Una Santa asistiendo a los menesterosos azuleños


En esta ciudad, la fundadora de las Hermanas Pobres Bonaerenses de San José y algunas integrantes de la Orden, estuvieron al frente del “Asilo de Mendigos” y del “Hospital de Caridad”. En la actualidad, la Venerable Sor Camila se halla en camino a la canonización.
Por Norma Iglesias y Eduardo Agüero Mielhuerry
Camila Corina Rolón nació en San Isidro, Buenos Aires, el 18 de julio de 1842. Sus padres fueron María Gutiérrez y Eusebio Rolón.
Concurrió a la escuela de la señorita Juana Rueda, que era la única del lugar. Además del catecismo y las primeras letras, las alumnas aprendían a confeccionar primorosas labores de manos que Camila realizaba con particular habilidad.
Cuando era una adolescente, con toda su familia, decidieron instalarse en la ciudad de Buenos Aires, en el barrio del Socorro, entonces apartado del centro de la ciudad. Su gozo estaba en las obras de caridad, en el catecismo parroquial, en la atención de los enfermos, las ceremonias religiosas y la predicación. Muy pronto tuvo un excelente director espiritual en el Padre Francisco Villar.
Camila ejercía el apostolado catequístico entre los pobres y los ricos, en la iglesia y en los domicilios particulares o su propia casa, a la que solía llegar acompañada de uno o más niños recogidos en la calle, a los cuales vestía, alimentaba e instruía.
Contaba con 25 años de edad cuando los estragos del cólera pusieron a prueba su temple. La epidemia asoló Buenos Aires; sin temor al contagio, visitaba a los enfermos, de casa en casa, sobre todo a los más olvidados. Tres años más tarde apareció la fiebre amarilla. Una de las primeras en caer enferma fue su propia madre; pero las atenciones piadosas no menos que las plegarias fervientes de su hija, le devolvieron la salud. No ocurrió lo mismo con su hermano Andrés, que murió víctima del flagelo al igual que el anciano Sacerdote que fuera su guía.
El 21 de abril de 1875, tomando el nombre de Dolores de San José, ingresó al Carmelo fundado poco antes en Buenos Aires. Pero, después de sólo veintinueve días de permanencia en el convento, gravemente aquejada por un tumor -que la acompañaría durante toda su vida-, regresó a su casa. Más de cinco meses se vio obligada a guardar reposo absoluto.
En julio de 1877 un joven sacerdote amigo de su familia, el Padre Saturnino Azurmendi, fue designado para regir una parroquia de campaña. Camila, aún convaleciente, se trasladó a Capilla del Señor, acompañada de su abuela materna, con la esperanza de beneficiarse con los aires del campo y prestar ayuda al joven párroco.
Fue magnífica su obra en la que fue conquistando una a una a las familias del vecindario, dando impulso desconocido a la catequesis y, mediante un taller de costura, se inició en el ejercicio del apostolado social, que animó la vida del Apostolado de la Oración.
Un lazarista francés, que se desempeñaba como director del santuario de Luján, el Padre Emilio George, resultó el hombre providencial para ella. De hecho, fue el autor del Proyecto de Regla de la nueva “Asociación de San José, puesta bajo la protección de Ntra. Sra. del Carmen”, que Aneiros aprobó el 23 de diciembre de 1880.
 
Grandes sacrificios por los desprotegidos…  
Sin apoyo familiar, enferma y sin recursos, el 28 de enero de 1880, acompañada de un grupo compuesto por dos amigas mayores que ella, dos muchachas y once niñas huérfanas, Camila se dirigió a Mercedes. Allí se instalaron en una casa vieja que, al  cabo de siete días, fue transformada en el “Asilo de San José”.
El Asilo prosperó continuamente. El 19 de marzo de 1881, tuvo lugar la toma de hábito de las primeras cuatro hermanas: Camila Rolón, Rosa Zurueta, María Pía González y Juana Cabral. El grupo inicial se transformó en una verdadera congregación religiosa, con reglamentos aprobados por el Arzobispo Aneiros y con un director espiritual oficialmente designado, el Padre George.
El 20 de octubre de 1885, tres religiosas, acompañadas por la Madre Camila, abandonaron la ciudad de Mercedes y se dirigieron a realizar una nueva fundación en el pueblo de Rojas. La presencia de las hermanas resultó un verdadero acontecimiento.
Pidiendo de puerta en puerta, la Hermana Rosa, una de las fundadoras, dio con la casa de don León Gallardo, quien tenía a su cargo tres niños huérfanos, hijos de unos puesteros suyos. Gallardo visitó el asilo de Mercedes, donde alojó las dos hermanitas, habló con la Madre Camila, pagó las deudas de la congregación y prometió construir un asilo de varones modelo, que sirviera también para instalar en él la Casa Madre de la congregación. Este fue el origen del Asilo de Muñiz, un edificio amplio y magnífico que se inauguró el 17 de mano de 1889.
 
