Una mujer y sus hijos, víctimas de un grave caso de violencia familiar –


Un tremendo caso de violencia familiar lo tiene detenido desde semanas atrás a un changarín azuleño. Las víctimas son dos hijos suyos, dos hijastros y su ex concubina. El hombre está acusado de un “delito continuado de reducción a la servidumbre y privación ilegítima de la libertad”.
El 28 de noviembre del año pasado una docente refirió a la Policía que aquel día, mientras estaba en la escuela donde trabaja como “orientadora del aprendizaje”, había mantenido una entrevista con una de las alumnas de ese establecimiento: una nena de seis años de edad que es hija del hombre que por estos días está preso.
Uno de los hermanos de la menor, de siete años y también alumno de la misma escuela, no tenía buen comportamiento. Y la docente quedó brutalmente impresionada cuando esa nena comenzó a contarle los pormenores de por qué eso pasaba con su hermano un año mayor que ella.
“En casa también se porta mal, me pega. Y papá también nos pega. Nos pega con un rebenque y el cinto, en la espalda y las piernas. Me deja marcas, pero ahora las tengo curadas”, le dijo la menor.
Ese relato de la nena a la docente acerca de la conducta de su padre, después citado en las actuaciones penales que se iniciaron por lo sucedido, siguió siendo tan contundente como escalofriante: “Nos pega a todos. A mamá también. A la que no le pega es a mi hermana, porque es mayor y no vive con nosotros”.
“Nos pega todos los días y a mí me duele”, expresó también la nena en esa entrevista, para después aludir a que su papá utilizaba ese rebenque ya referido para castigar a todo el grupo familiar.
Ese grupo estaba integrado por la concubina del ahora imputado y los cuatro hijos menores. Dos de los nenes son hijos de la pareja. Los otros dos, sólo de la mujer.
Los informes ambientales elaborados en el marco de la instrucción de lo que ahora es ese sumario penal que se está llevando adelante revelan que todo el grupo familiar vivía en una precaria casa de un barrio de esta ciudad.
En esa vivienda no había baño ni habitaciones independientes. Y los menores compartían “una cama de tipo cucheta”, según se describe.
Esa condición de precariedad se trasladaba también al estado en que se encontraban esos cuatro chicos, quienes habitualmente eran el blanco elegido por su padre (en el caso de dos de ellos) y padrastro (en el caso de los otros dos) para castigarlos y lesionarlos por cualquier motivo, hasta el más insignificante.
Entre las víctimas, a la que también hay que sumar a la pareja del changarín que ahora está preso y es madre de los cuatro chicos, figuran dos menores varones y dos mujeres.
Para cuando la investigación por este caso de violencia familiar se inició en noviembre del año pasado, uno de los chicos tenía siete años y el otro, doce. Las nenas, en tanto, tenían en aquel entonces once y seis años de edad respectivamente.

