dado motivos al qué dirán. Sin demasiada originalidad, podemos remontarnos al “pan y circo” de la Arena Romana. Ahora bien, también hay historias genuinas para rescatar. Como la del Seleccionado Argentino Masculino de Hockey sobre Césped, Los Leones. O más tarde, la de Juan Martín Del Potro.

 Leones –

Llegamos a la estación Magalhães Bastos, en las proximidades del Parque Olímpico Deodoro, que ofició de sede de 11 modalidades olímpicas. Al menos algunas de sus instalaciones han sido montadas en cercanías; pareciera incluso que dentro de un complejo militar, el cuartel más grande de Brasil, algo así como un Campo de Mayo. Creo que es el día de mayor calor; el sol se torna punzante y para acceder al Centro Olímpico de Hockey hay que caminar bastante. Unos 2,5 kilómetros. Venimos demorados, pero no da para correr, a lo sumo acelerar un poco el paso. En la entrada al predio, nos ofrecen agua fría. Necesito varios vasos para reponerme del trajín. Ingresamos y descubrimos que todavía faltan unos cuantos metros para llegar hasta el estadio donde Los Leones enfrentan a España por el pase a semifinales. Incluso una respetable escalera, de no menos de 30 escalones.

Cuando logramos ubicarnos en la tribuna, Gonzalo Peillat ya había marcado su gol y Argentina ganaba por uno a cero. Mientras observamos el partido, nos colocamos protector solar y tratamos de cubrir nuestras cabezas con una bandera. Tengo la sensación de que los movimientos de los jugadores son lentos o, para ser más precisos, que el juego es menos vertiginoso que el de las mujeres. Probablemente sea el calor. O mi cerebro achicharrado. Así van pasando los minutos hasta que, a menos de 5 minutos para el final, el español Pau Quemada emparda los tantos. Los argentinos hacen honor a su apodo, no se amedrentan y en cambio sacan a relucir las garras. La reacción rinde sus frutos un par de minutos después, cuando Juan Gilardi vuelve a inclinar la balanza. De penal, mete a la Argentina en semifinales por primera vez en la historia. El festejo es acorde, con las tribunas agitando remeras al ritmo del “es un sentimiento, no puedo parar…” y los jugadores abrazados en círculo, saltando.

Fue la primer sorpresa que dio el equipo conducido por Carlos “Chapa” Retegui en el torneo. En semifinales goleó a Alemania, campeón en los últimos dos Juegos, y alcanzó el oro al vencer a Bélgica por 4 a 2. Luego de años a la sombra del seleccionado femenino y respondiendo sin chistar a las exigencias del entrenador, autodefinido como obsesivo, los jugadores obtuvieron su merecido reconocimiento.

Caminamos hacia la salida. Nos hidratamos. Cerveza para mí, agua mineral para Tomi. De vuelta la escalera, pero esta vez el recorrido es más corto. No mucho más de 500 metros nos separan de la Estación Vila Militar del BRT, desde donde partiremos hacia el Parque Olímpico de Barra.

 Los dos a la final –

Juan Martín Del Potro estuvo mucho tiempo alejado de las canchas. Una lesión en su muñeca lo tuvo al borde del knockout. No hace tanto me tocó ver un video suyo dirigiéndose a sus amigos de toda la vida, los de Tandil. Entrenando solo en un gimnasio, un día de lluvia, les dice: “Las ganas de entrenar son muy pocas, pero el orgullo y el amor propio son más fuertes. Yo estoy acá gracias a ustedes, que siempre me bancaron cuando estuve mal. Todo el esfuerzo que hago es para que puedan disfrutar viéndome jugar y para que pueda volver a ser feliz adentro de una cancha. Cada uno en lo que haga, deje todo. Si sale bien, buenísimo. Y si no, quédense tranquilos que lo dieron todo”. Si bien ya había mostrado algunos destellos, como el triunfo en Wimbledon sobre Stan Wawrinka, el número tres del mundo, Río 2016 marcó la vuelta definitiva de “Delpo” al máximo nivel. Luego de haberle ganado a Novak Djokovic, número 1 del ranking, y a Rafael Nadal, ubicado en el puesto 5 del ATP, el tandilense se medía en la final del tenis olímpico contra el escocés Andy Murray, segundo del mundo y campeón defensor.

