Puerto Madryn

Una Vuelta en Bici por Argentina

 

Escribe: Tomás Rivero

Especial para EL TIEMPO

Soñaba con viajar, soñaba con conocer, soñaba con “vivir”, pero soñaba con hacerlo en bicicleta. Ya había hecho algunos viajes en bici, había conocido algunos lugares de Argentina y de Chile, pero sentía la necesidad de realizar un viaje que me permitiera conocer y conocerme, superar miedos, vivir una aventura casi de cuento, una aventura que hasta antes de comenzar sólo leía en libros o miraba en películas.

Después de varios meses de preparativos, planificaciones, trámites, miedos y dudas, el jueves 7 de septiembre de 2016, deje atrás mi estilo de vida rutinario y estable para adentrarme en la aventura de recorrer la Argentina con mi bicicleta, mi cámara de fotos y un montón de ilusiones por delante.

Atrás quedaban los asados con amigos, las tardes en familia, mis compañeros de trabajo, mi coche, mi departamento y un montón de comodidades que cambiaría por lo esencial que necesita un Ser Humano para vivir. Mi carpa y mi bolsa de dormir pasarían a ser mi casa, y en mis alforjas algo de ropa y comida reemplazarían mi cocina y mi placard.  

El sueño se empezaba a cumplir. Bajo mis pedales, el desafío de unir Puerto Madryn con La Quiaca en bicicleta a lo largo de más de 7.000 km.

Hoy llevo casi 7 meses de viaje y mi aventura se encuentra en la etapa final. Por aquí te quiero contar mi experiencia e invitarte a que viajes conmigo durante esta última etapa.

 

Puerto Madryn y el inicio del viaje

 

Llegué a Puerto Madryn después de unas 15 horas de viaje en colectivo. Mi bici se había adelantado y ya me estaba esperando en la Terminal de Ómnibus. Junté mis cosas, equipé la bici y me fui en búsqueda del Camping Municipal de la ciudad.

En dos días pondría pie en los pedales y comenzaría la aventura. El primer tramo a recorrer era Puerto Madryn – Comodoro Rivadavia, ciudad ésta última donde me hospedaría un amigo durante algunos días. Esos primeros 440 kilómetros me permitirían cruzar prácticamente toda la provincia de Chubut.

Fueron 4 días de viaje, de rectas infinitas y noches heladas, donde acampé en estaciones de servicio, paradores y en caminos de tierra, vecinales a la Ruta N° 3.

El viento de la Patagonia, el frío, la lluvia y mi falta de estado físico, hicieron que este sea uno de los tramos más difíciles.

Hacía tiempo que no pedaleaba y mis piernas lo empezaban a sentir.

Los dolores en las rodillas y en los tendones, prácticamente no me dejaban ni siquiera caminar. Pero 10 días de descanso en Comodoro Rivadavia y unas mini-vacaciones en Esquel permitieron que, ya habiendo entrado la primavera, pudiera retomar viaje.

Enfrente de mí me esperaba Santa Cruz y sus 1.000 kilómetros hasta Tierra del Fuego. Y hacia allá fui, ansioso por descubrir lo que mi destino me tenía preparado.

 

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