HISTORIAS DE MI PAGO CHICO

Una pérdida, un hallazgo y un gesto de solidaridad

Escribe: Augusto Meyer

De la redacción de EL TIEMPO

augustodmeyer@yahoo.com.ar

Las redes sociales han revolucionado las comunicaciones. Mal utilizadas, estas herramientas tecnológicas pueden generar mucho daño y hasta derivar en la comisión de algún delito. Pero bien empleadas, son sumamente interesantes para cumplir con un servicio al que muchos pueden acceder gratuitamente y, sobre todo, en forma inmediata.

Así sucedió el lunes 29 de mayo pasado, alrededor de la hora 14, cuando una vecina azuleña -a quien identificaremos por sus iniciales M.B.– perdió en la vía pública una suma de dinero en efectivo para ella doblemente importante. No sólo por el monto, que mucho le había costado reunir, sino por el fin que tenía pensado darle al dinero: festejarle el cumpleaños a su hijo, que es menor de edad.

M.B. publicó en Facebook que había perdido el dinero, dio precisiones en cuanto al recorrido en cuyo trayecto tuvo lugar el extravío e hizo mención a esa particular importancia que para ella tenía el poder recuperar el fajo de  billetes.

El pedido casi desesperado de M.B. circuló y, en unas pocas horas, decenas y -por qué no- centenares de azuleños estaban al tanto de su solicitud. Muchos de ellos, además, replicaron ese pedido de ayuda en sus muros de la red social.

Otra azuleña -a quien identificaremos como A.G.– entabló contacto por el chat con M.B. para informarle que su marido había encontrado una suma de dinero en el mismo sector descripto por la damnificada. Le pidió que le diga qué suma era la extraviada y que le describiera la denominación de los billetes. Si certificaba que eran los suyos, se los reintegraría, como corresponde a toda persona de bien.

Pero A.G. determinó que el dinero que había encontrado su esposo no era el que había extraviado M.B. Era, por sobre todas las cosas, una suma tres veces inferior.

“Coqueteando” con la muerte

A.G., quien se está recuperando de una operación tras “coquetear” con la muerte por un sorpresivo aneurisma cerebral, creyó que no era conveniente quedarse con plata ajena, por lo que consensuó con su pareja darle un fin solidario al dinero hallado en la vía pública.

Su marido hizo entrega de la plata a los papás de los mellizos Vera, quienes deben someterse a una operación en China para poder recuperar la visión.

“Un montón de gente mandó mensajes privados diciendo que había perdido dinero. Nosotros habíamos dicho que, si no aparecía la persona que lo perdió, lo íbamos a donar para la operación de los ‘mellis’. Hablamos con el papá de los nenes y le dijimos que se lo llevábamos. Si la plata hubiese sido la que perdió M.B., con gusto se la reintegrábamos, porque es lo que se debe hacer. Pero no era”, expresó A.G.

Y agregó: “Otra señora que me escribió para decir que había perdido dinero en el banco, a la noche me avisó que el gerente había encontrado lo suyo y se lo devolvió. Otro hombre también escribió para decirme que había perdido en Malvinas e Yrigoyen mucho dinero. Y así, un montón de gente más…”.

“La verdad que a mí no me sobra para nada el dinero, pero la plata estaba en forma de ‘bollito’, como hace la gente mayor. Por eso decidimos publicar el hallazgo en Facebook. Ojalá M.B. recupere lo suyo. Hace unos días tuve un aneurisma estando en horario de trabajo (la Unidad Penitenciaria N° 7). De ahí me trasladaron de urgencia a Ensenada, me operaron, estuve en terapia y me dieron el alta. La verdad es que zafé de milagro”, amplió.

La red social lo hizo posible

Aún cuando hayan pasado varios días, M.B. sigue esperanzada con que algún alma solidaria le reintegre el dinero que extravió, el cual tenía un destino muy caro a sus sentimientos.

La sonrisa de un niño que puede quedarse sin su merecido festejo de cumpleaños, pende de un hilo. Sobre todo en estos tiempos de “vacas flacas” donde los números de las economías familiares pugnan por llegar a fin de mes con cierto alivio y, por más esfuerzos que hagan, muchos no lo consiguen.

Por su parte A.G. sigue con la recuperación de la intervención quirúrgica a la cual fue sometida. Y lo hace con la tranquilidad de conciencia de no haberse quedado con algo que no le pertenecía.

Teniendo en cuenta la veracidad del relato, poco importa a esta altura de los acontecimientos que se sepan públicamente las identidades de las dos principales protagonistas. Al fin y al cabo, es una de tantas historias de mi pago chico.

 

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