PIAZZA BICAMPEÓN

VILLA OLÍMPICA 

La décima estrella para Sportivo Piazza llegó a su palmarés ayer. El empate en cero le permitió ganar el Torneo Apertura de Primera ante Sarmiento y transformarse en bicampeón oficial.

Colegas, amigos y rivales. Está a punto de terminar el partido y Diego Toledo busca, en el área de Piazza, el agónico empate. Finalmente, Barbieri no sufrió consecuencias. FOTOS ADRIÁN GELOSI Una muy nítida ocasión que pudo haber cerrado la final prematuramente. Diego Bedoya llega a posición de gol, Covello no puede interceptar y será Toledo el que resista la caída. Trátame suavemente. Sergio Valdez recibe la infracción de Mera. Piazza logró en Tapalqué el bicampeonato oficial. 
FOTOS NICOLÁS MURCIA
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Una muy nítida ocasión que pudo haber cerrado la final prematuramente. Diego Bedoya llega a posición de gol, Covello no puede interceptar y será Toledo el que resista la caída.

El pitazo final fue la patada en el hormiguero. Se jugaban 52 minutos de un furibundo segundo tiempo cuando Chaparro enfocó el círculo y pitó el final. Como centellas en un tormentoso instante de felicidad, los hombres piazzistas reaccionaron a ese estupendo estímulo como sus emociones lo dictaminaron: corriendo, arrollidándose, trepándose al alambrado, en definitiva, buscando un pecho fraterno para reír abrazado. Sportivo Piazza bicampeón.

Se agotaba la tarde, al menos la mitad de la parcialidad local buscaba la salida del Andrés P. Hargain con la desazón que tienen los subcampeones hasta que el paso del tiempo les otorgue la perspectiva necesaria para valorar la gran campaña, y en todo el barrio Las 31 se escuchaba el grito campeón del villerío emponderado ante una nueva alegría olímpica, el bicampeonato, la tercera final ganada de las últimas cuatro que ha disputado la Primera División. El alambrado era notoriamente insuficiente para separar la alegría de todos los que, en su medida, hacen a un club que ha vuelto a recuperado la costumbre de ganar, que vuelve a disfrutar de una generación dorada (con vivos verdes) de jugadores, una política institucional que ayer alzó una nueva copa. Plena felicidad en la Villa Olímpica.

Hubo un partido antes que Barbieri levantara la copa. Una segunda final que entusiasmó de más a menos (muy menos) y que sirvió para reafirmar una de las facetas más destacadas que posee el ganador del campeonato: la capacidad de controlar a un rival y llevarlo a que, por momentos bastantes vastos, juegue el partido que mejor le conviene. Un cotejo a lo largo del cual, un factor ajeno al mismo comenzó gravitar progresivamente hasta pesar toneladas. Ese gol marcado por Timpanaro en la ida, que en la previa de ayer era considerado apenas un atenuante, fue incrementando su influencia hasta terminar de condicionar el modo en que ambos abordaron este segundo capítulo.

El trajín con el que arrancaron fue un mimo para las expectativas de gran partido que teníamos (aunque como “las finales son finales”, en ellas suele jugarse poquito). Salieron a lastimarse, a dejarle muy en claro al oponente la decisión de imponerse que cada uno sostenía. En ese lapso inicial, la cancha tenía las dimensiones de un fútbol 5, no había espacios ni demasiado tiempo para lograr precisión. El campo de juego no ayudaría en todo el cotejo y pese a ello, querían jugar.

Maxi Timpanaro, de notorio rendimiento, tempranamente surgía como nexo clave con Sergio Valdez, que iba directo contra Toledo; antes de los primeros 10’, “Cubito” le había posibilitado al “Negro” dos mano a mano con el 1. Entre los albicelestes, la expansión de las vertientes de ataque quedaba a entera disposición de Gau y Lamardo (Rodrigo fue el mejor del elenco tapalquense), quienes inicialmente formaban la misma dupla productiva que en la ida. Casañas también comenzaba a delinear una muy buena performance por derecha, pero de momentos se lo incluía excesivamente poco en el entramado ofensivo.

A diferencia del escenario planteado en Azul, esta vez no emergía un monopolizador del juego, y si bien esa inconsistencia se justificaba generalmente en las incertezas, a la vez aportaba al encuentro una dinámica con escasos lapsos de estancamiento.

