Un poema dedicado a los hermanos Pereyra

Paseando una tarde con mi señora, llegamos hasta el rancho de Los Pereyra, nos encontramos con Juan y el Charo quienes muy amablemente nos invitaron a pasar. Lo que ví es digno de comentar, cuánto amor puesto, en cada objeto conseguido en la construcción de cada pedacito de pared, de techo, de todo lo que ahí se ve, con qué respeto y admiración le dedicaron este rancho a su padre, fue tanta la emoción que sentí, sin ser poeta, ni nada, con humildad, mucho respeto y cariño les escribí esto que titulé “Dos hermanos y un ejemplo”.

“Dos hermanos y un ejemplo”

 

Charo y Juan son un ejemplo de humildad sin frontera, con garra, amor sin tranquera. Que pare su meta fija siguiendo el amor de su padre por el campo y sus costumbres con sus manos laboriosas con afán y un gran cariño se levantaron un rancho como soñaron de niños.

Pared de chorizo de barro, un orcón, una cumbrera, techo de paja, un aleto, si hasta el mismísimo hornero le dio envidia al contemplarlo, lo que se hace con amor, es difícil de explicarlo. Fue tanta  su devoción que es digno de ponderarlo. Las cosas que vi en el rancho me emocionaron de veras. Rostros, ponchos, un par de espuelas, boleadoras, rebenque y lazo y alcancé a ver de soslayo las pilchas gauchas del padre, qué emoción por Dios compadre, ese amor no tiene precio.

Qué poco que se precisa, haber cumplido así un sueño, poniendo garra y coraje con mucho amor, desempeño, la guasca que no se ata, dan rienda suelta a su dueño.

Y con esto me despido, dando las gracias a Díos, que todavía en mi patria, quedan seres cómo estos, que pa` ser lo que les gusta no ata ningún cabresto.

Roberto Bazán. 

 

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