14 de septiembre de 2026
Escribe:
María Carolina Ponce (*)
Especial para El Tiempo
Septiembre se tiñe de amarillo para recordarnos algo urgente: la necesidad de detenernos a mirar, escuchar y abrazar la fragilidad humana. Es el mes dedicado a la prevención del suicidio, una fecha que nos convoca a visibilizar ese dolor profundo, agobiante e insoportable que algunas personas transitan cuando sienten que no hay otra salida, y a poner en palabras aquello que muchas veces se esconde bajo el silencio.
El verdadero motivo: apagar el sufrimiento, no la vida.
Es fundamental comprender que quien llega a una situación límite y se suicida no busca la muerte en sí misma; lo que busca, desesperadamente, es poner fin a un sufrimiento que le resulta intolerable. No es un deseo de no vivir, sino la única salida que encuentra una persona abrumada para abordar un dolor que ya no sabe cómo transitar ni cómo calmar. Comprender esta diferencia es clave para dejar de juzgar y empezar a mirar con una profunda y genuina empatía.
Las máscaras del sufrimiento:
El dolor emocional no siempre se presenta con la tristeza evidente de las lágrimas o el aislamiento físico. A menudo, adopta una máscara silenciosa: la de quien sonríe, trabaja, cumple con sus obligaciones y sigue adelante. Detrás de esa aparente normalidad puede esconderse una vulnerabilidad infinita. Por eso resulta fundamental no minimizar jamás el sentir ajeno, ni desestimar el desgano, el aburrimiento o el agotamiento extremo. Validar las emociones del otro -creerle cuando dice que no puede más, mirar más allá de lo superficial- es el primer acto de amor y cuidado.
El poder de los vínculos y la palabra: la salud mental no es sólo un asunto individual; es un tejido que se sostiene en la trama de los vínculos. Necesitamos cultivar relaciones sanas, maduras y basadas en la ternura, aquellas que fortalecen la autonomía, la estima propia y nos devuelven el reflejo de que somos importantes para alguien.
Frente al dolor que ahoga, la palabra se alza como una tabla de salvación. Expresar lo que nos pasa, ponerlo en palabras, escribirlo o compartirlo con un otro rompe el aislamiento. Los seres humanos no estamos hechos para vivir en soledad; estamos hechos para el encuentro, para la mirada cómplice y para la red que nos sostiene cuando las fuerzas flaquean.
Señales para estar atentos:
-El repliegue repentino y el encierro prolongado en la soledad.
-Los cambios drásticos en el humor o en los hábitos cotidianos.
-La pérdida de interés por aquello que antes generaba entusiasmo.
-Las expresiones sutiles o directas sobre el cansancio extremo de vivir.
Si notas que alguien se apaga, no mires hacia otro lado: acércate, pregunta, ofrece tu presencia sin juicios. Un "estoy acá" o un "no estás solo" puede cambiar algo.
(*) Lic. en Psicología. Matrícula Provincial 52.174.
Con una variada agenda que combina el talento local y nacional, la ciudad se prepara para vivir jornadas a pura emoción. Delicias visuales, encuentros literarios, grandes funciones en el Teatro Español y el pulso teatral del Festival Avenencia marcan el ritmo de un fin de semana imperdible.
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