No tenemos entradas pero no estamos dispuestos a perdernos el duelo. Merodeamos por la boletería, tratando de afinar el ojo en busca de alguna reventa. Nos habían avisado que hay que manejarse con discreción porque hay policías de civil y se han llevado a algunos vendedores detenidos. Veo a una pareja joven sentada cerca de una columna. Me acerco a ellos, me ubico a su lado y los saludo con naturalidad. Se suma también Tomás. Él me dice que dispone de tickets, ella no habla; luego descubro que también es cliente. Comenzamos con el regateo. Que es mucho, que es poco, que es todo lo que tengo. Intercalamos chistes. En eso, pego un golpe bajo con una verdad a medias. Que es el regalo de cumpleaños de Tomás, que no podemos quedarnos afuera. Lo cierto es que su presente es el viaje, no la entrada, pero el “portuñol” ayuda a la confusión. Entonces, parece que afloja. Se mantiene firme en su postura, pero nos facilita un salvoconducto: “Tenemos un amigo adentro, ahí es más fácil”. Ingresamos al Parque y nos dirigimos a la entrada del Court Central. O son muchos los amigos o es otro día de suerte. Al primero que consultamos por entradas nos dice que sí. Nos pregunta cuánto tenemos y ni atisba un gesto de queja aunque ofrecemos por los dos ingresos menos de lo que afuera pedían por un solo ticket. Todo parece demasiado fácil. Sospecho. Si bien las entradas compradas por Internet se imprimen en hojas A4, las que veo en sus manos no me generan confianza. Supongo que se da cuenta porque nos dice: “me pagan adentro”.

Función de Gala –

Ingresamos con tiempo, mientras las parejas estadounidenses de la final del dobles mixto realizaban la entrada en calor. Luego de algo menos de dos horas, Bethanie Mattek-Sands/Jack Sock terminaron derrotando a Venus Williams/Rajeev Ram pero, en la previa, nosotros aprovecharnos a sacarnos unas fotos con la hermana de Serena de fondo. Debatimos un poco el mejor lugar para ubicarnos y fuimos a comer algo. Volvimos a tiempo para ver los tramos finales del encuentro y presenciar la ceremonia de entrega de medallas. Nos situamos detrás de las banderas.

A esa altura, el estadio se veía prácticamente colmado. Un clima acorde con lo que nos tocaría vivir. “Un partido épico”, calificó la prensa local. Y algo de eso hubo. Durante 4 horas y 2 minutos, Andy Murray y Juan Martín Del Potro no se dieron respiro. Una final digna de cualquiera de los Grand Slam del circuito. Derecha, revés, palo, cambio de ritmo, corta, larga; cada jugada sacó a relucir lo mejor que podían ofrecer ambos. Desde la tribuna, tratamos de acompañar el notable esfuerzo del argentino, cuyo físico pasó factura a meses de inactividad, al calor de Río y a la acumulación de horas de juego durante el torneo. Y ejercitamos nuestra paciencia. Algunos brasileños estaban in-so-por-ta-bles. Ni lo de adentro ni lo de afuera alcanzó. Murray se terminó imponiendo por 7-5, 4-6, 6-2 y 7-5.

La primera reacción de “Delpo” fueron las lágrimas. O al menos eso es lo que nos pareció observar desde nuestra ubicación, cuando se retiró ovacionado de la cancha. Algo debe haberle pasado en el vestuario, porque era otro cuando volvió a recibir su medalla. Tal vez aquello de quedarse tranquilo con haberlo dado todo, o la certeza de que sus amigos -como nosotros, como el mundo – volvieron a disfrutar viéndolo jugar. Entonces, reapareció sonriente, orgulloso, a buscar lo que había logrado: una presea de plata y volver a ser feliz. Perdió la final, sí. Pero en Río 2016 “Delpo” anunció que estaba de vuelta. Lo ratificó hace unos días. En el partido más largo de la vida de ambos -5 horas y 7 minutos- venció a Murray por la semifinal de la Copa Davis.

Ya es de noche cuando nos retiramos del estadio. Intentamos cenar algo pero las pocas opciones están agotadas. Antes de retirarnos del Parque, pasamos por el Arena Carioca 1 a ver algo de básquet. Serbia le gana holgadamente a China por 94 a 60. Paseo.

 “A caballo regalado…” —

Arranca una nueva jornada y, como en la anterior, hay que trasladarse hasta Deodoro. Tenemos nuevamente hockey sobre césped en agenda pero esta vez, femenino. Pareciera que no hace tanto calor pero el sol sigue siendo incisivo. Una vez arribados, caminamos despacio. Son dos partidos y no juega Argentina. Antes de llegar a nuestro destino final, pasamos por el Centro Olímpico de Hipismo. Una simpática voluntaria nos ofrece unas entradas, que descartamos pensando que hay que pagar. Luego de algunos minutos de charla entendemos que es la última jornada de la especialidad y que en realidad son un regalo.

