Una mujer digna de admirar: Carolina Mont, chofer de camiones

En un oficio en el cual, generalmente, lo desarrollan los hombres, ésta es la prueba de que hay excepciones a la regla. Una mujer de 43 años que tuvo que salir adelante por sus hijos, es conductora de camiones y del colectivo del equipo de Piazza.

La chofer, “Sor chofera”, como le dicen los chicos de Piazza, también es mamá de uno de los jóvenes que juega en el club. Ella es Carolina Mont.
NACHO CORREA


 
Por Laura Méndez
lmendez@diarioeltiempo.com.ar
Unos días antes de que coordine la nota con este diario, Carolina Mont estaba entusiasmada con la propuesta de homenajearla publicando una entrevista a ella en
EL TIEMPO. Cuando llegó ese día, en sus ojos se notaba el brillo de gratitud, de valoración, llenos de optimismo, porque esta mujer no sólo es digna de admirar por su trabajo sino por su lucha, fuerza y -no lo menciono- por su estado físico: también porque salió de un pozo depresivo muy grande cuando se quedó sola con sus hijos, joven y sin empleo.
Sus hijos fueron quienes la sacaron adelante, fueron su motivación para que eligiera salir a trabajar. A la hora de buscar trabajo ella recordó a su papá, también camionero, y su ex marido (también en la actividad), lo que le permitió tener una “ventaja” por conocer el rubro. Pero no todo fue tan fácil. Sufrió discriminación por parte de empresas, propietarios de camiones cuando iba a tocar alguna puerta; no la querían emplear y justificaban su decisión diciéndole  “sos mujer y voy a tener problemas”. Al preguntarle qué le sucede cuando hoy se los encuentra en la calle, asegura que “me siento orgullosa, y ellos agachan la cabeza”.
“Este trabajo lo llevo en la sangre”
De esta manera Carolina comenzó la charla asegurando que “tengo 43 años y soy chofer de camiones”. Esto último no era una novedad para mí que sabía cuál era su oficio, pero ella lo quiso reafirmar y lo hizo con un tejo de autosuficiencia.
Después continuó diciendo que “mi marido me abandonó con nuestros hijos Sofía de 15 y Franco de 4 años y tuve que salir a trabajar. Si bien conducía, nunca había manejado un camión, aunque nací ´arriba` de un camión. Así que lo charlé con mis hijos, porque sabía que no era fácil por ser mujer, porque es una profesión machista, pero lo hice”.
Además, dijo “nací entre los camiones, mi papá falleció a los 26 años y viajaba mucho con él. Si hoy hubiese estado vivo quizás hubiese andado en un camión sola”.
Expresó que “este trabajo lo llevo en la sangre, era mi destino, sólo se tenían que presentar las circunstancias para que finalmente termine manejando un camión”.
“Pero, gracias a Dios, se me dio todo positivamente. Mis hijos me apoyaron muchísimo. Ellos son mis soles, mis pilares”, insistió.
Recordó, sobre la primera vez que subió a un camión, “sentí muchos nervios, pensé que no iba a poder. Trabajé dos años en una cerealera que depositaron su confianza en mí. Es una profesión que amo y la llevo adelante con orgullo”.
También subrayó que “además, manejo el colectivo del club Piazza. Ellos lo compraron y tenían de chofer a ´Mingo` que falleció. Así que fui entrando en ese mundo de a poco porque para los hombres es un poco complicado comprenderlo del todo: que una mujer maneje un colectivo y que lleve chicos…. Pero nunca hice una macana, siempre les pregunto a mis pasajeros cómo están, si se sienten cómodos y la gente está muy contenta de que los lleve. En verano traslado a los chicos a La Camila y cuando empiece el campeonato a los chicos de Piazza, otra vez. Mi hijo juega en el club así que voy como mamá también, no sólo manejo, sino que con otras madres les preparamos la comida, soy una más y por lo general me dicen ´Sor chofera`” (risas). “Es un grupo muy lindo”.
Retomando el tema del camión, especificó que “ahora no tengo trabajo, pero llevaba bolsas de cemento de Loma Negra a Buenos Aires. No soy temerosa para nada, aunque me asaltaron una vez con un arma, me tomaron desprevenida en un semáforo, llegué a Azul llorando, al otro día tuve que volver al mismo lugar y lo pude hacer. Es que en Buenos Aires hay que tener mucho cuidado, en cada esquina si es necesario”.
Asimismo especificó que “mis colegas me cuidan mucho, si tengo que parar a descansar en alguna estación de servicio sobre la ruta ellos siempre me están preguntando si necesito algo, de hecho tengo muchas amistades masculinas, choferes, camioneros, igual que yo”.
Uno de mis objetivos es tener mi propio camión  
En segundo término, Carolina anheló que “uno de mis objetivos es tener mi propio camión. Nunca es tarde para llegar a concretar los sueños. Además lo hago por mis hijos y tengo una nieta Amira que es mi luz”.
Acerca de qué les aconsejaría a las mujeres que sufrieron como ella y no tienen empleo fue precisa “no deben temer porque son mujeres, no es la muerte de nadie. Es difícil salir adelante, pero mis hijos me sacaron del pozo donde me encontraba”.
Continuó “yo entiendo que es complicado, no es una profesión para cualquiera porque hay que tener fuerza, sobre todo para tapar la carga. Esto ultimo requiere mucha fuerza, pero se puede”.
Precisó que “en mi caso son seis horas de viaje, así que doce en total desde Loma Negra hasta Buenos Aires y de manera diaria, así que no tengo tiempo para mucho más. Mis hijos ya son grandes, me necesitan, pero se pueden manejar solos, no le pido ayuda a nadie. Siempre, ante todo, los priorizo”.
Reconoció que “mis hijos lo valen todo. Como mencioné anteriormente fui discriminada, no me quisieron dar trabajo porque soy mujer. Aunque cuando me los cruzo en la calle “me siento orgullosa, ¿ellos? Agachan la cabeza”. Quizás pensaron que fui a buscar otra cosa y si hubiese ido a buscar otra cosa no iba a golpear una puerta o tocar un timbre, yo fui a pedir ´laburo`”.

EL DATO
Carolina también vende entradas en la cancha de Athetic y Piazza.

 

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