ANIVERSARIO DE UNA EMBLEMÁTICA CONSIGNATARIA

Veinticinco años de trabajo, fraternidad y confianza

 

El 25 de marzo de 1991, la firma consignataria “Néstor I. Goenaga & Cía. S.A.” iniciaba sus actividades comerciales en nuestra ciudad. Hoy arriba a sus bodas de plata, demostrando que el trabajo mancomunado redunda en el fortalecimiento de la actividad.

Buena parte del equipo de trabajo de la Consignataria “Néstor I. Goenaga & Cía. S.A.”, de izquierda a derecha, de pie: Horacio Soto, Maximiliano Mujica, Juan Ignacio Goenaga, Juan Carlos Correa, Juan P. Iturralde, Osvel Pioli, Mauro Minvielle y Luis Goenaga; sentados: Martín Iturralde, Andrés Arístegui, Néstor I. Goenaga, Luis Domingo Goenaga y Miguel Otamendi. Primera publicidad de la Consignataria.
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Buena parte del equipo de trabajo de la Consignataria “Néstor I. Goenaga & Cía. S.A.”, de izquierda a derecha, de pie: Horacio Soto, Maximiliano Mujica, Juan Ignacio Goenaga, Juan Carlos Correa, Juan P. Iturralde, Osvel Pioli, Mauro Minvielle y Luis Goenaga; sentados: Martín Iturralde, Andrés Arístegui, Néstor I. Goenaga, Luis Domingo Goenaga y Miguel Otamendi.

Por Eduardo Agüero Mielhuerry

Es difícil dar una fecha de nacimiento a la actividad consignataria, debido a las  características propias de la actividad, sumadas a la tradicional forma de comerciar en la Argentina.

En sentido estricto, debemos decir que la primera vez que se da una normativa a la consignación es en 1862, al promulgarse el Código de Comercio. Allí ya se estipula que el consignatario es mucho más que un intermediario, es el mandatario, aquel que vela por los intereses del productor a cambio de una pequeña comisión que le permita participar de la cadena productiva.

Desde el inicio de la actividad el consignatario fue el hombre de confianza de su comitente, quien no dudaba de su accionar y lo convertía en su asesor en materia de comercio de sus productos. Asimismo, el consignatario se constituyó de hecho en entidad bancaria de sus clientes, ayudándolo a sortear las tormentas que debió soportar el sector desde siempre. Defensor de los intereses del productor en el mercado fue un pilar de suma importancia en el crecimiento y el progreso argentino.

Muchas han sido las casas consignatarias de las que tenemos constancia desde principios del siglo XIX, aunque han sido muy pocas las que han podido llegar a la actualidad. Muchas firmas centenarias debieron cerrar sus puertas, mientras otros jóvenes emprendedores se sumaban esperanzados al sector.

Desde 1912 el Centro de Consignatarios de Productos del País nuclea a la mayoría de las casas consignatarias que han actuado y actúan en el sector. Desde 1992 la conformación de la sociedad anónima Mercado de Liniers hace que los consignatarios sean los responsables directos de la operatoria y la logística de su lugar de trabajo. Todo esto redunda en un beneficio para los clientes que refuerzan aún más su confianza en el consignatario.

Todo esto ha hecho de la consignación una profesión que aúna compromiso y seriedad.

Después de Azcona…    

En Azul, Néstor Ignacio Goenaga comenzó a trabajar desde muy joven, luego de realizar el Servicio Militar Obligatorio, en la casa consignataria de Carlos R. Azcona. En la reconocida firma azuleña desarrolló y forjó su carácter, consolidando sus conocimientos y habilidades en los negocios ganaderos.

Todos los acontecimientos más importantes de la vida de Néstor, desde su casamiento y el nacimiento de sus hijos, hasta el fallecimiento de su padre, lo signaron y los vivió inmerso en lo que consideraba con pasión su segundo hogar encabezado por su “gran consejero” don Carlos. Sin embargo, un trágico hecho cambiaría el rumbo de los acontecimientos. El 5 de enero de 1987, al parecer por razones comerciales, Carlos R. Azcona y el estanciero británico Glynne Slade Williams, discutieron arduamente. Azcona extrajo de su escritorio su arma -Smith & Wesson calibre 38-, disparando contra su cliente, y acto seguido, se suicidó. La noticia impactó fuertemente en la comunidad y ya nada volvería a ser igual.

Poco tiempo después, a finales de 1990, Néstor I. Goenaga decidió alejarse de la afamada casa comercial y buscar nuevos horizontes… En un principio estuvo decidido a dejar definitivamente el rubro, pensaba firmemente en dedicarse a cualquier otra tarea. Sin embargo, tras varias sugerencias de su círculo de amigos, y en especial las de Santiago Devoto, Santiago Norris y Martín Vergara con quienes fortuitamente se encontró en una estación de servicio entre Rosario y Santa Fe, Néstor decidió encaminarse en un nuevo emprendimiento…

Nace “Néstor I. Goenaga & Cía. S.A.”   