Decidimos sacrificar uno de los partidos de hockey y ver de qué se trata eso del Adiestramiento Equino, más precisamente el Gran Premio Libre de Adiestramiento Individual. Valió la pena. No vimos mucho más que cuatro o cinco rutinas porque teníamos otro compromiso. Caso contrario, entiendo nos habríamos quedado hasta el final. Da gusto ver cómo los caballos sincronizan sus movimientos con la música que acompaña de fondo o, para no andar con rodeos, cómo bailan siguiendo el ritmo. Si no fuera por su vestimenta y elegancia, casi que los jinetes pasarían desapercibidos. La armonía entre ambos parece perfecta e irradia una energía especial. Indefectiblemente, cuando finalizan su presentación, quienes montan se inclinan sobre el cuello del equino, le dan unas palmadas, lo miman, le dicen algo al oído.

En el camino hacia el estadio de hockey comentamos lo satisfactorio que resultó el imprevisto y, empujados tal vez por ese entusiasmo, nos metemos en un stand institucional de la Federación Ecuestre Internacional. Aprendemos algo más sobre la actividad y tomamos conocimiento de la campaña “Dos corazones”, que “celebra la unión especial entre caballo y jinete”.

Nos cruzamos con un grupo de neozelandeses y les preguntamos sobre el resultado final del partido que postergamos por el hipismo y que acaba de terminar. Su seleccionado le ganó a Australia por 4 a 2 el clásico de Oceanía. El segundo match por cuartos de final enfrenta a Alemania y Estados Unidos, que finaliza con triunfo de las germanas por 2 a 1. Más allá de que las ganadoras convirtieron sus goles en el primer cuarto y que el marcador no se alteró hasta poco del final, el encuentro resultó atractivo. Mantengo la postura del día anterior: el juego de las mujeres es más dinámico, más rápido y explosivo que el de los hombres. No hace tanto calor; creo que puedo confiar en mi percepción.

Cuando nos retiramos, consigo el vaso de Skol con el isologo de básquet. Figurita difícil, costó encontrarlo. En el camino conocemos otro deporte, pero esta vez como protagonistas. Nos invitan a practicar un poco de Bádminton y decidimos probar. Nos divertimos un rato tratando de mantener en juego la pluma. Obtenemos nuestra foto con el cartel de Río 2016, y a la calle. Elegimos el camino largo y volvemos al Centro Hípico. Como es la última jornada, quizás tengamos suerte y algún voluntario acepte canjearnos su rompevientos. Probamos incluso comprarlo. No hubo caso. Volvemos a la estación. Con la frente marchita.

Adiós muchachos –

Nuevamente en Barra, nos convertimos por algún tiempo en revendedores frustrados. Resulta que al haber conseguido tickets para Argentina-España en básquet, nos sobran los accesos para el partido de nuestra selección y Qatar en handball, programado originalmente para la misma hora. Estábamos en eso cuando un grupo de compatriotas nos advierte que el encuentro con los qataríes se reprogramó para más tarde, así que podremos presenciar ambos.

Entramos al Parque Olímpico y nos dirigimos hacia el Arena Carioca 1. Faltan al menos un par de horas para que comience el partido contra los ibéricos pero las inmediaciones del estadio ya están llenas de hinchas albicelestes viviendo la previa de la “Generación Dorada”. La Selección Argentina de Básquet recibió apoyo masivo en cada una de sus presentaciones. Nos sumamos a la dulce espera, que incluye el duelo de cantos con los fans brasileros y la cobertura en vivo de programas televisivos locales. Como Redes de ESPN, con la cronista Nati Jota desplegando todo su histrionismo.

En lo estrictamente deportivo, se nos frustró la ilusión de ver ganar a los nuestros. La contundente actuación de Pau Gasol, con 19 puntos y 13 rebotes en poco menos de 30 minutos, fue demasiado para la Argentina. No alcanzaron ni los 21 puntos de Nico Laprovittola, con 10/11 en simples, ni los dignos 16 de Manu Ginobili, con 4/6 en triples. España termina arriba del tanteador por 92-73 y, aunque aplaudimos a rabiar y cantamos aún más fuerte, asumimos el ocaso de una gloriosa generación que se va, de pie pero sin poder mostrar mucho en su última función. Para compensar el sabor amargo, asistimos en paralelo al germen de un promisorio futuro. Argentina transcurre los minutos finales con cinco prometedores jóvenes en cancha. “Vamos, vamos los pibes” respondemos desde la tribuna a la jugada de Sergio Hernández.

Calentamiento global —

Junto a otros varios, nos retiramos presurosos rumbo al Arena do Futuro, escenario del handball. Aunque han demostrado una fuerte personalidad, entendemos que no va a ser un encuentro fácil para los argentinos. Qatar llegó a Río 2016 con el título de subcampeón del mundo bajo el brazo y, poco o mucho, eso tiene un valor. Imposible negar el avance de la tecnología y la globalización, con un teléfono de una marca coreana, ensamblado en argentina, envío una foto a un amigo qatarí que conocí hace unos años. La comunicación se produce a través de una aplicación originalmente desarrollada por una empresa al mando de un ucraniano en Estados Unidos.

