INMIGRANTES PIONEROS EN EL AZUL

Vicente Pereda, comerciante y ganadero

Vicente Pereda fue un destacado comerciante de nuestro medio, como así también productor ganadero.
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Vicente Pereda fue un destacado comerciante de nuestro medio, como así también productor ganadero.


Por Eduardo Agüero Mielhuerry

Vicente Pereda nació el 27 de octubre de 1826 en Bedón, provincia de Burgos, España. Sus padres fueron Ángel de Pereda Bustillo y Lorenza de Pereda Bustillo y Pereda.

Siendo muy joven dejó su tierra natal. Después de permanecer una breve temporada en Cuba, Vicente viajó a Buenos Aires arribando el 1 de enero de 1850, yendo a trabajar en la casa de comercio que en Dolores tenían establecida sus primos Francisco Baldomero y Rosendo Pereda.

Asimismo, los Pereda poseían amplios y diversos negocios en la campaña, además, en Chascomús y en Gualeguaychú, con un importante giro comercial en la ciudad Buenos Aires donde poseían propiedades urbanas para renta.

Habilitado por Baldomero, a principios del año 1853, el joven Vicente se trasladó a Azul donde fundó una nueva casa comercial a la que le impuso inmediatamente su impronta. Y con las rentas obtenidas empezó a comprar tierras en Azul, siendo la primera la Suerte N° 62, conocida como “El Sauce”.

A los 33 años de edad, el 15 de enero de 1859, Vicente contrajo matrimonio en la Iglesia Nuestra Señora de Monserrat con su prima Isabel Pereda Bustillo (hija de Celedonio Mateo Pereda Bustillo y María de los Dolores García Ponce). Para concretar la unión debieron obtener una dispensa matrimonial del Obispo debido al parentesco sanguíneo que los unía.

En la ciudad de Buenos Aires, el 7 de marzo de 1860 nació Celedonio Tomás del Corazón de Jesús, el único hijo de la pareja.

El 30 de julio de 1866 compró en Azul el campo al que, en honor a su esposa, bautizó “La Isabel”, estancia que llegó a superar las 9.000 hectáreas.

A la muerte de Francisco Baldomero Pereda (1816-1868), la dirección de los negocios de la familia recayó en Vicente Pereda.

 

El progreso en Azul

Desde la primera vez que estuvo en Azul, Vicente comenzó a estrechar lazos con la comunidad. De hecho impulsó numerosas obras, colaboró con la construcción de la que fuera la Iglesia impulsada por el general Manuel Escalada (anterior a la actual Catedral), y fue socio fundador y director de la Sociedad Española de Beneficencia.

La casa comercial de Azul -o “almacén de ramos generales”- fue la más longeva, además de la principal de los comercios familiares durante muchos años, orientada al ámbito rural. En buena medida, el crecimiento económico se debía también a los frecuentes intercambios comerciales con los pueblos originarios encabezados por Catriel.

Vicente puso todo su empeño para fortalecer su labor en el comercio azuleño, sin descuidar los negocios en la ciudad de Buenos Aires, buscando muchas veces hacer negocios y respaldar a los inmigrantes españoles que se buscaban prosperidad en estos lares.

En el año 1874 el general Bartolomé Mitre encabezó una revolución, desconociendo los resultados de la elección presidencial de ese año. La Casa de Azul tuvo problemas de financiamiento debido a la quiebra del Banco Argentino (donde estaban los depósitos de la empresa) y las dificultades para cobrarle a la cartera de clientes. Empero sobrevivió a la crisis.

Asimismo, a pesar de cualquier dificultad, Vicente Pereda fue un férreo promotor del arribo del ferrocarril al Azul, incluso una estación del ramal lleva su nombre.

Aquél mismo año, el levantamiento del general Ricardo López Jordán, en Entre Ríos, deprimió tanto los negocios en esa provincia que Vicente tuvo que cerrar la Casa de Gualeguaychú. Estos acontecimientos políticos y sus efectos económicos, empujaron a Vicente a reorientar los negocios hacia los campos. Así se incorporó al patrimonio las tierras de “Los Manantiales”, campo en el que hizo inmediatas innovaciones para mejorar la calidad de la hacienda. En 1876 adquirió “La Colorada”, como forma de cobro ante la quiebra del Banco Argentino.