 Detenido

 El 15 de enero que pasó el juez de Garantías Federico Barberena, que de manera subrogante intervino en un principio en esta causa penal, ordenó la detención del padre de dos de los chicos y padrastro de los otros dos.
Ese mismo día, policías del Gabinete Externo de la comisaría primera hicieron efectiva la medida cautelar, contando para eso con apoyo de personal de la Local.
La detención para el ahora acusado, que tiene 33 años, había sido solicitada a través de la Secretaría Especializada en Violencia Familiar y de Género que está a cargo de Susana Topor y depende de la UFI 13, la fiscalía que conduce Javier Barda.
La Dra. Topor fue quien se encargó de reunir todas las pruebas, sobre la base especialmente de diferentes testimonios -entre ellos los de las víctimas-, para que después el fiscal Barda pidiera la detención del imputado.
Luego, cuando el juez Barberena dio lugar a la medida cautelar, contando con esos elementos reunidos en la causa escribió que los hechos investigados se remontan a un período de tiempo comprendido entre el año 2011 y el que pasó, de ahí que se esté en presencia de lo que a escala penal es considerado “un delito continuado”.
“En un marco de violencia habitual, la cual se vio agravada desde el año 2016 hasta la fecha de la denuncia” -escribió el titular del Juzgado de Garantías número 2- el hombre detenido semanas atrás “redujo a su pareja, a sus hijos y a sus hijastros a servidumbre mediante el empleo de violencia”.
“Golpearlos con las manos y con un cinturón con hebilla forrada y con un rebenque en la espalda y en las piernas” formaba parte de esos castigos que el hombre les propinaba a los menores.
Después, los obligaba a diferentes tareas, como “lavar la ropa, recorrer el basural, buscar leña” o “vender metales en pleno rayo del sol”.
Además, a los menores los tomaba por el cuello y los ahorcaba contra la pared, “propinándoles golpizas en forma habitual y en diversas partes del cuerpo”.
La prueba más contundente de esas agresiones son las lesiones que los chicos presentan, las cuales pudieron ser constatadas por peritos médicos convocados para intervenir también en la causa penal.
A modo de secuela, además, una de las nenas -la más chica- llegó a sufrir falta de control de esfínteres desde marzo del año pasado. Y confesó que no quería volver a su casa “por miedo a las golpizas de su progenitor”.
Fue esa misma nena la que contó que su padre la ahorcaba o la ahogaba tapándole la boca y la nariz; y que le pegaba cuando ella no llegaba al baño por esa falta de control de esfínteres ya referida.
El Servicio Local de Promoción y Protección de los Derechos del Niño también intervino en el caso.
Así, se resolvió adoptar “una medida de abrigo”, disponiendo que una de las nenas fuera alojada en el Sagrado Corazón, donde estuvo hasta diciembre del año pasado, cuando junto a su mamá y sus hermanos todos se fueron a vivir a una ciudad vecina.

También víctima

Para ese entonces la investigación penal -más allá de lo referido por algunos testigos que declararon en el sumario penal- ya ubicada también a la madre de los cuatro chicos como víctima de diferentes y brutales maltratos por parte del changarín que era su pareja y ahora está preso.
Esa situación también fue mencionada por el juez Barberena cuando el pasado 15 de enero se ordenó la detención del imputado.
Al respecto, el juez de Garantías sostuvo que el hombre “privó de la libertad y retuvo a su concubina” en el domicilio donde todo el grupo familiar vivía.
También, que lo hizo “con la finalidad coactiva de someterla a numerosos actos violentos y vejatorios en perjuicio de ella, contra su voluntad,  golpeándola con el cinto, obligándola a no salir, reteniéndola en el interior de la casa, controlando todos sus movimientos, forzándola a no tener vínculos, incomunicándola, al punto de no permitirle hablar por teléfono”. Incluso, “en una oportunidad arrojó los teléfonos a la salamandra”.
Además, cuando la mujer tenía que salir y eso implicaba que viajara a otra ciudad a cobrar una pensión, su concubino “tenía a los menores como una forma de coaccionarla, a fin de que regresara a la casa que compartían”.
Cuando la mujer estuvo embarazada, la obligaba a trasladar caminando “baldes de agua de 20 litros” y la sometía a demás conductas que el juez definió como “propias del encierro al que este sujeto la mantenía sometida, mediante violencia y amenazas”.
Esas intimidaciones por parte de su concubino incluían que le dijera que iba a matarla y que iba a prender fuego la casa y las cosas que en su interior había si decidía abandonarlo y se llevaba a los chicos.
Esa situación de cosificación y dominación de la madre de los nenes tuvo características tanto físicas como psíquicas. En ese contexto, el hombre disponía de su pareja “como si fuese de su propiedad”.
Frases como “Vos sos mía, y siempre vas a hacer lo que yo te diga” eran habituales que le dijera para humillarla y degradarla.

El dato

El 30 de diciembre del año pasado la casa donde todo el grupo familiar vivía había sido allanada. Como un elemento considerado de interés para la investigación penal, se halló e incautó un cinto de cuero. Ese cinto, después,  uno de los chicos lo reconoció como el mismo que el changarín usaba para pegarle a sus hermanos y a él. También se buscó aquel día el rebenque que los menores señalaron que su padre usaba para lastimarlos. Pero no pudo ser hallado. Al parecer, uno de los nenes lo había tirado tiempo antes. Una fusta, un rebenque, una onda y un cinto fueron mencionados por uno de los menores como los elementos que su padrastro usaba para golpearlos.