 “La Ciudad Eterna”  
Camila llegó a Roma el 7 de mayo de 1891, teniendo pronto una entrevista con Su Santidad León XIII. Al encontrarse en presencia del Papa, la Madre se arrojó a sus pies y los besó devotamente con afecto filial. El Santo Padre, después de escucharla con la mayor atención, prometió a la fundadora argentina un decreto laudatorio para la nueva Congregación.
El 19 de marzo de 1892 Camila pronunció sus votos perpetuos. En dicho año falleció su protector y amigo don León Gallardo, y poco después, el joven sacerdote Saturnino Azurmendi.
El 23 de septiembre instaló en Mercedes una casa de corrección, que tituló “Casa de San José de la Divina Providencia”. Y el 2 de octubre, las Hermanas Pobres de San Jasé se hicieron cargo de un asilo de mendigos en la localidad de San Vicente, Buenos Aires.
La Congregación se extendió a la ciudad de Buenos Aires,  a Santiago del Estero y a la República Oriental del Uruguay.
Para 1895, después de nuevas fundaciones en el Uruguay y en la provincia de Buenos Aires, el instituto contaba con dieciséis casas entre asilos, hospitales y colegios, y alimentaba y vestía a más de setecientos huérfanos.
El 19 de marzo de 1896, Camila fue reelegida Superiora General por un nuevo período de seis años.
 
Asilo de Mendigos del Azul    
En el año 1895 un grupo de vecinos, encabezado por Aquiles Pouyssegur, León López, Emilio F. Recke y Ramón A. Díaz, decidió cobijar a los mendigos de Azul y para ello formó una comisión llamada Sociedad Hermanas de los Pobres, que eligió como presidente temporal a María Elisa Roby, quien el 6 de diciembre de 1896 hizo un llamado a la renovación de la comisión para el día 13 de ese mes. La nueva comisión se abocó a la tarea de acondicionar un lugar para acoger a los menesterosos. Luego de intensas gestiones y trabajo lograron su objetivo, inaugurando el 6 de enero de 1898 el “Asilo de Mendigos”, situado en la esquina de las calles Colón y 9 de Julio. El periódico “El Imparcial” de nuestra ciudad, en una nota expresaba que el lugar contaba con “24 camas en piezas aseadas y perfectamente higiénicas”, además de un departamento para pensionistas y un taller de labores.
El servicio interno del Asilo fue confiado a las Hermanas Pobres Bonaerenses de San José, habiendo venido para la inauguración Sor Camila Rolón.
En este Asilo funcionó el cuarto Hospital de Azul hasta el 30 de enero de 1899, cuando aparece formalmente el actual. Asimismo, el “Asilo de Mendigos” continuó su existencia hasta el 14 de marzo de 1902 cuando se dispuso trasladar a los ancianos allí alojados al nuevo Hospital de Caridad Municipal (hoy Hospital “Dr. Ángel Pintos”).
En una misiva firmada por Sor Camila, ella detalla lo realizado en nuestra ciudad: “A la mayor honra y gloria de Dios Nuestro Señor y honor de nuestros esclarecidos patronos la Santísima Virgen del Carmen y nuestro Santísimo Padre Señor San José, el día 6 de Enero del año del Señor de 1898 con la aprobación de nuestro amadísimo Prelado el Excelentísimo y Reverendísimo Señor Arzobispo, Dr. Don Uladislao Castellano, nos hicimos cargo de la administración interna del Asilo de Mendigos, que en la ciudad de Azul, Provincia de Buenos Aires, fundó la sociedad de “Hermanas de los Pobres”, para asilo de los pobres desvalidos de ambos sexos y al mismo tiempo la atención de un taller de costura blanca para enseñar a las niñas pobres, inspirándoles el amor al trabajo. El acto de inauguración fue presidido por el Señor Cura Párroco, Doctor Don Agustín Piaggio. Bendijo primero toda la Casa y acto continuo celebró el santo sacrificio de la Misa, terminada ésta el Sr. Presbítero Pujato pronunció un elocuente discurso, alusivo al acto, ante una selecta y numerosa concurrencia.
El día 8 a las 6 a/m. el mismo estimadísimo Señor Cura celebró la Santa Misa en la Capilla u oratorio recientemente preparado, dejando instalado el Smo. Sacramento. Esta nueva casita del Smo. Patriarca se llamará “Asilo San José para Mendigos”.
Se nombró el personal de la casa del modo siguiente: Superiora Sor María Cristina del Niño Jesús, Asistenta Sor Clara de la Pasión, despensera y celadora Sor María Catalina de Jesús, y Sacristana Sor María Carolina de la Cruz. Quiera Dios Nuestro Señor bendecirlas y darles su gracia, para que todo cuanto hagan redunde a la mayor honra de Dios Nuestro Señor y bien de las almas confiadas a sus humildes cuidados”.
 
