A DIEZ AÑOS DE UN CRIMEN QUE CONMOVIÓ A LA SOCIEDAD AZULEÑA - CLAUDIA FIORENZA

“Yo prefiero pensar que algún día voy a volver a ver a mi hijo”

“Juan era un chico que jamás se hubiera quitado la vida. Él amaba, adoraba la vida”, señaló su mamá Claudia Fiorenza.
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“Juan era un chico que jamás se hubiera quitado la vida. Él amaba, adoraba la vida”, señaló su mamá Claudia Fiorenza.

Una década después de que Juan Latrónica fuera asesinado, el recuerdo del joven sigue vivo en su madre. “La muerte de mi hijo me sirvió para acercarme a Dios. Hasta ese momento yo no deseaba que cuando me muriera hubiera otra vida. Y hoy deseo que la haya para encontrarme con él”, afirmó.

Poco antes de las seis de la tarde de un día gris y lluvioso, Claudia Rosana Fiorenza llega a la Redacción de EL TIEMPO abrazada a una carpeta. Y cuando en la sala “Miguel Oyhanarte” de este diario ella se sienta para comenzar con esta entrevista, inmediatamente comienza a desparramar sobre el escritorio un montón de fotos que tienen como el principal protagonista -en diferentes instancias de su vida- a su hijo Juan, “el más grande de los dos que tuve, el único varón”.

Afuera, el cielo gris y esa lluvia que cae cuando el día de anteayer ya se va volviendo noche parecen acompañar, desde el costado más lúgubre y triste, una jornada que no es una más para ella.

Este viernes que pasó se cumplieron diez años desde que su hijo fue asesinado de una puñalada en la puerta del club River de esta ciudad, mientras aguardaba para ingresar al lugar en las inmediaciones, a la espera de la entrada que un rato antes un amigo suyo había ido a sacar a la boletería.

Esa noche, como tantas otras veces lo había hecho, Juan Antonio Latrónica asistió a uno de los bailes que por esa época solía organizar en el club, situado en una de las esquinas de Corrientes y Necochea, el Centro de Estudiantes de la Facultad de Agronomía local que depende de la UNICEN.

Por aquel entonces, el hijo mayor de Claudia Fiorenza y Antonio Vicente Latrónica tenía 21 años.

Mientras ella muestra esas fotos de Juan, recuerda que en mayo de 2007 el joven “se había anotado acá, en la Facultad de Derecho”.

“No tenía algo definido. Entonces, era como que iba probando. Había estudiado también Tecnicatura en Apicultura, estaba trabajando para el INTA y había hecho un año de Odontología en La Plata. En realidad, había estado acompañando a la novia y como para hacer algo estudió eso. Le iba muy bien. Pero no era lo de él y se volvió. Y justo cuando se volvió fue que pasó lo que pasó”.

Además de practicar  taekwondo -entre las fotos que Claudia muestra de su hijo hay varias donde se lo ve desarrollando ese arte marcial, otras de cuando se recibió en el Secundario y del viaje de egresados a Bariloche-, su mamá contó que el joven, cuando lo asesinaron, “trabajaba en las colmenas con el papá”.

El día a día

-¿En qué lugar la encuentra todo esto hoy como madre, a diez años del asesinato de su hijo?

-Es muy difícil el día a día. Es una cosa que la tenés ahí, todos los días. Él fue mi primer hijo y mi único varón. Después la tuve también a Jimena. Ahora ella está casada y tiene dos chiquititos. Y mi nieto varón es mi locura, mi adoración. Y la nena también, que tiene cinco meses. Al nene recién lo llevamos a taekwondo. Mirá cómo es la vida. Él va también a taekwondo y le gustan las artes marciales, como al tío. Y a mí me hace recordarlo muchísimo a Juan. El año pasado terminé el Secundario. De chica sólo había ido hasta segundo año y después me casé muy joven, nacieron mis hijos e hice vida de ama de casa. Por eso ahora, que tengo 52 años, me dedico a mis nietos, a disfrutarlos lo máximo que puedo.

-¿Cómo se transita por un dolor tan inmenso e interminable como es perder a un hijo?

-Los primeros cinco años estuve muy medicada y con atención psiquiátrica. Pero un día no pude tomar más la medicación. Ahí empezó una lucha. Al principio sólo querés dormir. Es como que no querés ver la realidad. Pero después tuve que ir asimilando y trabajando todo esto día a día. Lo hice apoyándome en Dios, porque no te queda otra cosa. Yo tengo mucha fe.

-¿Y qué le dice esa fe que tiene?