UN GRAVE CASO DE VIOLENCIA FAMILIAR –

Un pedido de excarcelación para el acusado había sido rechazado

Desde la instrucción están terminando de reunir elementos para solicitar que la detención del changarín sea convertida en prisión preventiva. La ex concubina del imputado declaró que el hombre podría haber abusado sexualmente de los nenes, algo que ahora también se está tratando de determinar con certeza.
En enero pasado, cuatro días después a que el changarín azuleño acusado de un delito continuado de reducción a la servidumbre y privación ilegal de la libertad -ilícitos donde como víctimas figuran su ex concubina, sus dos hijos y sus dos hijastros- fuera detenido, una jueza de Garantías rechazó un pedido para que el hombre fuera excarcelado.
Esa solicitud, formulada desde la Defensa Oficial, fue denegada por Magdalena Forbes, la titular del Juzgado de Garantías número 1 departamental que ahora está interviniendo en la causa penal que días antes había derivado en la detención del imputado, medida dispuesta durante la feria judicial por Federico Barberena, juez que en esta causa intervino en principio como subrogante.
Diego Prado, defensor Oficial, había presentado ante la jueza un pedido de excarcelación extraordinaria para el encausado, argumentando -entre otras cosas- que el changarín no iba a “profugarse” ni trataría de “eludir la acción de la justicia” en caso de que fuera liberado.
La pena que eventualmente le podría ser dictada ante una futura condena al imputado se convirtió en un elemento para que la titular del Juzgado de Garantías 1 rechazara ese pedido.
Por caso, el delito de reducción a la servidumbre contempla por sí solo una sanción que va desde los cuatro a los quince años de prisión.
La alta pena en expectativa me permite presumir válidamente que ante una eventual pena de efectivo cumplimiento y además con un mínimo tan alto – cuatro años- el aquí imputado procurará sustraerse del accionar de la justicia como, asimismo, advertir el posible riesgo de entorpecimiento probatorio que podría aparejar otorgar su libertad anticipada, ya que no puedo descartar la posible influencia e intimidación que éste pudiere ejercer sobre las víctimas de esta causa, habida cuenta la situación de vulnerabilidad de las mismas, siendo la mayoría de ellas menores de edad”, escribió la jueza Forbes.
Y que el hombre no registre antecedentes penales computables tampoco se convirtió en una circunstancia que, al menos en esta primera instancia, pudiera derivar en que recuperara la libertad.

Investigación que continúa

Por estos días, desde la instrucción se continúan reuniendo elementos para solicitar que la detención del encausado sea convertida en prisión preventiva.
En ese contexto, hay otro dato no menor en medio de lo que está siendo la investigación en formato de causa penal por este caso de violencia familiar y de género.
Según fuentes judiciales señalaron a EL TIEMPO, no se descarta que el hombre pueda haber abusado sexualmente de alguna de las menores víctimas.
Al respecto, la ex concubina del changarín algo de eso había deslizado en ocasión de que le fuera tomada una declaración testimonial.
La mujer, de 41 años, reconoció además que sus hijos eran víctimas de violencia por parte de su ex pareja. Y también dijo que ella nunca hizo nada “para no sufrir represalias”, más allá de que también fue agredida en el marco de esa relación que mantuvo durante más de diez años con el hombre que ahora está preso.
Según la mujer, su pareja se volvía más violenta cuando consumía “drogas y alcohol”.
De acuerdo con lo que expresó, sus hijos “han sufrido mucho”. Y en ese contexto fue que también deslizó la posibilidad de que el changarín haya abusado sexualmente de sus hijos, algo que ahora también es materia de investigación.

El dato

En un principio el changarín estuvo privado de la libertad en la comisaría primera. Teniendo en cuenta la orden para su detención, posteriormente fue trasladado a la Alcaidía que actualmente funciona en la Unidad 38, uno de los penales que está en Sierra Chica.

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