TORNEO CLAUSURA DE PRIMERA DIVISIÓN

Y la banda se sigue formando, mientras gana

River obtuvo su segundo triunfo en el certamen, ahora ante Independiente de Chillar en el Waddío Hesayne. Supo reponerse a medio tiempo adverso, aprovechó algunas buenas intervenciones de Duarte y se impuso a un equipo que en escasas ocasiones logró atravesar el límite de la insinuación. El elenco riverplatense es escolta de Piazza en la Zona B.

Tocar el cielo. Vignale festeja su gol, el primero de River en su estadio ante Independiente. 6 puntos suma la banda roja en el torneo.
FOTOS NICOLÁS MURCIA
Yo por acá, vos por allá. Morales esquiva a Marmoullet. El 7 de River anotó el segundo gol, momento a partir del cual ya no hubo dudas respecto al triunfo para el conjunto local.
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Yo por acá, vos por allá. Morales esquiva a Marmoullet. El 7 de River anotó el segundo gol, momento a partir del cual ya no hubo dudas respecto al triunfo para el conjunto local.

Va haciendo su caminito River, con bajo perfil y alejado de las luces que alumbran otras marquesinas. Un equipo muy laborioso, que parece muy conciente del período que atraviesa, y que trabaja mucho para poder brindarle a Duarte y el ámbito propicio para que haga diferencias. Ayer estuvo muy lejos de descollar el 10, pero cuando pudo timonear el ataque, la banda roja jugó mejor y dos de sus compañeros recibieron sus asistencias para convertir.

Ayer no había comenzado bien las cosas para el conjunto de Mastantuono, ya que Independiente lo dominaba y lo condicionaba a la constancia defensiva. Tempranamente se lo vio a River muy expuesto en defensa, a mano a mano sus centrales ante Malabia y Daffara, muy veloces y dispuestos a ese uno a uno. Independiente sostenía el juego en mitad riverplatense, no tanto por la tenencia sino que lograba hacerse de la pelota a poco de que su rival intentaba salir (casi siempre buscando a Prezioso) y la recuperación, muy rápidamente trocaba en senderos profundos hacia Albarracín. No obstante, no se sucedían grandes inconvenientes para el 1 de River.

Habiendo sobrepasado los 25 minutos, comenzaba a presumirse que el elenco de Chillar no había exprimido su momento en la disputa, y que la banda roja, poco a poco, escapaba de la circunstancia adversa y la gravitación de Duarte comenzaba a ser una buena noticia. El contexto se apreciaba diferente: Echevers ya no se enloquecía a diestra y siniestra y Prezioso y Basaure, el doble 5 anfitrión, podían imponer condiciones, especialmente “Huguito”, que lanzando desde el  círculo ahora acertaba corridas vacías de sus compañeros. Cuando Prezioso jugaba en corto de manera centralizada (allí se encontraba con Duarte), la espalda de Martín Bordón auspiciaba muy buenas alternativas para el “millo”.

Algo de todo esto se dio cuando River festejó el primer gol: el “Gordo” halló la bocha sobre la derecha, con permisos varios en tres cuartos; lanzó por sobre toda la defensa roja que optó por clavarse fuera del área y levantar la mano. El asistente habilitó la solitaria carrera de Franco Vignale, quien desairó al arquero y empujó al gol.

River había sabido revertir un escenario desfavorable, que no multiplicó su perjuicio porque el conjunto chillarense insinuó mucho pero concretó casi nada.

No surgieron variantes en el devenir del lapso inicial del complemento. Se neutralizaban y daban forma a un magro partido, si bien (como una suerte de aliento) configuraban un intercambio de avances que auguraba que algo más –de los hechos fundamentales de un cotejo– iba a acontecer. Es decir, no llegaban a gustar pero ilusionaban.

Hubo similitudes entre un gol y otro, al menos en la gestación y en el gestor: Duarte. De nuevo por derecha y en campo chillarense, recibió sin rivales a los que ahuyentar y optó por tomar la diagonal; fue unos pocos metros, hasta que decidió mandar un centro preciso hacia el punto penal, donde Luciano Morales controló con el pecho e inmediatamente cruzó por bajo un remate rasante (tal vez algo pifiado) que venció a

Ferreyra a su diestra.

Fue este segundo tanto el que terminó de disponer el desarrollo del encuentro al gusto y las necesidades de River. Había conseguido delimitar un escenario muy favorable –el resultado a favor y un rival que no alcanzaba a generarle opciones reales de peligro– y sabía cómo manejar ese tiempo muy beneficioso. Mastantuono advirtió ese lapso como propicio para mandar dos “juveniles” a la cancha: Guillermo Pérez y Germán “Chachi” Acuña, de nuevo al ruedo en el reducto riverplatense luego de mucho tiempo (ante Sarmiento, el domingo pasado, interrumpió un período de unos 10 meses sin jugar), habiendo dejado atrás lesión, operación y nueva lesión. El volante le aportó otro calibre al control del juego, intentó quitarle el ritmo típico del equipo y entendió que lateralizar, en ese instante, resultaba muy atinado.

En esa tesitura, el juego en el Waddío Hesayne fue extinguiéndose sin anomalías. Mientras que Independiente agotaba ingenio y despliegue para alumbrar ocasiones agónicas, sosteniendo el desequilibrio en sus atacantes pero sin que Albarracín lo padeciera, River aceleraba el reloj en un ejercicio de administración de las ventajas consumadas, ya no demasiado interesado (aunque no hubo una renuncia explícita) en buscar el tercero y tallando progresivamente la figura de un nuevo triunfo, el segundo consecutivo en lo poquito que lleva contado el Clausura.

LA FIGURA

Marcelo Duarte

Harto complicado el trámite de este encuentro como para que la opinión de “figura” emerja sin rebates. Marcelo Duarte aportó el par de asistencias en sendos goles millonarios y, además, luego de pasar un largo lapso de intrascendencia, comenzó (en el tramo final del primer tiempo) a asumir la conducción del equipo. Justo a tiempo para que River se imponga.

 

 

 

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