Al frente del Hospital de Caridad del Azul   
Entretanto, el 9 de junio de 1899, el doctor Alejandro Brid, quien era por entonces el intendente de Azul, requirió los servicios de la Congregación de Hermanas de Pobres Bonaerenses de San José, bajo la dirección de Sor Camila Rolón, para ejercer la Dirección y Administración del Hospital de Caridad Municipal, para lo cual celebró en dicha fecha un convenio con esta religiosa. Y una vez más, la pluma de Sor Camila informaba lo acontecido: “En el día 9 de junio del año del Señor de 1899 con anuencia de nuestro dignísimo Prelado Diocesano, nos hicimos cargo de la dirección y administración del Hospital Municipal de Azul, Provincia de Buenos Aires, previo el convenio firmado de ambas partes con el Señor Intendente Municipal, que es quien suministrará todos los gastos del citado Hospital. El mismo día 9 a las 9 y media a/m. se celebró la Santa Misa por el Señor Cura Manuel Pujato, se bendijo el local destinado a Capilla, siendo padrinos el Señor Intendente Dr. Alejandro Brid y su esposa Señora Sara de Brid; fue madrina de la imagen de San José, la Sra. Manuela de Zavala; de la Santísima Virgen del Carmen, la Sra. Cecilia de Portalet y del Santo Cristo, la Sra. Delia de Ocampo; en seguida se bendijo el departamento de las Hermanas, y terminada la ceremonia religiosa, el Sr. Intendente puso en manos de la Hermana Superiora las llaves y gobierno del Establecimiento. Fue nombrada Superiora de esta casa: Sor María Cristina del Niño Jesús; enfermera del salón y departamento de hombres: Sor María Estela del Niño Jesús; Ecónoma: Sor Ana Catalina de la Cruz, y enfermera del salón y departamento de mujeres: Sor María Ernestina de San José; a quienes recomendé muy encarecidamente la fiel observancia de nuestra Santa Regla, y esperamos en Dios Nuestro Señor, todo redunde a la mayor honra y gloria de su Divina Majestad y honor de nuestros esclarecidos Patronos la Santísima Virgen del Carmen y nuestro Santísimo Padre Señor San José”.
 
La despedida del Azul   
Tras un relevamiento realizado por la Comisión de Damas Administradoras del Hospital, frente a diversas quejas infundadas y la influencia notable de la Logia masónica “Estrella del Sud” Nº 25 que operaba activa y abiertamente en nuestro medio, se decidió el desplazamiento de las Hermanas de la Congregación que encabezaba Sor Camila.
Así, el 26 de abril de 1902, se retiraron del Hospital las monjas de la Congregación de Hermanas de Pobres Bonaerenses de San José, que prestaban servicio en el mismo, por lo que la intendencia inició la reestructuración del personal del establecimiento.
Una vez más, “El Imparcial”, fundado y conducido por los hermanos José María y Eduardo Guillermo Darhanpé –miembros activos de la Logia Masónica azuleña-, deslizaba en sus columnas del día 21 de agosto de 1902 que se había incorporado personal civil para que “así se evitaran contratiempos y dificultades con las que ha venido tropezando la administración del Hospital al que se lo había pretendido convertir en una sucursal de la iglesia católica, con gran perjuicio de los enfermos que veían disminuir sus comodidades a medida que se engrosaba el tesoro parroquial con subvenciones y capellanías acordadas por condescendencias inconcebibles en nuestros tiempos. En lo sucesivo los enfermos que deseen los auxilios espirituales, tendrán que costeárselos de su propio peculio y los pobres solicitarlos en forma gratuita. Aplaudimos esta nueva organización del Hospital, augurándole a esa casa una vida tranquila y bienhechora”.
Una semana después, al reunirse la Comisión de Damas Administradoras del Hospital a los fines de ponerse de acuerdo en la relación y conducción del personal subalterno, concurrió a participar de la reunión el intendente Dr. Ángel Pintos.
 