Una noche, como tantas otras, en la que varios amigos se reunieron en el hogar de Néstor para charlar largamente y tomar algún trago, “arreglando y desarreglando el mundo”, como si se tratase de la emblemática “Jabonería de Vieytes” –donde se pergeñó la Revolución de Mayo-, Juan Alberto Huarte y Juan Pedro Iturralde, le dieron a Néstor el espaldarazo final que necesitaba para emprender un nuevo camino.

La tríada inicial pronto buscó un contador en la figura de Horacio Soto y un productor convocándolo a Andrés Arístegui.

La flamante firma instaló su escritorio en el local de la avenida Bartolomé Mitre N° 575, siendo desde aquél primer empleado de la firma Miguel Otamendi.

La primera noticia masiva que tuvo la comunidad sobre la conformación de la flamante sociedad fue dada por este diario en una publicidad que anunciaba para el lunes 25 de marzo de 1991 el inicio de actividades de  “Néstor I. Goenaga & Cía. S.A.”.

Y así como por entonces el equipo de trabajo estaba conformado exclusivamente por hombres, la pasión por el futbol no tardó en aflorar y la segunda publicidad aparecida en este medio fue una salutación por el 78° aniversario de Azul Athlétic Club, demostrando asimismo, de una u otra manera, el arraigo que comenzaría a labrar la firma en otras actividades de la comunidad.

Mientras tanto, en el país, la Ley de Convertibilidad sería sancionada dos días después por el Congreso Nacional, durante el gobierno de Carlos Menem. A partir del 1 de abril quedó establecida una relación cambiaria fija entre la moneda nacional y la estadounidense, y las reglas económicas del país se convertirían en un importante condicionante de todos los negocios del comercio interno.

Allí trabajan desde muy temprano los consignatarios para lograr los mejores precios para sus mandantes, realizando los negocios en la modalidad “de contado”.

Pequeños, medianos y grandes productores fueron descubriendo en la firma un ámbito familiar y confiable para realizar sus negocios ganaderos. El primer cliente fue Bernardo Aleman de la firma “Herrera Vegas y Aleman”, que cargó una jaula de hacienda para el Mercado de Liniers.

Al año siguiente aproximadamente, Luis Domingo Goenaga decidió sumarse al emprendimiento de su hermano. Y poco después comenzaron a realizarse remates en la Feria de la Sociedad Rural, siendo por entonces Domingo Berra el primer productor que “anotó” hacienda para el primer remate de la Consignataria.

Un día de remate     

Una de las actividades más destacadas que se desarrollan desde las consignatarias está dada por los remates de hacienda que se hacen con sostenida frecuencia.

Los días previos a los remates están marcados por el incesante ir y venir de los productores quienes confían en la casa comercial para la venta de sus haciendas. Y asimismo, pronto se inicia la parte formal del traslado del ganado con la realización de los Documentos de Transporte y las Guías.

En los años ’90, cuando la tecnología era diferente y ni siquiera se contaba con celulares, los productores de la Consignataria hacían centenares de kilómetros (sumando miles por mes) recorriendo los campos, buscando clientes…

Desde el día anterior a la fecha del remate, la hacienda hace su arribo al predio Ferial de la Sociedad Rural, ubicado en la Ruta Nacional N° 3 y avenida Intendente Federico Urioste. La disposición del ganado se hace en los diversos corrales bajo la supervisión de los distintos órganos de control y la atenta mirada del Capataz de Feria, rol que desempeña para la firma Osvaldo Bossi.

Culminado el remate en sí, el cual generalmente va acompañado previamente de un almuerzo de camaradería, nuevamente se debe recurrir a la tecnología para realizar los documentos que acompañan a la hacienda y la tarea vuelve a tornarse colectiva entre los empleados de la firma, los de SE.NA.S.A. y los de la Oficina de Guías de la Municipalidad de Azul.

Muchas veces la carga de hacienda se realiza hasta la medianoche y se retoma muy temprano cuando ni siquiera ha amanecido. Y en esas largas jornadas no sólo hace falta un fuerte carácter para lidiar con cualquier dificultad que pueda surgir, sino también se hace necesario el buen humor para mitigar el cansancio y es entonces cuando más de una vez sale a la luz el histrionismo de Mauro Minvielle que -además de ser productor en la firma-, deja relucir su gusto por la actuación.

