EN EL DEBATE QUE COMENZÓ AYER

Un perito declaró que no encontró “medidas de seguridad” en la obra donde murieron Carrizo y Chanquía

Los decesos de los trabajadores de la empresa “Korvial SRL”, ocurridos en agosto de 2013 en una zanja de extensión de la red cloacal de Villa Piazza Norte, tienen como acusado por lo sucedido al ingeniero que estaba a cargo de la obra. La recepción de la prueba testimonial incluyó las declaraciones de diez testigos. Esa etapa del juicio seguirá hoy, con la presencia, entre otros, del ex intendente José Inza y de quienes fueron funcionarios de su gobierno.

Uno de los policías que intervino en la instrucción del expediente penal convertido desde ayer en materia de este juicio. En la primera de las audiencias por las muertes de los obreros de “Korvial SRL” declararon diez testigos.
JOSÉ BERGER
Karina Tiseira y Gabriela Alzamendi, esposas de los obreros fallecidos. A medida que escuchaban las declaraciones de los testigos, en un momento no pudieron evitar conmoverse hasta las lágrimas por lo que fueron esos dichos.
JOSÉ BERGER
Víctor Garcia, el ingeniero imputado por las muertes de los trabajadores. En la imagen, con uno de sus abogados defensores: Osvaldo Bolpe.
JOSÉ BERGER
<
>
Uno de los policías que intervino en la instrucción del expediente penal convertido desde ayer en materia de este juicio. En la primera de las audiencias por las muertes de los obreros de “Korvial SRL” declararon diez testigos. JOSÉ BERGER

Resulta absurdo imaginar que las responsabilidades en las muertes de los trabajadores Alfredo Alejandro Carrizo y Osvaldo Héctor Chanquía -ocurridas en agosto de 2013 en esta ciudad, cuando fueron sepultados por la tierra que se derrumbó desde una de las paredes de la zanja donde estaban realizando tareas de extensión de la red de cloacas- pueden agotarse exclusivamente en el único imputado que a escala penal tiene este caso, convertido desde ayer en materia de un juicio oral.

Más allá de las conclusiones sobre la situación del acusado, el ingeniero que estaba a cargo de la obra, a las que pueda llegar el juez que está interviniendo en este proceso el día que anuncie el veredicto, bastó con escuchar las declaraciones de los diferentes testigos que participaron en lo que fue esa primera audiencia para advertir que en el ítem de las responsabilidades existió un cúmulo de situaciones que convirtió a ambos obreros de la empresa “Korvial SRL” en víctimas de una serie de negligencias que pagaron con sus respectivas vidas, cuando el primero de ellos tenía 40 años de edad y el otro, 35.

Ninguno de los involucrados en esta situación, como ayer algunos ya lo hicieron y como seguramente más testigos lo harán en las próximas audiencias de este juicio, puede hacerse el distraído con esto que pasó hace ya más de tres años.

Esas personas podrán hablar -como por ejemplo lo hizo ayer un ex funcionario municipal- de que se trató sólo de “un accidente” o de que hubo mucho de “fatalidad” en las circunstancias que derivaron en ambos decesos.

Pero la contundencia del ingeniero Hugo Piazza en su testimonio, el mismo que intervino como perito oficial en la causa que se instruyó por lo sucedido, deja sepultado varios metros bajo tierra -al igual que lamentablemente sucedió con ambos trabajadores- cualquier especulación, hipótesis o conjetura ligada meramente al imprevisible azar del destino.

“No encontré medidas de seguridad. Y un suelo extremadamente inconsistente que se siguió derrumbando a los pocos segundos”, afirmó en el juicio el experimentado perito cuando fue consultado sobre la escena con la que se encontró aquel 8 de agosto de 2013, al concurrir -convocado por el instructor judicial que tuvo esa causa penal ahora convertida en este juicio- al sector de Villa Piazza Norte donde ambos obreros habían fallecido instantes antes.

“Me llamó la atención que desde la cabeza de la obra hasta el último operario no valoraron la peligrosidad”, comentó también el ingeniero Piazza.

