ENTREVISTA A ALICIA GIANNINI - CONOCIENDO A UNA AZULEÑA DE CORAZÓN

Una calle de tierra, el escenario ideal para correr mariposas y echar raíces

Alicia Giannini en su primer día de clases en la Escuela 17, en el inicio de la década del 50.En la actualidad, en una visita a Grenoble (Francia), donde vive una de sus hijas,Durante su trabajo médico en Salta, donde junto a otros profesionales atienden a integrantes  pueblos originarios.
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Durante su trabajo médico en Salta, donde junto a otros profesionales atienden a integrantes pueblos originarios.

Era el inicio de la década del 50 y las calles de Azul florecían para que los niños disfrutaran de los juegos de esa época, para que hicieran amigos, pero por sobre todo fijaran sus raíces en un lugar de pertenencia. Generalmente donde vivimos nuestra infancia y  adolescencia queda marcado cómo la “tierra del corazón”, un sitio donde siempre añoramos regresar. Probablemente porque la felicidad, la alegría, la amistad pura, las travesuras han sido algo que ingresó en nuestro interior y llenó nuestro envase de recuerdos y valores para toda la vida. Algo así le sucedió a Alicia Giannini con nuestra ciudad.

Por Darío Rizzardi. – De la Redacción de EL TIEMPO

DESDE ENTRE RÍOS A “LA CASA DEL MOLINO”

“Nací en Entre Ríos por accidente, a mi padre que era militar lo trasladaban, mi hermano nació en Chubut y cuando empezaba la primaria mi madre se quiso volver a Azul porque los chicos empezaban las clases más tarde en Entre Ríos, entonces volvió a su pueblo, porque Azul era su pueblo. Mi mamá se llamaba Ida, Ida y vuelta como decía ella”.

Allá por el año 1948 los Giannini Liberati, llegaron a Azul, la ciudad natal de Ida, madre de Alicia de 2 años e hija de Pedro y se instalaron en una quinta ubicada en España y Lamadrid, donde la familia Liberati tenía una huerta y criaban animales, algo típico para los residentes italianos que habían llegado al país. En aquel lugar había un molino.

“Me crié en azul, así que nos sentimos azuleños, tenemos las raíces allí. Donde uno pasa la infancia y la adolescencia, ahí están sus raíces. Arranque la escuela a los 5, no sé si teníamos documento en esa época, yo cumplo en junio y mi hermano en abril, los dos empezamos con 5 años. El delantal blanco obligatorio, impecable, con educación de buen nivel de aprendizaje, la Escuela 17 era reconocida en Provincia por su nivel. La secundaria la hice en el Colegio Comercial donde fui Perito Mercantil, ya en Buenos Aires obtuve el título de Bachiller. Hice todos mis estudios en colegios públicos y universidad pública. Mi hermano fue decano de la Facultad de Ciencias Económicas de La Plata, tuvo muchos problemas por su defensa de la educación pública”.

En su paso por la Escuela 17, Alicia tuvo como maestra en primero superior a Laura Brid de Trócoli, un nombre que tiempo más tarde aparecería en su vida y se instalaría para siempre.

 EL AROMA DE LOS FRUTALES Y LA PILETA DE LOS GIANNINI

“Tengo el recuerdo que vivía en un lugar lejos, en calle de tierra, teníamos una quinta. Mi abuelo, Pedro Liberati, cuando vino de Italia tenía su quinta y vendía la verdura, tenía un carro con un caballo que se llamaba “Tigre” y hacía el recorrido. Mi casa tenía la pileta con la que se regaba la quinta, había un quintero italiano, lamento no haber sacado fotos de esa época. A mi padre le gustaban los frutales, teníamos 86, aparte había animales, hacíamos ese tipo de vida.  Teníamos gallinas, patos, a veces algunas ovejas, se carneaba algún chancho, verdura. Venían todos los chicos del barrio a bañarse a la pileta de casa, quién no pasó por la pileta de lo Giannini, era de puertas abiertas. Nosotros jugábamos en la calle a la pelota, a la bolita, a la escondida, a la payana, con el barrilete, corríamos mariposas. Como era calle de tierra en la esquina había unas piedras enormes para hacer un puentecito y no meterse en el barro. Tuve una gran emoción en Pompeya (Italia) cuando me encontré que en la parte de las excavaciones tenían ese tipo de piedra en las esquinas como había en Azul, me hizo acordar a mi infancia”.

Luego de la repentina muerte de su padre Julio a los 47 años, Alicia se instaló en Capital Federal para estudiar medicina, fue acompañada por su madre Ida y su abuela Lucila. Para esa época, su hermano mayor, también llamado Julio, ya estudiaba en La Plata y con el tiempo desarrollaría una reconocida carrera, llegando a ser Presidente del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Provincia de Buenos Aires y Decano de la Facultad de Ciencias Económicas.