-Cada cual tiene sus creencias y la gente tal vez puede llegar a tomarme por loca con esto que digo: yo prefiero pensar que algún día voy a volver a ver a mi hijo. Y eso me mantiene viva.

-¿Cómo recuerda a su hijo todos los días?

-No hay un día en que diga hoy me olvidé de Juan. Todos los días él está ahí. Está en mi mente. Me pregunto por qué pasó lo que pasó todos los días. Tal vez sea así porque él fue asesinado. Lo que te cuesta más es resignarte a eso, a que lo mataron, algo que me pregunto siempre por qué pasó. Tal vez uno no entienda los ciclos de las personas en la tierra. Pero no lo sé… Yo no me imaginé jamás que uno de mis hijos se podía morir antes que yo. Juan era un chico que jamás se hubiera quitado la vida. Él amaba, adoraba la vida. Tenía deseos de ayudar a los chicos pobres. Me lo dijo una vez. Y no era rico. Pero, pobrecito, no lo dejaron…

-Hoy, a diez años de la muerte de Juan y teniendo en cuenta todo ese tiempo que ya ha transcurrido, ¿cree que está en un lugar menos doloroso en comparación con ese del principio al que se refería antes?

-El tiempo ayuda bastante. Se va mejorando con el tiempo. Pero esto es algo que te pasa a vos, lo que vos sentís. No es fácil decir me cambio de vereda y lo miro desde otro lugar. Esto está ahí y el dolor está ahí, siempre. Uno trata de estar bien porque tenés otros afectos, como por ejemplo mis nietos ahora. Ellos hacen que vos sigas, que te den ganas de vivir.

-¿Hay algo de enseñanza en todo esto que sirva para decir que la muerte de su hijo la ayudó desde algún lugar?

-La muerte de mi hijo me sirvió para acercarme a Dios. Hasta ese momento yo no deseaba que cuando me muriera hubiera otra vida. Y hoy deseo que la haya para encontrarme con él. Por ahí pueden decir que estoy loca. Pero es lo que siento. Lo mío ahora es espiritual, más allá de lo terrenal.

-¿Todavía hoy siente ese acompañamiento de la gente, como hace diez años cuando este crimen ocurrió?

-A mí por ahí la gente mucho no me reconoce. Algunos sí. Si yo conozco gente y le digo quién soy, que no lo hago siempre, reacciona. Ahí sí. Yo creo que la gente se olvida. Pero es natural. Nos olvidamos. Hay hechos que te impactan, te afectan, te duelen… Pero después uno sigue su vida. Y yo sigo con mi dolor, por más que otros se olviden. Porque es así.

El dato

En el muro de su cuenta de Facebook, Claudia Fiorenza escribió el pasado viernes: “Hoy se cumplen diez años sin vos hijo mío. Y me sigo preguntando por qué. Ya no tengo palabras. Sólo quiero decirte que te amo y que estás todos los días de mi vida en mis pensamientos. Recreo momentos y una sonrisa viene a mi cara junto con una lágrima y un reproche a esta vida que me ha tocado vivir y que a vos te fue negada. Te amo. Toda tu familia te ama. Siempre estarás presente Juan Antonio”.

 

“SERÍA UN GRAN ALIVIO QUE NO LO CONOZCA” 

 Claudia Fiorenza y Antonio Vicente Latrónica, los padres de Juan, abrazados el día del anuncio del veredicto del juicio.
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Claudia Fiorenza y Antonio Vicente Latrónica, los padres de Juan, abrazados el día del anuncio del veredicto del juicio.

-¿El juicio como lo vivió?

-Lamentablemente no me acuerdo de quienes eran los testigos, de la gente que estuvo ni de los familiares del chico. Tengo un recuerdo muy vago de alguno. El impacto fue ver al abogado defensor de él. Me decía a mí misma cómo podían defender algo que era tan indefendible. Pero bueno, es así. Pero después estuve completamente tranquila porque la gente nos acompañaba.

-¿Se quedó conforme con lo que pasó en el juicio?

-Sí, me quedé conforme. Pero después hubo apelación y le bajaron la condena. O sea que estamos hablando de que este individuo no sé si llegará a estar preso diez años más. Ya lleva diez.

-¿Se imagina la idea de que algún día se lo pueda cruzar de nuevo?

-No creo que lo conozca. Y la verdad que sería un gran alivio que no lo conozca… El tema es que no vuelva a repetir lo que hizo.