“Lo que pasó fue un derrumbe por no haber sido considerado el zanjeo”, agregó después, de manera tajante. Y concluyó al ver la escena aquel día, lo cual luego también reflejó en ese informe confeccionado en el marco de la Instrucción Penal Preparatoria llevada a cabo desde la UFI 1 por lo ocurrido: “Cualquier persona se tendría que haber dado cuenta que eso no tenía resistencia”.

“Eso” sin consistencia a lo que Piazza se refirió ayer en el debate era la zanja, de más de tres metros de profundidad y de varios metros de longitud, ubicada en La Madrid entre Industria y De las Postas. La misma en la que en su interior, para ampliar la red clocal de ese sector de la ciudad, estaban trabajando los dos trabajadores que aquel día murieron.

Carrizo y Chanquía eran, según dijeron ayer sus compañeros de trabajo y también testigos ese 8 de agosto de 2013 de sus respectivos decesos, “los cañeros”. En otras palabras, los encargados de colocar esos tubos de PVC destinados a una obra de red de extensión cloacal que hasta el día de hoy no ha sido finalizada, según declaró un vecino de la zona que también fue convocado al debate.

Diez testigos

Desde unos minutos después de la hora 9.30 y hasta alrededor de las 15 se extendió ayer la primera jornada de este juicio en el que está interviniendo el juez Héctor Torrens, en su carácter de titular del Juzgado Correccional número 2 departamental.

Por la sala de debates ubicada en el segundo piso del Palacio de Justicia local pasaron ayer un total de diez testigos.

El fiscal Marcelo Fernández; Luis Conti y Soledad Digiano, que bajo la figura del Particular Damnificado representan a los familiares de una de las víctimas; más los abogados Osvaldo Bolpe y Carlos Saparrat, defensores particulares del ingeniero acusado, escucharon todos esos testimonios antes señalados.

No estuvo presente en el debate el otro abogado que como Particular Damnificado está designado: Germán Lestelle, representante de los familiares del otro de los obreros fallecidos.

En el sector asignado para la parte acusadora, se sentaron también las respectivas viudas de Carrizo y Chanquía: Karina Tiseira y Gabriela Alzamendi.

El arquitecto Julio Toscano, para la fecha en que el hecho se produjo Director de Urbanismo, Infraestructura y Vivienda del entonces intendente José Inza; cuatro policías -entre quienes estaban los primeros en llegar al lugar cuando la zanja se derrumbó y el encargado de iniciar por escrito desde la Seccional Primera el sumario penal- y tres trabajadores de “Korvial SRL” (uno de ellos es ingeniero y actualmente ya no pertenece más a la empresa) que se encontraban en la escena del hecho cuando sus dos compañeros murieron, le dieron forma también a la recepción de la prueba testimonial de esta primera audiencia del debate.

Entre los policías que se hicieron presentes en el lugar, hubo coincidencia al momento de señalar que ninguno de ellos advirtió ninguna medida de seguridad que sirviera para proteger a los trabajadores.

Al respecto, ni bien aquel 8 de agosto de 2013 el hecho se produjo cuando habían transcurrido unos minutos de la hora 14, un vocero judicial ligado a la instrucción del sumario penal que aquel día se inició fue contundente al dialogar con EL TIEMPO y referir en esa ocasión que la zanja se había convertido “en una trampa mortal” para ambos trabajadores.

Esa misma fuente había admitido que al llegar al lugar no advirtió ningún tipo de medida de seguridad que sirviera para proteger a toda la cuadrilla de obreros que estaba trabajando.

En ese contexto, se determinó que Carrizo y Chanquía no llevaban cascos colocados y que no estaban amarrados a una soga una vez que ingresaron a colocar los caños al interior de la zanja, como un modo de hacer más efectivo el rescate en caso de que -como finalmente sucedió- se produjera un derrumbe.

Tampoco había en la excavación colocada una escalera, tal como lo exige -entre otros requisitos- el protocolo de seguridad a adoptar en situaciones así. Además, dicha zanja no tenía sus paredes aseguradas, de modo tal que eso sirviera para prevenir cualquier tipo de desprendimiento de la tierra. Esa tarea se conoce con el nombre de “entibado”. Y se hace colocando tabiques de madera o planchones de metal sobre las mencionadas paredes de la excavación.