El inicio del partido se demora unos minutos y se alcanza a vislumbrar un clima tenso. La parcialidad argentina vuelve a demostrar su capacidad de convocatoria y los hinchas locales vuelven a parcializar por todo lo que compita con sus vecinos. Se habían tomado un corto respiro para apoyar a nuestra selección de básquet porque si perdía, como sucedió, Brasil quedaba fuera de competencia. Lo cierto es que los brasileños vuelven a la carga y no aflojan en su movida anti Argentina. El horno no está para bollos. O en realidad sí. Sobre el final de la jornada, debió intervenir la policía para evitarlos.

En el medio hubo un partido, entretenido, que ganó Qatar por 22-18 y significó la eliminación de los dirigidos por Eduardo Gallardo. Más allá del resultado adverso para Argentina, en lo personal significó revivir la intensidad del deporte, el roce y la fricción permanente en la zona de áreas, el “ímpetu” de algunos movimientos reglamentarios. En efecto, recordé cuando -en la secundaria- los encuentros de handball permitían saldar cuentas pendientes con algunos personajes indeseables de los años superiores. Los veo a los muchachos argentinos poniéndole el cuerpo a los 2,06 metros y los 110 kilogramos de Borja y no puedo más que sentirme identificado. No les sienta mal el apodo de “Gladiadores”. También les cabría el de “La Garra”, que usan las chicas de la selección femenina, algunas de las cuales observan el match a pocos metros de nuestra ubicación.

Última noche en Barra, prolongamos nuestra despedida y volvemos al Arena Carioca 1 a ver otro poco de básquet. Cuando ingresamos, ya estaba avanzado el segundo período entre Croacia y Lituania. Ganan los primeros por 90-81 y se definen los cuadros de cuartos. A la Argentina le toca en el cruce el “Dream Team”, el poderoso equipo norteamericano. Nos vamos del estadio masticando bronca y antes de retirarnos del Parque hacemos cola para obtener la foto pendiente con los anillos olímpicos. Mientras caminamos a la salida, con algo de nostalgia, grabamos un último video.

 Epílogo —

Ya en Copacabana, por primera vez en la semana, nos sentamos a comer “como se debe”. Probablemente el Dr. Cormillot no esté de acuerdo con esa valoración, pero demasiado tuvimos de “comida chatarra” durante estos días. En una mesa cercana, un par de pomposas garotas calculan mentalmente los dólares que terminarán sacándole a un yankee, bastante ebrio, que les convida una copa. Dan lugar para que surjan comentarios sarcásticos y malintencionados con mozos y demás comensales. El, ella, los otros se ríen, seguramente por distintos motivos.

Cuesta arrancar a la mañana siguiente. Cuando pasadas las 4 AM nos fuimos a dormir, le consulté a Tomi si prefería descansar hasta tarde o acompañarme a observar la competencia de aguas abiertas. Elije la primera opción, así que salgo solo rumbo a la Playa de Copacabana. Durante siete días estuvimos a tres cuadras de aquí. Recién hoy apoyo mis pies en la arena y los mojo en el mar. Camino descalzo por la orilla en dirección a las boyas que señalan el circuito. Están relativamente cerca de la costa pero no se logra apreciar demasiado y las embarcaciones que siguen a los nadadores dificultan aún más la visión. Permanezco un buen rato pero desencantado vuelvo al hotel. Llego justo para ver el final de la carrera en directo por televisión.

Despierto a mi hijo, alistamos el equipaje, abandonamos la habitación. A las 17 horas nos pasan a buscar para llevarnos al Aeropuerto. No tenemos demasiado tiempo pero, haciendo caso omiso a las recomendaciones, arriesgamos una última excursión. No podemos irnos de Río sin conocer el Cristo Redentor.

Vamos, sacamos fotos, rezamos en su capilla, compramos algunos regalos. Aportamos celeste y blanco a la multi cromática paleta de colores del turismo internacional. Perenne, pero potenciada por esos días. Allá lejos, en la Bahía de Guanabara, observamos una regata. Probablemente haya sido la que les permitió a los argentinos Santiago Lange y Cecilia Carranza obtener el oro en la categoría Nacra 17 mixto de vela. Volvemos mirando de reojo el reloj. No sólo llegamos a horario. Mientras esperamos la llegada del bus, hacemos tiempo para disfrutar de unos licuados y unas ensaladas de fruta.

Ver primera parte en: https://www.diarioeltiempo.com.ar/algun-dia-iba-a-volver-a-ir-a-los-juegos-olimpicos.html

Ver segunda parte en: https://www.diarioeltiempo.com.ar/atletismo-y-una-ciudad-mas-alla-del-deporte.html

Ver tercera parte en: https://www.diarioeltiempo.com.ar/nada-mal-para-un-dia-trece.html

 

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