Con el título de médica en su poder, Alicia inició la residencia de clínica en Río Negro pero no la terminó, algo que sí hizo con pediatría en el Hospital Posadas. Ya casada con Jorge Alberto Rodríguez Martín, un médico capitalino, se instaló en Turdera, en la zona sur del Gran Buenos Aires, donde por circunstancias de la vida se unió con alguien muy especial, alguien que la acompañó en sus primeros años escolares en su ciudad del corazón y que le daría una gran mano.

 SU NOMBRE EN DIMINUTIVO Y DOS TIERNAS PREGUNTAS, EL REENCUENTRO CON UNA PARTE DE SU NIÑEZ

Eso fue increíble, no tenía colegio donde mandar a mi hija mayor, mi marido fue al normal de Banfield y quería que vaya a ese colegio. Con toda la inocencia la voy a anotar y me dicen que no hay cupo. Mientras compraba unos muebles un señor me comentó que se necesitaba una palanca de la Junta Mayor, era época de los militares, pensé ¿de dónde saco eso?. Al llegar la democracia la voy a anotar y otra vez no hay cupo. No conocía a nadie, el jefe de maestranza de la clínica donde trabajaba mi marido le dijo que iba hablar con un tal Trócoli, que él nos iba a asesorar. Mi madre que no tenía estudios pero era inteligente y muy intuitiva, gracias a ella somos lo que somos, claro mi padre murió muy  joven, me dice ¿no será la familia de tu maestra de primero superior? que se vino a vivir a esta zona, le dije no hagas novelas que parecés Migre. Ella agarró la guía telefónica y buscó a los Trócoli, me dice llamá y preguntá si ahí vive Laura Trócoli. Pensé, cómo le explico que fui su alumna a los 6 años, y ya tenía  más de 30. Cuando pude hablar le dije mire soy Alicia Giannini y automáticamente escuché – Alicita ¿cómo estás? ¿Qué es de tu vida?. Venite así me saludas y hablamos. La reencontré, estaba igual. Hasta el día de hoy está espléndida. Todos los 11 de septiembre, “Día del Maestro”, desde el año 84 me espera, no falté nunca, todos los años le llevo bombones y hablamos de algún comentario de Azul que le llega. Con 71 años tener mi maestra viva y lucida como está, es un privilegio, el 7 de julio pasado cumplió 100 años. Yo espero el 11 de septiembre y ella me espera a mí”.

 DEL INTERIOR A LA CAPITAL Y VICEVERSA

En la actualidad Alicia vive con su marido en Turdera, dos de sus hijas están en Argentina y una en Grenoble (Francia). Tiene una tarea activa en un proyecto financiado por Fundación Garrahan y dirigido por la Dra. Ana Speranza donde coordina a un grupo de profesionales médicos que trabajan con los pueblos originarios en Salta, una labor que conoció cuando cumplió funciones en el Ministerio de Salud de la Nación.

“Siempre voy para Azul, nos reunimos con ex compañeros de la promoción, nunca  falté. Para poner fecha tentativa me preguntan cuándo puedo. Azul siempre fue un típico pueblo de Provincia de Buenos Aires, siempre fue muy cultural, uno tiene su corazoncito en Azul, siempre estoy en contacto, pero además siempre les dije a mis hijas algo, si bien es importante saber dónde uno quiere llegar, es mucho más importante no olvidarse de donde uno viene, sus raíces. Cada vez que voy paso a saludar a toda la gente del barrio que me vio crecer, no hay que olvidarse quién fue uno, mantener la humildad, por suerte no me contaminé de todo lo que uno piensa del porteño, mantuve siempre esa cosa del interior, tal es así que en el Hospital Posadas todos las personas que iban a capacitarse desde el interior se acuerdan de mi porque trataba de ayudar a todo el que venía de afuera, los ponía bajo el ala. Tengo mucho contacto con mis primos, que somos como hermanos, estamos en grupos de whatsapp, mis primos son los Luppi y queda uno de los Liberati”.

 ESTANDARTES QUE SE COSECHAN EN LOS PUEBLOS

Escuchar hablar a Alicia sobre su vida en nuestra ciudad es un empujón para valorar el lugar donde vivimos, donde muchos echaron raíces y donde muchos las echarán. Mucho ha cambiado el paisaje azuleño, pero no la semilla que crece en el interior de las personas. Esta historia puede servir para resignificar lo que cada día hacemos, para mejorar y tener nuestro propio estandarte, uno que le dé un valor agregado al Azul que nos toca vivir, uno de esos que hay en los pueblos.

“Trato que mis hijas siempre se acuerden de sus maestras, siempre fui de encargarme de comprarle regalos, un docente contento puede brindarse mejor dentro de una  escuela pública a pesar de todos los problemas que tiene. Siempre quise conservarme con los ideales de cuando empecé a estudiar medicina, tengo que ayudar a la gente, por eso he vivido como he vivido. Ahora trabajando con los pueblos originarios lo sigo haciendo. Alguna vez alguien dijo de mi marido que era el tipo más honesto que conoció en su vida, le digo a mis hijas que tienen que llevar ese estandarte de su padre. Yo he llevado el estandarte de mi padre, el estandarte del deber cumplido, uno cuando cumple con su deber tiene derecho a exigir y reclamar”.

 

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