 

 AQUEL SILENCIO QUE FUE MASIVO Y CONMOVEDOR

 -El 25 de mayo de ese mismo año 2007 en que Juan fue asesinado hubo una movilización que hasta hoy es inédita en esta ciudad si se toma en cuenta, por ejemplo, la cantidad de gente que hubo acompañándolos a ustedes. ¿Cómo vivió todo eso?

-Fue algo que no me hubiera imaginado nunca. Por empezar, nunca me imaginé que iba a pasar lo que pasó con Juan. Ya de por sí, jamás imaginé semejante cosa. Y con respecto a la marcha, yo estaba muy mal. Habían pasado sólo unos días de su muerte y yo estaba completamente en otro mundo. Cuando salí de mi casa y ví tanta gente que empezó a caminar con nosotros… No me lo olvido más. Después, cuando íbamos pasando por la Escuela 2, estaba toda esa gente que nos esperó y también empezó a caminar con nosotros. Yo creía que habían ido sólo a mirar. Pero no, se fueron agregando a la marcha. Fue tan silenciosa, tan respetuosa… Eso, la verdad, me conmovió.

-¿Hoy piensa que sirvió para algo todo lo que pasó y las repercusiones que tuvo el homicidio de Juan?

-Esa marcha fue una reacción natural y espiritual de la gente. Pero no, de mucho no sirvió. Acá en un boliche no te hacen un cacheo. No hicieron lo que tenían que hacer. La gente sigue con riesgo. En otros bailes han intentado apuñalar a chicos. Una o dos veces creo que hubo problemas así. A esa marcha que se hizo, yo la tomo como algo espiritual. La gente reaccionó porque pensó que podría haber sido el hijo de cualquiera de los que fueron a esa marcha el que podrían haber matado. Mucha gente creo que reaccionó por eso.

 

A DIEZ AÑOS DE UN CRIMEN QUE CONMOVIÓ A LA SOCIEDAD AZULEÑA –

ESA NOCHE EN LA QUE SU HIJO JUAN NO REGRESÓ

Las manos de una madre, entrelazadas y cerca de fotos que recuerdan a un hijo que ya no está.
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Las manos de una madre, entrelazadas y cerca de fotos que recuerdan a un hijo que ya no está.

-¿Qué recuerda sobre aquella noche en que su hijo fue al club River, a ese baile donde finalmente terminó siendo asesinado?

-Antes de que se fuera, me acuerdo que Juan estaba mirando televisión. Y yo, como si fuera una despedida, fui a la pieza de él y me acosté en la cama a su lado. Después nos saludó a los dos, al papá y a mí, y se fue. Él iba siempre a esos bailes que hacían en River. Me acuerdo que ese día también había ido a taekwondo. Después, cuando vine del velatorio, le lavé y le tendí el equipo, que había quedado en el lavarropas. A las cinco de la mañana creo que era, más o menos, Antonio se levantó. Yo le pregunté: “¿Ya te levantás?”. Y él me respondió que había venido la Policía a decirle que hubo una pelea y que Juan estaba en el hospital.

-¿Antonio ya sabía en ese entonces que Juan había fallecido?

-No. Yo creo que la Policía sólo le dijo eso, que fuera al hospital. Por lo menos eso fue lo que él me dijo a mí. Los dos fuimos caminando. A mi el corazón era como que se me saltaba. Como madre me iba diciendo: “Si está en el hospital es porque algo pasa”. Yo supuse enseguida que mi hijo estaba mal, que algo grave le había pasado. Y fue así.

-¿Y qué pasó cuando llegaron al Hospital Pintos?

-Cuando entramos estaban todos muy serios. Y cuando vino la doctora, nos dijo que no habían podido hacer nada. Yo te juro que me quedé dura. No podía reaccionar. No pude entrar ni siquiera a verlo. Antonio sí entró. Y cuando salió, estaba enloquecido. Yo traté de mantenerme calma. Pensaba en las abuelas de Juan, que se iban a morir infartadas con semejante noticia que nos habían dado. Pedí que no les dijeran nada, que las llevaran al hospital, que las medicaran y que recién se lo dijeran ahí. Y así lo hicieron.

 

 

 

 

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2 Comments

  1. EL BARBARO

    Mayo 21, 2017 at 4:56 pm

    TERRIBLE RELATO MAMA¡¡¡¡LA ACOMPAÑO EN SU PESAR Y SENTIMIENTO¡¡¡

  2. Pablo

    Mayo 21, 2017 at 8:44 pm

    Comparto tusdichos Barbaro.Agrego…esto …..en parte es consecuencia de proteger a los victimarios y no a las victimas,con tantos años de mentiras y mal aplicaciones de los derechos humanos

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