En este caso, además de que eso no se había hecho, tampoco -según declararon testigos ayer- se contaba con esos materiales para asegurar la zanja en la obra que se estaba llevando a cabo.

De acuerdo con lo escuchado ayer en el debate, la mecánica de lo que era esa obra implicaba que una máquina conducida por un operario fuera abriendo la zanja. Después, que se colocara la tubería, tras la medición que en ese sentido se efectuaba. Y finalmente, que una segunda máquina guiada por otro trabajador se encargara de ir tapando la excavación.

Cuando aquel día se produjo el derrumbe, junto con la Policía fueron convocados al lugar bomberos y personal médico del Hospital Pintos.

El hombre que conducía la máquina que tapaba la zanja contó ayer en el juicio que no usaron esa retroexcavadora ni la otra que se utilizaba para hacer la abertura del canal, ya que temían lesionar con la cuchara de las mismas a quienes estaban sepultados.

Así, las tareas sólo fueron a pico, pala y hasta “con las manos”, en medio de una escena cargada de desesperación que tuvo el desenlace ya mencionado.

Néstor Alejandro Fuchila, quien estaba a cargo de la conducción de la retroexcavadora, declaró ayer que sufrió una descompensación al observar cómo era retirado uno de los cuerpos de los trabajadores fallecidos.

Las tareas para rescatar al otro obrero se dificultaron porque, tras el derrumbe, una de sus piernas había quedado atrapada en el caño que estaba colocando hasta instantes antes a que lo sepultara ese volumen de tierra de una de las paredes de la excavación que se vino abajo.

“El jefe”, “el capataz”

Víctor Eduardo García es el ingeniero acusado de lo que a escala penal en este juicio está considerado como un homicidio culposo agravado por la pluralidad de las víctimas.

Oriundo de Villaguay, ciudad ubicada en la provincia de Entre Ríos, de 58 años y con actual domicilio en Azul, era quien estaba a cargo de la obra aquel día.

Así lo indicaron varios de los testigos que declararon ayer, al identificarlo en la sala y definirlo también como “el jefe” o “el capataz” de aquella obra de extensión de la red cloacal.

Esas versiones, coincidentes con las de las partes acusadoras, se ubicaron en la vereda opuesta a la pretensión de los abogados Bolpe y Saparrat, quienes tratan de desligar de responsabilidad alguna en el hecho al ingeniero, tal como dijeron de la que carece cuando anunciaron el lineamiento defensista.

Volviendo al inicio de esta nota, más allá de esa responsabilidad que a título penal pueda caberle -o no- al único imputado por ambas muertes, los testimonios escuchados ayer dejan en evidencia que hubo varios eslabones más en esa nefasta cadena de negligencias y omisiones de correspondientes deberes de cuidado que después se tradujeron en estos dos decesos.

En ese contexto, resulta imposible no mencionar a la propia empresa a cargo de la obra, habitual ganadora de licitaciones impulsadas desde la Municipalidad, más allá del color político del gobierno de turno.

Los testimonios escuchados ayer dejaron en evidencia que -al menos en este hecho en particular- era poco y nada lo que en materia de seguridad le garantizaban desde “Korvial SRL” a quienes eran sus empleados.

Y una importante carga en eso que pasó le cabe también al gobierno municipal, por aquel entonces encabezado por el intendente José Inza.

Los esfuerzos de ayer en el juicio por parte del arquitecto Julio Toscano de intentar limitar lo sucedido a un mero “accidente” o “fatalidad” en el que la comuna no tuvo nada que ver parecieron exacerbar a todos los que estaban en la sala.

En medio de su extensa y por momentos poco clara declaración, testimonio que a pedido de la Defensa cerró ayer la recepción de la prueba testimonial, fue posible conocer que la obra no contaba con la necesaria y correspondiente autorización para que se iniciara. Autorización que, casualmente, tenía que terminar de tramitarse desde la propia comuna.

El dato

José Inza y Héctor Bolpe están citados a declarar como testigos hoy, cuando a partir de la hora nueve este juicio continúe. Ambos se habían hecho presentes ayer, aunque las partes finalmente resolvieron que sea en la jornada de este viernes, junto con más personas que aún faltan declarar, que comparezcan en el debate.

UNA RECORRIDA POR LA OBRA