 

Dando lugar a las nuevas generaciones    –

En pleno proceso de expansión ganadera, Vicente fue dejando lentamente su rol de líder de los negocios familiares a favor de su hijo Celedonio, quedando en el “rol” de asesor y fuente de consulta permanente.

Continuando con el foco de interés de los negocios en el campo, en 1878, aconsejado por su padre, Celedonio compró en un remate tierras en el partido de Lincoln, donde fundó las estancias “13 de abril” y “El infierno”.

Al año siguiente, Celedonio volvió a encabezar un negocio familiar secundado por Vicente. En la ocasión compró tierras en Trenque Lauquen, recién incorporadas efectivamente al territorio de la provincia de Buenos Aires, donde se poblaron las estancias “San Baldomero” y “Nueva Castilla”.

Doctorado en medicina en 1885 y unido en matrimonio con María Justina Girado -el 7 de septiembre de 1886-, Celedonio tomó definitivamente las riendas de los negocios familiares haciéndose cargo de la contabilidad desde 1888. Por su parte, Vicente fijó residencia en la ciudad de Buenos Aires, aunque nunca dejó de volver y seguir estrechamente vinculado con Azul.

Con la dirección de Celedonio, la empresa familiar multiplicó su patrimonio en tierras. A la estancia “La Encarnación” comprada en Azul en 1884, le sumó “Villa María”, comprada en Máximo Paz en 1895, y otros campos menores. En 1900 compró “La Unión”, y un año más tarde extendió “13 de abril” comprando terrenos linderos.

Volvió a ampliar sus propiedades rurales en 1910, con la compra de “El tunal”, en Salta y “La guampita” en Santa Fe. La riqueza de la compañía familiar Pereda se expresó también en la construcción de un lujoso casco en la estancia “Villa María”, y del “Palacio Pereda” en la ciudad de Buenos Aires.

En 1896, iniciado el período de expansión de la agricultura en la pampa, Vicente aconsejó reducir el stock vacuno en “Los Manantiales”, para arrendar las tierras a chacareros dedicados al maíz. Más tarde, en 1905, Celedonio hará lo mismo en otras estancias para la siembra de trigo.

Los Pereda también invertían en la Bolsa, en acciones del Banco Popular Argentino y del Banco Español. Más tarde se sumaron acciones del Banco Comercial de Azul. Otras inversiones exitosas fueron las realizadas en acciones de la Cooperativa de Seguros “La Azuleña” (1907), la Sociedad “Quebrachales Paraguayos” y la Compañía de “Tranvías Eléctricos del Sud”.

 

Casa “Vicente Pereda”    

Consolidada la “Casa Pereda” –ubicada en Belgrano y Rivadavia-, en 1905 se decidió la construcción de un nuevo edificio en el terreno de la esquina Norte de las calles Belgrano y Colón, terreno que se hallaba desocupado y permitió que la obra fuese erigida con comodidad y amplitud. La obra se concluyó en 1906. Lamentablemente, 16 años después ocurrió el cierre del local comercial, lo que fue un revés significativo a nivel emocional más que económico.

Celedonio atribuyó la quiebra de la Casa a dos malas decisiones. En primer lugar, a la gran inversión en la construcción del nuevo edificio. En segundo, y fundamental, a la desvinculación de uno de sus colaboradores, Marcelino Andía, quien abrió una casa comercial compitiendo en idéntico rubro.

Luego de que el edificio permaneciera por cuatro años absolutamente vacío, Celedonio decidió ceder la propiedad para que funcionara allí una escuela industrial. Conocida en sus comienzos como “Escuela de Artes y Oficios de La Nación”, el establecimiento –cuyo edificio finalmente fue donado- recibió el nombre de “Vicente Pereda”, continuando a través del tiempo funcionando como establecimiento educativo.

 Vicente no presenció el final de su estimada “Casa Pereda” –que llevó su nombre por un tiempo como homenaje-. Falleció en Buenos Aires el 18 de junio de 1914, siendo sepultado en el Cementerio de la Recoleta.

 

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