FINAL DEL TORNEO APERTURA DE PRIMERA

Una ventaja que “Timpa” bien  

Sarmiento merecía mejor suerte ayer en el Félix Piazza; su desempeño fue muy superior en la primera media hora y dispuso de ocasiones muy claras para el gol. Pero Piazza se sobrepuso, llevó el juego a su gusto y terminó por maniatar a un rival debilitado. Maximiliano Timpanaro convirtió el gol industrial. Se define en Tapalqué el próximo domingo.

Timpanaro busca aliados en el festejo del único gol de la final de ida, Valdez sintoniza en la alegría. Un notorio tanto el que convirtió “Cubito”.
ADRIÁN GELOSI
Lamardo a la carrera, Iztueta al vuelo. La estrellita dejó pasar su momento, luego el control pasó a ser industrial, como el resultado.
ADRIÁN GELOSI
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Timpanaro busca aliados en el festejo del único gol de la final de ida, Valdez sintoniza en la alegría. Un notorio tanto el que convirtió “Cubito”. ADRIÁN GELOSI

Cuando habían transcurrido 15’ de comenzado el cotejo y Sarmiento de Tapalqué no amainaba su poderío futbolístico, con una actitud tal vez inesperada y con un nivel colectivo muy bueno, llegar a imaginar una película diametralmente opuesta, con Piazza casi sin recibir golpes duros e imponiendo condiciones, necesitaba de una mente tan piazzista como optimista. Con su propuesta, la estrellita desestimaba un número grande de pronósticos (incluido el que había vertido este medio) que consideraban la posibilidad de que la actitud tapalquense en el inicio fuera a estar compuesta, en dosis idénticas, por mesura, especulación y retraimiento (considerando la definición en el Andrés P. Hargain)..

Nos equivocamos y debemos agradecer que así sea: ese lapso inicial, con Sarmiento comandándolo todo (unos 30 minutos estirando un poquito), mostró el mejor fútbol de la tarde, casi una extrañeza para las generales de una final. Pudo haber liquidado el pleito y falló, y esto lo diferenció del elenco industrial, que cuando dispuso de una posibilidad, en una segunda jugada, Maximiliano Timpanaro abrió el marcador en un estupendo gol.

Antes de cumplirse el minuto de los 180 que involucra esta llave final, Lucas Iztueta rechazaba en la línea un disparo bombeado de Gau. Se encendía la alarma en la villa y no se apagaría durante unas decenas de minutos.

El albiceleste excedía cualquier atisbo de resistencia y usufructuaba la fragilidad de los tres volantes piazzistas; la espalda de Bedoya era el sillón de un Gau (de un rendimiento notable en ese tramo) que tallaba al detalle la figura ofensiva de un equipo envalentonado. Su socio más inmediato era Lamardo y se sumaban Gallardo, Laburdette y, en menor medida, Buceta. Iban directamente contra la defensa de Piazza, dado que el mediocampo no respondía.

Entretanto, al tiempo que su oponente desperdiciaba algunas ocasiones muy nítidas para abrir el marcador, los industriales podían poco más que dialogar. Hourcade y Gamarra desde afuera y algunos jugadores puntuales en el campo, aprovechaban cada segundo de calma para corregirse y convencerse que otro panorama era posible. Y, poco a poco, ese nuevo panorama fue declarándose, haciendo visible una nueva escenografía en la final, menos sufriente para Piazza, y que terminaría por clarificarse en el segundo tiempo.

El equipo piazzista comenzó a remediar el contundente desequilibrio que generaba, con mucho mérito, su rival. Aún no tenía sentido colectivo, todavía lucía fragmentado y notoriamente errático, pero ya no padecía tan cerca de Barbieri, ya Gau empezaba a sufrir su perjuicio físico, ya el mediocampo igualaba condiciones. En parte, el equilibrio en cuanto a expectativas se mantenía por los arrebatos individuales de los tres hombres de ataque locales: Parodi, Timpanaro y Valdez.

Con el primer movimiento de pelota del complemento, los méritos y desméritos edificados anteriormente trocaron de camiseta, más allá de los matices de identidad. El entretiempo (el “shampoo”) le hizo muy bien a Piazza y a los 5’ dio muestras: Timpanaro, a la salida del círculo, pateó un tiro libre hacia el sector izquierdo del área menor, Lucas Iztueta bajó de cabeza y un defensor alcanzó a rechazar, aunque muy corto; el esférico lo encontró a “Timpa” a la salida de la medialuna: controló, se hizo del tiempo que pocos se hacen y remató suave pero directo al poste zurdo de Toledo, que apenas pudo mirar.

El descuido en esta segunda jugada le hacía pagar a Sarmiento un precio muy caro e injusto hasta entonces. El Félix Piazza (ocupado por unas 700 personas) ahora tenía otra temperatura; entre los locales, el afuera y el adentro se retroalimentaban en el convencimiento de la mejoría. El conjunto de la Villa Industrial, por primera vez en la tarde, sentía la final como de su propiedad, y empezaba a defenderla con suficiencia.

El cotejo era otro, en la antípoda del que comenzamos atestiguando. Rienda en mano, Piazza plasmaba conexiones, abría espacios entre De los Heros y la defensa tapalquense, zona en la que Timpanaro gravitaba en plan “enlace”. Sarmiento se había desactivado, confundido, apurado y ya sin profundidad. Con 10 jugadores y tal vez un tanto frustrado por la bonanza no aprovechada, la estrellita le “pedía” una más a Ricardo Gau, siendo el destinatario de toda intentona de ataque. Pero “Cacho”, lesionado, ya no tenía resto físico y se le dificultaba conducir la ofensiva. Vieytes asimiló la expulsión de Vergez (jugó 4 minutos y vio la roja por golpear a Giménez sin pelota) plantando tres defensores, situando por delante a Casañas y el resto, a por todo hacia Barbieri. Pese a todos los intentos, a lo largo del segundo tiempo no propició grandes amenazas a la ventaja piazzista.

El segmentó de cierre fue aconteciendo con demasiadas interrupciones y ensayos algo obtusos de convertir. El equipo villero, que no exprimió acertadamente la expulsión de Vergez, se precipitaba por un segundo festejo que aniquilara toda aspiración sarmientista y dejara una buena diferencia de cara a la revancha (en la final hay diferencia de gol). Hugo Iztueta y Timpanaro debieron salir por lesiones. En tanto que el conjunto visitante no se consideraba alejado de la paridad, y permanecía a la espera de una oportunidad agónica que, ahora sabemos, nunca llegaría.

LA FIGURA 

Ricardo Gau

Su repertorio en la mitad inicial del primer tiempo ofrendó a la multitud interpretaciones exquisitas. Gau leyó rápidamente los errores de Piazza, halló los espacios y, para resumirlo, jugó e hizo jugar. Su notorio nivel quedó de manifiesto en cómo lo extrañó Sarmiento cuando “Cacho” dejó de gravitar.

 

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