Nuevos horizontes en Europa   
A fines de octubre de 1904, la Sor Camila zarpó rumbo a Roma nuevamente. Por primera vez en la historia una Superiora General de la Argentina viajaba a Europa a fundar una casa religiosa. Aquel viaje produjo frutos mayores de los que la misma Camila se esperaba. El 28 de enero de 1905 procedió a cumplir con la misión proyectada, la inauguración de una Casa de contención.
Para su sorpresa, halló ni más ni menos que a al sacerdote argentino José León Gallardo, hijo de su gran bienhechor León Gallardo, que secundó con generosidad la instalación de un Noviciado de las josefinas en Roma. Para ello compró una residencia en un punto céntrico de la ciudad y la entregó a la Congregación.
El 19 de marzo de 1908 fue reelegida nuevamente Superiora General y retornó a Roma. Por entonces, las Constituciones del Instituto obtienen su aprobación definitiva y, lo que resulta más sorprendente, el 10 de mayo de 1909 la Sagrada congregación despacha favorablemente el pedido de autorización para trasladar la Casa Generalicia a Roma. Fundó entonces en Barcelona una escuela destinada a educar a los hijos de gitanos, y en Génova un “Asilo de San José”, para niñas pobres. A fines de noviembre de 1909 regresó a su patria, donde la noticia y los planes del traslado de la cabeza de la Congregación al Viejo Mundo suscitaron los más encontrados comentarios.
La Navidad de aquel año fue la última que celebró en la Casa de Muñiz. Visitó en peregrinación de despedida el Santuario de Nuestra Señora de Luján; visitó por última vez el templo de su natal San Isidro. El 27 de setiembre de 1910, se embarcó rumbo a Roma…
 
El fin del peregrinar terrenal   
El 19 de noviembre, con toda solemnidad, fue erigida canónicamente en la “Ciudad Eterna” la Casa Generalicia de las Hermanas Pobres Bonaerenses de San José.
A fines de 1911 su viejo mal recrudeció de tal manera que se vio obligada a guardar cama. En adelante no se recuperó. En la madrugada en la que finalmente murió, dio a entender ella misma que llegaba su fin. Durante aquel día hizo a sus Hijas sus últimas recomendaciones y les impartió su bendición maternal.
Sor Camila de San José Rolón falleció el 16 de febrero de 1913.
Sus restos mortales, trasladados a la Argentina, llegaron en marzo. Fueron velados en la Catedral de Buenos Aires, previo solemne funeral, con la presencia del Arzobispo Monseñor Antonio Espinosa y del Cabildo Eclesiástico, y llevados a Muñiz, donde reposan, desde entonces, en la Capilla de la Casa Generalicia del Instituto.
¿Una Santa de las pampas?   
El 2 de abril de 1993, Su Santidad Juan Pablo II, acogiendo y ratificando el parecer de la Congregación para las Causas de los Santos, declaró solemnemente que: “Consta que la Sierva de Dios Camila de San José Rolón ha ejercitado en grado heroico las virtudes de la Fe, Esperanza y Caridad hacia Dios y hacia el prójimo, como también las virtudes cardinales de Prudencia, Justicia, Fortaleza, Templanza y las anexas, en el caso y a los efectos de que se trata”, y  firmó el Decreto correspondiente, ratificando así la santidad de su vida, y declarándola Venerable.
Por eso cada día llegan cientos de fieles a la Casa General de la Congregación, ubicada en Muñiz, provincia de Buenos Aires, donde descansan los restos de la religiosa. Hasta allí llegan, confiados en que su intercesión ante Dios pueda otorgarles distintas gracias.
 

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