Una gran pena….

Antes de iniciar a escribir los siguientes párrafos pido disculpas a todos aquellos involucrados, que de alguna u otra forma se sientan identificados con el tema y que más allá de sus propios esfuerzos no han podido evitar lo inevitable.

Quiero contarles la angustia que siento en este momento, al recibir un mensaje de whatsapp de Silvina, mi hermana mayor, que es, fue y será una azuleña de alma. Angustia, desazón, bronca, impotencia, todas palabras que ayudan a describir en parte la sensación  frente a esta  injusticia, a nuestro entender pocas veces vista.

Todo comienza en la “cocina” de mi casa, allá por el año 1987, sé que muchos de los que hoy peinan canas lo recordaran, como sé también que muchos otros que no son del ambiente tal vez nunca se dieron, ni se darán por enterados. Pero aquellos que conocen la historia sabrán que en ese año un grupo de soñadores iniciaron lo que en ese momento representó una utopía que decidieron hacer realidad, solo para demostrar que en esta vida con esfuerzo, dedicación, voluntad, insistencia, un poco de tozudez y una pizca de inconciencia, todo se puede realizar.

No quiero ser injusto y pido disculpas nuevamente a aquellos de los que me olvido de mencionar solo por haber sido un niño en ese entonces, pero no puedo dejar de acordarme de grandes personas como Don Víctor y Oscar Jacobson, los Masanelli, Daniel Fernández, Aldo Bruno, Mario Corbalán, Emilio Maldonado, Tucho Muñiz, Beto Rava, Chiche Lopez, Armentano, Zapetini, Cacciatore, sus familias y la mía, mi vieja Norma Inchauspe y mi tío Luis, y mi viejo Eduardo Fernández. De ellos aprendí lo que es levantarse con el sol y acostarse tarde, con el cuerpo cansado pero con el corazón hinchado por haber laburado todo el día en lo que uno ama.

Y como si eso fuera poco, con el plus de intentar mejorar eso a lo que se han dedicado por toda la jornada, y juntarse con la gente que piensa de la misma manera, entendiendo que en esta vida siempre es mejor estar acompañados.

Es así como empeñados en mejorar eso a lo que se dedicaban día a día, eso en lo que dejaban su aliento, su vida, su pasión, eso a lo que tanto amaban se perfeccionara y les permitiera mejorar y obtener herramientas para aprender y ser más competitivos día a día. Es por eso, y porque se juntó un crisol de personas, que codo a codo lograron lo impensado, lograron nada más y nada menos que realizar en el año 1988 la primer Expomiel Azul, reuniendo a varios expositores y un grupo de profesionales que decidieron apostar por el proyecto, con el apoyo del entonces intendente “Poliya” De Paula, del  INTA y de la Sociedad Rural que les prestó el predio de la calle Humberto, que en familia limpiamos, cortamos yuyos, blanqueamos las paredes… si, digo que “hicimos”, como el mosquito, porque en ese entonces yo tenía 5 años, pero me acuerdo de ir al predio a ayudar, porque de esa gran familia todos fuimos parte. Todos sacrificamos una parte de nosotros, y todos de igual manera disfrutamos, en mi caso creo más que nadie, ya que a pesar de no tener fiestas de cumpleaños porque siempre  la Expomiel se realizó a mediados de junio, coincidiendo las fechas ya que yo cumplo años el 16, y en esos días en mi casa no se hablaba de otra cosa que de la expo, aunque siendo hijo de uno de los organizadores del centro de apicultores, siempre algún regalo recibía de algún expositor; ojo que con esto no se piense mal, me refiero a algún caramelo o algún pase de cama elástica o algún inflable, que aprovechamos con Gerónimo, el hijo de Tucho, mis hermanos “los mellis” Diego y Fernando, Bruno y Máximo, hijos de Aldo y Agustín y Matías, hijos de Dardo, (muchos hoy apicultores),  en esos días andábamos todo el tiempo juntos,  nadie podía pensar en nada mas allá de lo que sea pasarla bien durante el día, o en la noche con el popular locro y la elección de la reina  y el zángano, para los más grandes.

Es por todos los que pasaron desde esos tiempos hasta hoy,  todos esos soñadores y sus familias, es por ellos que hoy siento esta pena, por ellos que hicieron posible una FIESTA NACIONAL en mi Azul, que durante 29 años hicieron de mi ciudad un orgullo, siendo la primer exposición de miel y la más grande a nivel nacional y sin temor a equivocarme podría afirmar la más grande a nivel mundial.

Y por favor, que no se mal entienda, no tengo nada malo con la vecina ciudad de Olavarria, que ojalá ellos sigan haciendo grande esta fiesta. Pero la Expomiel Azul, desde mi humilde punto de vista fue, y debería seguir siendo un orgullo azuleño. Porque es difícil progresar si nos quedamos de brazos cruzados viendo como otros se llevan nuestras buenas costumbres, construidas sobre el sudor de nuestros buenos vecinos. Si nosotros no defendemos lo nuestro nadie lo va a hacer por nosotros.

Leí por ahí que la intención era volver el año que viene, pero por favor… no seamos ilusos, que la fiesta ya se fue con la música a otra parte. Y con ella se va, no sólo el prestigio, sino, siendo algo más mundanos, mucho dinero en ese fin de semana que ayuda a todo la ciudad de alguna u otra manera.

Por favor les pido que pensemos y hagamos algo, si no hacemos nada al respecto esto es definitivo, por eso le digo chau, fue bueno mientras duró…. Ah, y felices 30 años Expomiel Azul.

Me despido de todos ustedes desde la ciudad de Bahía Blanca, pensando en qué responderle a mi hermana por Whatsapp.

Martín Fernández.

 

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1 Comment

  1. EL BARBARO

    Mayo 10, 2017 at 2:13 pm

    ¡¡¡¡QUE VAS A HACER HERMANO¡¡¡…AZUL ES ASI TRISTE Y TIMORATO POR ESO LA JUVENTUD SE VA CADA DIA MAS Y HACE MUY BIEN ,Y COMO DIJO DIEGOTE ¡¡AQUI TE CORTAN LAS PIERNAS…

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