UNA PULSEADA POLÍTICA DE RESULTADO INCIERTO

 

El presente económico de la Argentina se convirtió en una pulseada política entre el gobierno y los dirigentes sindicales y sociales, que promete profundizarse cuando se ingrese al espiral de la campaña electoral.

En línea, el presidente Mauricio Macri bajó la orden a hombres y mujeres de su gabinete para que salgan a denunciar una campaña para desestabilizar al gobierno, promovida por “sectores” del kirchnerismo y por la ex presidente Cristina Fernández.

El Presidente; la vicepresidenta Gabriela Michetti; el Jefe de Gabinete, Marcos Peña; el ministro del Interior, Rogelio Frigerio; la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich; y hasta la canciller, Susana Malcorra, salieron en los últimos días a denunciar intentos desestabilizadores del kirchnerismo, del sindicalismo (CGT y el dirigente docente Roberto Baradel) y de la ex mandataria.

Incluso, Malcorra se animó -al mejor estilo kirchnerista de, “si no están de acuerdo, armen un partido y ganen las elecciones”- a señalar que cualquier reclamo de cambio de modelo económico no debía hacerse en medio de una pulseada sindical sino en las urnas, cuando fuera la ocasión.

La Casa Rosada articuló, para tejer su argumento, la marcha convocada por la CGT que culminó con incidentes, el prolongado conflicto docente y las protestas que las organizaciones sociales iniciaron el martes y continuaron hoy, en reclamo de más ayuda social y la implementación de la Ley de Emergencia Nacional.

¿Hay realmente un plan de desestabilización? No hay ningún dato al respecto, mas allá de duras expresiones durante algunas manifestaciones promoviendo que Macri abandone la Presidencia. No es un dato que tenga la Agencia Federal de Inteligencia ni la cartera de Seguridad, de movimientos sospechosos.

Sí hay algunos pronósticos que, aún a medias tintas, causarían escozor en quien los escuche. “Si no corregimos el rumbo, vamos en esa dirección, la de la crisis del 2001”, se escuchó razonar en las últimas horas a un dirigente de la CGT.

Precisamente la central obrera pondrá fecha al paro nacional pero ya está pergeñando el escenario después de la medida de fuerza. “Tenemos que sentarnos a implementar un plan de lucha después del paro porque la expresión de malestar no va a cambiar con un paro”, añadió otro dirigente desde la sede de Azopardo 802, de esta capital.

No obstante el gobierno nacional y también el provincial de María Eugenia Vidal, salieron a dar pelea. Mientras en la Casa Rosada sentenciaron que no hay cambio de rumbo económico ni adoptarán medida alguna tendiente a convencer a la CGT que levante el paro, desde La Plata no están dispuestos a ceder a la dura posición esgrimida por Baradel y compañía en el conflicto docente.

Algunas mentes oficialistas consideran “claves” franquear esas dos barreras (la CGT y los docentes) de manera airosa, como para encarar la etapa preelectoral que se viene. Sostienen esa hipótesis en que “no hay nada del otro lado”, es decir, no hay un líder o referente de la oposición que pueda capitalizar los tropiezos del gobierno.

¿Logrará el gobierno mostrar alguna mejora económica que pueda ser visibilizada por la gente o deberá recurrir a estas estrategias de polarización para correr el eje de la discusión, hoy en las calles?

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