No había demasiada forma y fijaciones en el bloque de ataque de Piazza. Valdez como vértice, jugando mucho de espalda sobre los centrales, tratando de generar la segunda jugada. Timpanaro era su socio, pero más tendiente a la asistencia. Entre éste y Parodi, durante el primer tiempo, se sucedieron muchas discusiones, como si se generaran superposiciones entre ambos. “Choni” y Sánchez formaban el ‘doble enlace’, Parodi con más dedicación defensiva.

Lo de Sarmiento afloraba por la borda izquierda. Gau –que terminó el partido más preocupado discutir que por jugar– conectaba casi siempre con Lamardo, una pesadilla para Pérez en el primer tiempo. El 11 sarmientista, con la capacidad para valerse de su control y habilidad, era profundo y optativamente iba por el desborde o por la opción interna rumbo al arco. Por el otro sector, Vieytes se encargó que Casañas y García propiciaran que Giménez no pudiera proyectarse y dado que Sánchez no auxiliaba correctamente al 3 (por falta de vocación antes que desobediencia), la estrellita también hallaba allí una vía de avance claro, aunque no lo utilizara en demasía.

El criterio para determinar sanciones de Chaparro (no hablamos de que ignorase los acontecimientos) comenzó a enrarecer los ánimos de por sí alterados dada la circunstancia deportiva. Decidió obviar amarillas e incluso alguna roja y permitió que casi todos los jugadores malentendieran que disponían de licencia para casi todo. Por éste y razones más inherentes al desarrollo, el primer tiempo claudicó con la fricción y la interrupción imponiéndose al matiz inicial, preanunciando lo que nos ofrecería el complemento.

Ante la lógica postura asimilada por Sarmiento, al que el 0-1 ahora sí le ofrecía un mensaje desesperanzador, Piazza tomó una decisión muy atinada para comenzar a cimentar el control que bien efectuaría del complemento. Durante los primeros minutos asumiendo el protagonismo y generando chances tempranas ante Toledo; después, replegándose y abocándose a resistir sin miramientos.

El villero volvió a colocar el juego en la mitad tapalquense, con la pelota corriendo por los costados y muy cerca de abrir el marcador. En tanto, el local no conseguía darle a su rival la señal necesaria para hacerle ver (o imaginar) que cierta letanía que mantenía el trámite iba a durar poco, que tenía con qué ponerse al frente.

De manera más notoria que en la etapa anterior, de cierta fluidez que evidenciaba ese principio pasamos a un desarrollo que no se desarrollaba, donde cada encuentro entre dos rivales era una ocasión para chicanear, simular agresiones e intimidar al juez para que amoneste al otro. El tiempo corría, el juego no.

Sarmiento se valía del retroceso piazzista –que se partía para amurallar su área– y disponía del balón, pero no traducía en profundidad. Gau no ejercía su lucidez, Lamardo estaba muy cansado y los cambios que decidió el entrenador no aportaron refresco ni ideas. Para la visita había comenzado ya la tarea de interpretar la locura sarmientista y jugar en consecuencia, fundamentalmente en las salidas rápidas y sin mucha resistencia que ahora comandaba Travi, ingresado a poco del final.

Fue evidente y lo reconocieron los propios jugadores ya en tiempo de festejo. El 0 a 0 era vuelta olímpica para Piazza y en pos de su resguardo, el donar alguna pelota al barrio no debía poner colorado a nadie. Y con esa decisión, el ahora bicampeón del fútbol azuleño frustró a un rival descolocado, que si bien pudo llegar a los penales con un cabezazo de Covello, en tiempo adicionado, pareció haber asimilado su impotencia y aceptar al campeón. De igual modo que toda la multitud entendió que este mano a mano era una fiesta del fútbol azuleño, optando por sumarse con aplausos y reconocimiento a propios y ajenos.

LA FIGURA 

Maximiliano Timpanaro

La mirada global lo tiene entre los mejores de la final (junto con Lamardo, Esteban Valdez y Lucas Iztueta). “Cubito” manejó la batuta y propició muy buenas chances de gol en el primer tiempo. En el complemento, con el arrebato sarmientista, Timpanaro se plegó a la marcación y a la distracción del balón para desinflar el partido.

