ENFOQUE

Una cuestión cultural aún sin solución y que va más allá del encuentro de motos

Lo que sucede con las motos y el tránsito en Azul excede a un encuentro como el realizado durante el pasado fin de semana largo. Si bien ese evento puso en evidencia una vez más dicha problemática, la cuestión se repite en el día a día. Dan cuenta de ello los varios accidentes que se registran en la ciudad con motocicletas involucradas. El Estado municipal todavía está en deuda y debe llevar adelante una campaña de mayor control y prevención para erradicar esta situación donde están en juego las vidas de las personas.

 

En Semana Santa, hace ya casi tres décadas, las motos copan la ciudad en el marco de un encuentro que suma año tras año más asistentes. Mientras tanto, en el día a día sigue sin solucionarse en Azul el problema del tránsito.
MARTÍN LABORDA

Por Fabián Sotes

fsotes@diarioeltiempo.com.ar

El amplio operativo de seguridad llevado a cabo durante el pasado encuentro de motos que se hizo en Azul implicó la participación de efectivos policiales de diferentes seccionales con sede en esta ciudad y de personal del área de Control Urbano que depende de la Subsecretaría de Protección Ciudadana y Habilitaciones de la Municipalidad.

El éxito de un evento que a esta altura es una clásica cita para los moteros estuvo dado por la cantidad de asistentes al encuentro, que desde hace ya veintinueve años se realiza en Semana Santa.

Según se mencionó desde la organización, hubo unos 2.200 inscriptos. Y desde la Policía se habló de una cifra más alta: 2.794 motociclistas. Algunos de ellos, no anotados en el encuentro; aunque sí formando parte de lo que fueron cada una de las actividades llevadas a cabo en torno a esta nueva realización de la Agrupación Quijotes del Camino.

El encuentro trajo aparejado consigo también, y lo puso claramente en evidencia, una problemática que es ajena al evento en sí como también a sus organizadores y tiene que ver con lo que día a día sucede en Azul con el tránsito y las motos.

Por momentos hubo un gran descontrol que -a pesar de la cantidad de efectivos policiales destinados al encuentro como así también al personal que trabajó en el mismo desde la comuna- se volvió imposible de manejar.

A modo de postal quedará, por ejemplo, lo que era transitar por la Avenida Pellegrini desde el Balneario hasta el centro -en ambos sentidos- el pasado Viernes Santo, cuando era alrededor de la hora 19.

En medio de una gran hilera de vehículos, decenas de motos circulaban por la avenida a excesiva velocidad, vulnerando cualquier tipo de norma de tránsito y con total impunidad. Y lo que es peor, con los conductores de esos rodados poniendo en riesgo no sólo sus propias vidas, sino también las de los demás, que presenciaban atónitos esa secuencia, mientras pugnaban desde sus vehículos por salir de la avenida sin quedar involucrados en ningún accidente.

Escenas similares, según puede leerse en las redes sociales, se reprodujeron en otros lugares de la ciudad, convertidos en circunstanciales circuitos para imprudentes picadas que estuvieron matizadas con el ruido ensordecedor de caños de escapes libres.

¿Puede endilgársele responsabilidad a los organizadores del encuentro en estas situaciones? En absoluto. La responsabilidad de ellos pasa por darle vida al encuentro y que todo salga de manera excelente para los muchos turistas que se acercan a esta ciudad. Gente que tiene muy claro eso de andar en moto y que, por supuesto, no es la que anda haciendo picadas o poniendo en peligro sus vidas y las de los demás con la excusa de que están participando de un motoencuentro.

El motero de ley, ese que tiene años y experiencia en participar de encuentros de este tipo, está lejos de formar parte de escenas como la ya mencionada. Y entiende perfectamente de qué va una realización de estas características.

Pero lamentablemente para la salud del encuentro, la realización del mismo trae aparejado lo que a esta altura es una problemática habitual y grave en la ciudad. Una cuestión en la que el Estado municipal hace agua por más buenas intenciones que trate de poner para controlar la infinidad de motociclistas que de una manera inconsciente transitan día a día por las calles de Azul, poniendo en riesgo todo lo que se les cruza por delante.

La buena predisposición del personal policial ligado al operativo montado para el encuentro, del mismo modo que todo aquello que pueden hacer para controlar el tránsito en un evento así los agentes municipales de Control Urbano, no alcanza. Y mucho menos sí, en medio de toda esa problemática, lo que asoma también es una cuestión cultural que en nada ayuda a solucionar una situación como la ya referida.

Un panorama que se registra a diario si, por ejemplo, se toman en cuenta los accidentes que en la ciudad se producen y tienen entre los involucrados a los conductores de motos.

Ojalá el encuentro que se haga el año entrante también arroje saldo positivo con relación a esta problemática. Una situación que -vale reiterarlo- es del día a día y excede a los organizadores; pero que obliga al Estado municipal a intensificar los controles con el fin de que todo sea mejor de lo que está siendo hasta ahora.

Controles que es necesario comenzar a profundizar en lo inmediato, apuntando específicamente a reducir cifras que en materia de siniestros viales siguen siendo tan alarmantes como elevadas en un Azul que, una vez por año y en Semana Santa, se convierte en el punto de encuentro de miles de moteros que vienen de todos lados.

 

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