Una vuelta en bici por Argentina

SALTA – El Abra del Acay – Primera parte

Escribe: Tomás Rivero

Especial para EL TIEMPO

-Este no es malo, este es bueno. Me dice Pepe, señalando el Abra del Acay en un mapa improvisado sobre la mesa, con vasos y servilletas.

-El problema es, continúa, que tiene un amigo que a veces se pone caprichoso como nene de 5 años. Asique tenes que subir tranquilo y despacio, tomándote tu tiempo.

Estaba haciendo referencia al viento, que para esta época sopla con fuerza.

    • ¿El viento que sopla aquí es el sonda? – Le Pregunto.
    • No, no…este es el viento blanco, el sonda es un bebe de pecho. Me contesta Pepe, dándome una idea con lo que me iba a encontrar ahí arriba.

 

  • Lo que te conviene hacer- continua Pepe- es pedalear hasta lo de Flavia, hacer noche ahí y al día siguiente subir el Acay. Pero ¡No vayas a subir el Acay de noche!

 

“Lo de Flavia” es una casita de barro, perdida arriba de la montaña donde Flavia vive con su mama y sus hijos.

El Abra del Acay es un paso de montaña ubicado en la ruta 40, más precisamente en el kilometro 4600 y alcanza los 4995 msnm. Es conocido como el nido del viento blanco, que es el dueño del lugar por lo menos en los meses de invierno.

Uniendo La Poma con San Antonio de los Cobres por El Abra del Acay

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Salgo de la Poma cerca de las 9 de la mañana. Tengo 46 km hasta la cumbre y otros 45 hasta San Antonio de los Cobres.

La única información con la que cuento es que los puntos en donde puedo acampar a resguardo del viento son: Saladillo a unos 18 km, Negra Muerta a otros 20 km y “lo de Flavia” cerquita de Negra Muerta.

El día esta hermoso, casi no hay viento. Llego a Saladillo a eso del mediodía y veo un cartel que dice “Negra Muerta, 18 km”.

Sigo pedaleando y a los pocos kilómetros cruzo una casa, una señora está afuera y me saluda.

-Mmmm…esta casa no estaba en las indicaciones. ¿No será lo de Flavia? Me empiezo a preguntar.

  • Naaa, no puede ser. Si lo de Flavia esta después de Negra Muerta y todavía me faltan como 7 km.

Para las cinco de la tarde ya estoy cerquita de Negra Muerta. Sin embargo encuentro un lugar que me parece ideal para acampar y decido armar mi carpa ahí.

Pasa el tiempo y a eso de las 6:30 se levanta una tormenta. Empieza a nevar y el viento sacude la carpa de acá para allá. Lo que parecía un buen resguardo, ya no lo era.

  • ¿El viento sopla de todos los lados acá? Yo me mando a mudar. Total Negra Muerta no debe estar a más de 1 km.

Guardo la carpa a las apuradas y dejo atadas arriba de las alforjas las varillas y las estacas.

A 800 metros un cartel dice- “Negra Muerta”. Miro para todos lados. -Acá no hay nada, ¿estará más adelante?

Sigo subiendo, y nada. -¿A ver después de aquella curva? Nada.

Ya son las 7 y está oscureciendo, me quedan 10 o 15 minutos de claridad. Nieva en el Acay y el viento sopla cada vez más fuerte.

  • Acá no hay nada, ya fue…me vuelvo a armar de vuelta la carpa.

Empiezo a bajar a toda velocidad. Curva para aquí, curva para allá. Y de repente escucho un ruido a metal que golpea en el piso. Freno. Las estacas se cayeron. Vuelo a buscarlas. Las levanto. Las pongo en su lugar. Y… ¿las varillas? ¿Dónde están las varillas?

-¡¡Noooo te puedo creer!! Perdí las varillas. Me quede sin carpa. En el medio del Acay. De noche y en plena tormenta.

-¡Ahora si te la mandaste Tomás! Estamos hasta las manos. ¿Qué carajo hago?

– Y bueno, sigo bajando. Voy hasta esa casita que pase hoy temprano y le digo lo que me paso.

En lo de la Flavia.

  • Señora, señora…perdí mi carpa y no tengo donde dormir. ¿Me puede dar un lugar bajo techo para pasar la noche?
  • No! No! Arme su carpa. Yo no tengo lugar.
  • Pero le digo que me quede sin carpa. No puedo armarla y no tengo donde ir.
  • Yo no tengo lugar. Arme su carpa. Se hubiese quedado hoy temprano cuando paso.
  • ¡Pero no puedo! ¿Dónde voy a ir?
  • Bueno, si quiere tírese ahí.

No sé si era un gallinero, un chiquero u otra cosa, no se podía ver bien en la noche, pero ahí no me podía quedar.

Resignado tomo la bici y decido seguir bajando, pero justo en ese momento, cuando ya pensaba que estaba todo perdido, pasa una combi. El único vehículo que veía desde hacía varias horas.

Le empiezo a hacer seña en el medio de la calle. -Espero que me vea o me tira a la mier**. La combi pone luz alta, me ve y frena.

– Señor me puede llevar, perdí las varillas de…

– Si, no hay problema, vamos hasta la Poma por el festejo del 25 de Mayo. Pero la bici no va a entrar.

– … Y bueno. No importa. La dejo acá.

– Señora, le dejo la bicicleta, mañana la paso a buscar.

– Bueno, bueno…apóyela ahí y váyase antes de que los perros se enojen.

Deje la bici, me subí a la combi y me fui nuevamente para la Poma.

  • ¿Y ahora qué hago? Me quede sin carpa y me quede sin bici. Y sin carpa ya no hay mas viaje. Pero bueno, de alguna forma lo voy a solucionar.

Y aunque me voy angustiado y pensativo, también me voy agradecido, porque se ve que hay alguien que me va cuidando.

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