 

 

 

Campeones oficiales

Año Campeón

1939 Cemento Armado

1940 Sportivo Azul

1941 Sportivo Barracas

1942 Sportivo Barracas

1943 Cemento Armado

1944 Boca Juniors

1945 Alumni Azuleño

1946 Azul Athletic

1947 Azul Athletic

1948 No se disputó (1)

1949 Alumni Azuleño

1950 Alumni Azuleño

1951 Sportivo Piazza

1952 Sportivo Piazza

1953 Alumni Azuleño

1954 Boca Juniors

1955 Alumni Azuleño

1956 Alumni Azuleño

1957 Boca Juniors

1958 Boca Juniors

1959 Alumni Azuleño

1960 Cemento Armado

1961 Cemento Armado

1962 Alumni Azuleño

1963 Vélez Sarsfield

1964 Unión Chillar (2)

1965 Azul Athletic

1966 Cemento Armado

1967 Cemento Armado

1968 Alumni Azuleño

1969 Alumni Azuleño

1970 Alumni Azuleño

1971 Alumni Azuleño

1972 Boca Juniors

1973 Boca Juniors

1974 Boca Juniors

1975 Alumni Azuleño

1976 Alumni Azuleño

1977 Alumni Azuleño

1978 Chacarita Juniors

1979 Azul Athletic (3)

1980 Azul Athletic

1981 Alumni Azuleño

1982 Deportivo Sarmiento (4)

1983 Azul Athletic

1984 Azul Athletic

1985 Sportivo Piazza

1986 Sportivo Piazza

1987 Alumni Azuleño

1988 Alumni Azuleño

1989 Azul Athletic

1990 Sportivo Piazza

1991 Alumni Azuleño

1992 Azul Athletic

1993 Azul Athletic

1994 Alumni Azuleño

1995 Alumni Azuleño

1996 No se disputó (5)

1997 Sportivo Piazza (6)

1998 Azul Athletic

1999 Azul Athletic (7)

2000 Alumni Azuleño

2001 River Plate

2002 Azul Athletic

2003 Sportivo Piazza

2004 Azul Athletic

2005 Chacarita Juniors

2006 Azul Athletic

2007 Chacarita Juniors

2008 Alumni Azuleño

2009 Alumni Azuleño

2010 Sarmiento de Tapalqué

2011 Cemento Armado

2012 Chacarita Juniors

2013 Chacarita Juniors

2014 Sarmiento de Tapalqué (A) (8)

2014 Chacarita Juniors (C) (8)

2015 Alumni Azuleño (A) (9)

2015 Sportivo Piazza (C) (9)

2016 Boca Juniors (A) (10)

2016 Sportivo Piazza (C) (10)

2017 Sportivo Piazza (A) (11)

Notas

(1) No se disputó en razón de la campaña realizada por el combinado azuleño en el Campeonato Argentino.

(2) Unión Chillar se integró con dirigentes chillarenses pertenecientes a varias entidades, sin tener registro con ese nombre, y formó un equipo con mayoría de jugadores provenientes del fútbol profesional.

(3) Ese año Alumni desistió de jugar la final con Azul Athletic, por el fallecimiento de su presidente Adolfo Toscano, por lo que la Liga le otorgó el título a su tradicional rival.

(4) Sarmiento de Tapalqué fue campeón tras protestar un partido a su rival de ciudad, Atlético.

(5) Alumni campeón del Apertura y Piazza del Clausura, decidieron no jugar el encuentro final.

(6) El torneo Clausura ganado por Piazza se jugó con un reducido de 3 equipos: Alumni, Piazza y River, habiendo desistido de intervenir las restantes entidades afiliadas.

(7) Se jugó un torneo Apertura a 1 rueda y un Clausura con 4 equipos, jugando la final Azul Athletic y Alumni, venciendo los primeros por 1 a 0.

(8) En el 2014 se consideró como campeón el ganador de cada uno de los Torneos que se disputó.

(9) En el 2015 se consideró como campeón al ganador de cada uno de los Torneos que se disputó.

(10)           En el 2016 se considerará como campeón al ganador de cada uno de los Torneos que se disputó.

(11)           En el 2017 se considerará como campeón al ganador de cada uno de los Torneos que se disputó. Piazza ganó el Apertura y resta jugarse el Clausura.

 

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