ENFOQUE

Una piedra

 

Escribe: Isidoro Knopoff

Isidorokblue@hotmail.com           

 

Para Magalí

Una piedra. Me regalaron una piedra.

Un pedacito de piedra no muy grande. Hasta diría chica. Diría algo así como un puño. Pero un puño de un recién nacido. Algo así como el puño cerrado de un niño, hombre por hacer. De un ser humano que quiere crecer. Luchar por su vida. Decirle al mundo que esa manito puede acariciar y trabajar. Pero que si la cierra en un puño será su primera arma para luchar. Luchar para ser hombre. Luchar porque quiere ser hombre. Pero un hombre libre, con derechos. Y fundamentalmente su derecho a ser libre y tener derechos.

Me regalaron una piedra. Chica, como el puño de un recién nacido.

Me dijeron que viene de lejos, traída por alguien que estuvo allí y que quiso traerla para mí, porque sabe de mi amor y respeto por esa área del mundo desde donde viene esa piedra. Masadá. Así se llama ese lugar.

Es una zona desértica, donde todo es piedra. Todo, excepto su historia. Y lo que esa historia representa.

Quizá para algunos sea solo piedras. Pero para otros (y para mí) es historia. O quizá debiera decir HISTORIA. Así, con mayúsculas. Porque es un lugar donde hace dos mil años un grupo de hombres luchó y murió por su derecho a la libertad. Que luchó y murió por defender su derecho a tener derechos.

Esa es la historia de Masadá. Era una fortificación hecha por Herodes, donde se podía recolectar y guardar agua y alimentos. Y un grupo de hombres la tomó, luchando contra el ejército romano. Sí. Está en Israel. Pero este no es un tema religioso. Es la lucha contra quien no quiere respetar el derecho del otro.

Y en Masadá fueron sitiados. Resistieron con todo lo que tenían. Y el ejército romano decidió, como única manera, construir una enorme rampa para poder subir hasta la meseta de Masadá y tomar el lugar.

Y esos hombres lucharon. Pero lucharon no por su vida sino por su libertad.

Cuando tuvieron que reconocer que el ejército romano llegaría, sabían que los que quedaran aún vivos y sus familias serían tomados como esclavos.

Rompieron todas las tinajas de aceite y de alimentos para que su enemigo no capturase la comida. Todos, menos una. Para que supiesen que no fueron vencidos por hambre.

Y formaron entre ellos grupos de diez hombres. Y uno de ellos debía matar a los otros nueve. Y  los vivos repitieron el sistema hasta que todos murieron. El último respetó la vida de la familia y se suicidó.

Los romanos tomaron Masadá. Pero solo la Masadá de piedra. La roca y los muertos. Porque en realidad Masadá no fue tomada. Porque persiste la lucha. La lucha por la libertad. Por la libertad y el derecho a ser respetados. Y los hombres nacen siendo niños, con manos pequeñas, manos que acarician pero que al cerrarse se transforman en pequeños puños.

Recibí una piedra. Pequeña, con el tamaño de un puño recién nacido.

Recibí una piedra de la zona de Masadá, casi lisa, gastada por siglos de vida en el desierto.

Recibí una piedra. Pero no es solo un trocito de roca. Es un pedazo de MASADÁ.

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