RELATOS DESDE EL ENCIERRO

Víctor

“Los pájaros nacidos en jaula creen que volar es una enfermedad”. Alejandro Jodorowsky 

Víctor Herrera Peña se despertó en la celda  15 del pabellón 2 de la cárcel de Azul y religiosamente como hace casi cuatro años se asomó por las rejas y miró los caballos flacos que comían pasto cerca del arroyo.

Les hizo un sonido como llamándolos y ellos caminaron lentamente unos metros y siguieron comiendo. La rutina era esperada por los animales que aún eran iluminados por una suave luna que era relevada por el sol en el mismo momento que el vigilante del puesto 6 se retiraba de la guardia en la garita del muro.

Víctor Herrera Peña vivía solo. Su condición habitacional era igual a la de todos. No tenía baño, una manta gruesa tapaba el frío, cama de cemento, colchón usado anteriormente por diez o doce internos en diferentes pabellones y en el reparto mientras se desinfectaba por las cucarachas le tocó ese y todavía lo tiene.

Come lo que hay sino no come. No quiere visitas. No llama a nadie pero alguien lo esperará dentro de diez años cuando termine su condena. Tiene los brazos marcados por cortes. Tatuajes caseros. Pelo rapado a los costados y siempre vestido deportivamente. Y algún Clonazepam para conciliar el sueño nunca viene mal.

En plena lluvia. Un día cualquiera. El minucioso trabajo diario de rascar con un cuchillo los barrotes un poquito, significaron dos golpes secos y casi la libertad.

Víctor Herrera Peña asomó la mitad del cuerpo al vacío y respiro hondo con la cara llovida y una risa contenida y diabólica. Ató unas mantas. Bajó al patio y cruzó esos metros hasta llegar al muro.

Esos días en que todos creían que no pasaba nada, con la lluvia casi lastimando la cabeza trepó lentamente los siete metros que encerraban otro mundo para acariciar una libertad que aún no le correspondía.

Los caballos con el lomo empapado y las patas hundidas en el barro parecían responder solo a los sonidos del reo. Arriba del muro percibió el puesto vacío como lo sospechaba en ese día y horario. Un refusilo a lo lejos iluminó su cuerpo solitario y ojo del vigilante de un puesto lejano logró verlo.

¡Alto quien vive! Disparos al aire y una bajada agresiva hacia el otro lado lo dejó tendido en el piso con el pie derecho esquinzado. Quiso levantarse. El caballo le dio un par de cabezazos pero ya era tarde. Tal vez otro día, en otra cárcel.

(*) Es periodista y escritor. Nacido en Azul, vive actualmente en Olavarría: Este año publicó su séptimo libro, titulado “Crudo”. En esta sección compartiremos textos inéditos que detallan, con ficción y realidad, la vida en contexto de encierro, tanto de empleados del SPB como detenidos.

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