Vida útil

Terminar viviendo una vida estéril es el riesgo más grave que amenaza a todos los seres humanos. Que, sin darse cuenta, van reduciendo la vida a lo que parece importante: ganar dinero, estar informado, comprar cosas y saber divertirse.

Pasados unos años, se pueden encontrar viviendo sin horizontes ni proyectos y fácilmente se logra una alegría hueca o es muy posible que ello origine depresión.

Poco a poco se va sustituyendo los valores que podrían alentar la vida por pequeños intereses que ayudan a “ir tirando”.

Tal vez no es mucho, pero les basta con “sobrevivir” sin más aspiraciones. Lo importante es sentirse bien y mantenerse joven. Esto es confundir lo valioso con lo útil, lo bueno con lo que lo apetece a uno, la felicidad con el bienestar.

Ya se sabe que eso no es todo, pero se trata de convencer de que con eso se basta. Sin embargo, no es fácil vivir así, repitiéndose, alimentándose siempre de lo mismo, sin creatividad, ni compromiso alguno, con esa sensación extraña de estancamiento, incapaces de hacerse cargo del propio sufrimiento y del ajeno, de forma constructiva.

La razón última de esa insatisfacción es profunda. Vivir de manera estéril significa no entrar en el proceso creador, permanecer como espectadores pasivos, no entender nada de lo que es el misterio de la vida, negar lo que hace más semejante al otro, que es el amor compasivo y la entrega generosa.

La pregunta es inquietante.¿Qué sentido tiene vivir ocupando un lugar en el conjunto de la creación si nuestra vida no contribuye a construir un mundo mejor? ¿Qué significa pasar por esta vida sin hacerla un poco más humana?. Criar un hijo, construir una familia, cuidar a los padres ancianos, cultivar la amistad o acompañar de cerca a una persona necesitada…no es desaprovechar la vida, sino vivirla desde su raíz más plena.

La vida tiene sentido si se da un fruto abundante. Si se pasa la vida comparándola con la vida del otro. Si se mira lo que hacen o dejan de hacer los demás, si lo hacen bien o mal, allí es muy posible que se produzca un estancamiento en críticas malsanas y moralistas. Convertir es intentar un crecimiento a los ojos de Dios, expresó el padre Juan Carlos Ormazábal.

Es necesario dejar hablar a la conciencia. Allí, en medio de todas las voces aparecerá la mejor de ellas, que es la voz del que nos creó.

Dice Juan Pablo II, hoy santo: “El hombre debe fructificar en el tiempo, es decir, durante la vida eterna, y no solamente para sí, sino también para los demás, la sociedad de la que forma parte integrante. Sin embargo el hombre debe fructificar simultáneamente también para la eternidad. Y si quitamos al hombre esta perspectiva, quedará una higuera estéril”.

Las palabras de Juan Pablo II impulsan a pensar en la necesidad de la vida útil con horizontes y proyectos. El único camino para lograrlo es si se trabaja para darle un fruto abundante no solamente para si sino también para los demás. Además con la idea de dejar una semilla, y si es posible un fruto. para que sirva de alimento para las próximas generaciones.

Para que la semilla germine es necesario regarla con valores, con actitudes, repitiendo ejemplos que dejó el hijo del creador que buscó el diálogo frente a la lucha, que sembró esperanzas impulsado por el amor. Los seres humanos queremos una vida útil, de servicio con esperanzas y no una vida estéril.

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