Luces y sombras…  

Durante toda su trayectoria, la Consignataria tuvo una constante prosperidad, aunque también debió transitar algunos momentos difíciles. Tal vez el episodio más recordado por todo el equipo se suscitó cuando se armó un remate de 4.000 cabezas, pero no sólo que no se pudo dar en la Sociedad Rural –debieron hacerlo en la hoy desaparecida Feria de Hijos de Miguel Castellár-, sino que además la crítica situación económica del momento (con la pretensión de un cambio por parte de los productores en la modalidad de compra-venta de hacienda), hizo que hubiera menos de diez posibles compradores. Dicha situación hizo del remate prácticamente un fracaso.

Sin embargo, muchos otros éxitos dejarían atrás aquél sinsabor. Así fue como, por ejemplo, en el año 2007 alcanzaron la extraordinaria suma de 8.000 terneros para un Remate Feria. Y la cosecha de clientes y amigos no se detuvo…

Supieron dar remates en Tapalqué, Tres Lomas (exposición de gordo), Tandil, Cacharí y en Bahía Blanca con la Consignataria “Brazzola” -con quienes mantienen un estrecho vínculo de amistad desde la firma local-.

El trabajo se basa fundamentalmente en la confianza dispensada mutuamente entre los vendedores, los compradores y, obviamente, los intermediarios de la firma consignataria. Y de hecho, en tantos años de trabajo es evidente el estrecho vínculo logrado con la amplia clientela conseguida. A lo que debe sumarse el vínculo entre los empleados y otras firmas. Alcanza con mencionar que no hace mucho tiempo, junto a los miembros de “Ganadera Azul” -otra reconocida firma local-, viajaron a pasar varios días de pesca en La Paz, Entre Ríos.

Las mujeres como parte del equilibrio y el orden    

 Elena Pessione y Mercedes Mujica son las dos mujeres que, como dicen sus propios compañeros de trabajo “hacen al equilibrio y el orden de las cuentas y los papeles”. Elena, al igual que algunos de los fundadores de la firma, formó parte del equipo de la casa Azcona y se incorporó a la firma en el año 1993. Con una memoria magistral, capaz de recordar datos telefónicos, cuentas bancarias y números de C.U.I.T. con la certeza de una computadora, es profundamente estimada y respetada por sus colegas.

Hace algunos años también se sumó al equipo de trabajo Mercedes, quien también se ocupa de la parte administrativa del escritorio, aportando una importante cuota de agilidad y dinamismo en la tarea cotidiana que demanda mucha precisión en las cuestiones bancarias.

De esta manera, ambas, con sus diferentes edades y sus distintos caracteres, se manejan con naturalidad y soltura en un “mundo” de negocios que parecería a simple vista reservado a los hombres, pero en el cual ellas son un puntal fundamental.

El futuro a la vuelta de la esquina…   

En este siglo XXI que recién comienza los consignatarios han unido a su tradicional esfuerzo el manejo de la tecnologías más modernas, posibilitando de esta manera que sus clientes accedan a la información de su interés en el menor tiempo posible y con la mayor exactitud, dispuestos de esta manera a continuar la labor de sus mayores en una permanente evolución hacia la excelencia.

Los horizontes de la Consignataria se fueron ampliando y a lo largo del tiempo y se fueron sumando diversos colaboradores en otras localidades. Entre colaboradores y representantes de la firma se cuentan a Juan Carlos Correa en Tapalqué, José Antonio Carricarte en Cacharí, Osvel Pioli en Estación Covelo (Tapalqué) y José Ramón Estensoro en Saladillo. También es loable la tarea de Sergio Pioli y Carlos Tártara como colaboradores locales.

Durante sus años de trayectoria la “familia Goenaga” se fue acrecentando, lamentando el fallecimiento de uno de los fundadores, Juan Alberto Huarte, a quien todos recuerdan con mucho afecto.

La experiencia se conjuga desde hace algún tiempo con el ímpetu de la juventud que va encontrando su espacio para desarrollarse y desempeñarse en la firma. Los “mayores” van cediendo terreno a los jóvenes quienes sin dudas se convertirán en los sucesores. Como parte de la renovación, el equipo de administrativos se completa con Maximiliano Mujica. Por su parte, Juan Ignacio Goenaga se desempeña como el Martillero de la firma y próximamente el joven Martín P. Iturralde también se convertirá en Martillero y Corredor Público Nacional, complementando la función de su colega. También Luis Goenaga (h), como miembro del Directorio, se desempeña como contador de la Consignataria.

En la actualidad, Néstor Ignacio Goenaga se convirtió en Presidente Honorario del Directorio que pasó a encabezar su hermano Luis Domingo. Y hoy, en un día tan especial, luego de un extenso recorrido, sin dudas Néstor contempla con satisfacción los logros conseguidos y las amistades cosechadas a lo largo de estos 25 años de labor inclaudicable, fraternidad y confianza recíproca con su amplia cartera de clientes-amigos.

 

 

 

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