21 de junio de 2020
La que sigue es la historia de vida de una familia que, luego de haber atravesado situaciones complejas, lo único que anhela es la felicidad. Quien la cuenta es un docente de psicología que convive con su hija Azul Morena y su marido Ignacio Navas.
Por Laura Méndez de la Redacción de EL TIEMPO
En el marco del Día del Padre, EL TIEMPO conversó con Matías Goicochea, papá de Azul Morena, de 15 años. Ella creció junto a su mamá y su papá hasta los dos años, cuando su padre, viviendo en Mar del Plata, se dio cuenta que "miraba más a los chicos que a las chicas". Hace un tiempo, Matías formó pareja con Nacho, con quien se casó. Hoy, la menor vive feliz con su papá y su marido, a la vez que mantiene una excelente relación con su mamá y sus hermanos.
En el transcurso de la entrevista, Matías, que da clases de psicología y es instructor de ritmos latinos, contó que siente que pudo cumplir un desafío que se propuso para su vida, "ser un ejemplo para mi papá". La mención no es casual, según sus palabras, viene "de una familia 'compleja' en la cual la figura paterna no existió". Azuleño, junto a 4 hermanos fue criado y educado por su mamá, ya que su padre no se hizo cargo.
"Como yo no tengo papá, se esperaba de mí que repita la misma historia, que era el abandono de mi hija y no sucedió. Eso me hirió, porque fue al revés, a raíz del abandono de mi padre, yo aprendí a ser mejor padre. Siempre digo: aprendí a ser un ejemplo para mi papá y no mi papá al revés", reflexionó.
"Me emociono de solo pensar que voy a hablar de las dos personas que quiero más en mi vida", dijo cuando se lo llamó para concretar la entrevista, en referencia a su hija Morena y su marido "Nacho", con quienes convive.
Su paternidad
Matías fue papá a los 17 años y tuvo que buscar un trabajo estable. Se fue a Mar del Plata y los fines de semana viajaba a Azul para ver a su hija y a Gabriela, la mamá de la nena.
Estando en la ciudad balnearia, comenzó a "descubrir", según sus palabras, que le gustaban los chicos y comenzó toda una odisea: "admitir que uno es homosexual y enfrentarse a uno mismo, a la familia y a una hija no fue nada fácil". "Una vez que me acepté como soy, pude ser feliz, contándoselo al mundo", complementó.
"Volví a Azul y me separé de la mamá de mi nena. Después estuve en pareja por cinco años y, posteriormente, lo conocí a Nacho, que también es docente como yo", continuó su relato. "Estuvimos de novios 5 años y en el 2008 decidimos casarnos".
Consultado sobre la reacción de su hija Morena ante los cambios en su vida, Matías contó que "nunca se lo tuve que explicar, porque nunca se lo oculté, lo viví con normalidad". "Las nuevas generaciones son diferentes, ella lo tomó muy bien. Es decir, hablarlo con su mamá fue lo más difícil, porque a mí no me ocurrió que dejé de querer a Gabriela, sino que descubrí otra preferencia sexual", describió.
En ese contexto, el entrevistado reconoció que para todo el núcleo familiar, la situación en ese momento fue compleja y dolorosa: "iba en contraposición a lo que uno creó, porque uno formó una familia y después la tiene que 'desarmar' para otra cosa, a los dos años de la nena". En contraposición, confiesa: "Nunca me imaginé viviendo con un hombre y con mi hija. Es algo que deseaba mucho, pero no lo planifiqué, se fue dando naturalmente. Eso es lo mejor, porque se hizo realidad como un sueño, hoy estoy cumpliendo un sueño".
"Mi hija ya vivía conmigo desde sus 10 años, es mi única hija, y la mamá tiene más hijos. Y cuando me casé, recién ahí 'Nacho' convivió conmigo", aclaró. Emocionado, contó que "en los votos matrimoniales, él se comprometió a casarse conmigo y con mi hija, que es la parte más importante. Ellos se llevan muy bien".
"De la misma manera que nunca me vino con una queja, ni con un planteo, cuando le preguntan con quién vivís, ella siempre cuenta que vive con sus dos papás. Todos tenemos una buena relación con la mamá. Es otra generación. Tienen otra cabeza", reflexiona con un dejo de orgullo.
Prejuicios
En el tramo más amargo de la historia, Matías se refiere a "los patrones en la sociedad, que siguen estando y es muy difícil romper con eso". "Es casi absurdo tener que contarle a mi propia familia, a mi mamá, a mis hermanos sobre mis preferencias sexuales. Es raro, es algo que me sigue haciendo ruido", menciona. "Cuando salimos a cenar o tenemos alguna salida con mi marido y con la nena, si hay un abrazo o una mirada de más, ya hay una mirada distinta por parte de la gente. Es decir, las personas siguen juzgando este tipo de cosas y uno no lo puede vivir con naturalidad como quisiera", ejemplifica.
En este punto, me permito una reflexión. Los adultos tenemos herramientas para poder sobrellevar situaciones así, pero como sociedad deberíamos tener en cuenta que nuestros prejuicios pueden terminar afectando a menores, a quienes deberíamos resguardar.
Para terminar fue consultado sobre si les gustaría adoptar en algún momento. Expresó que "sí, lo pensamos, tenemos ganas, ojalá que se den las cosas para que eso suceda".
A la Presidencia del legislativo local se elevó un informe por parte de la concejal representante del Concejo Deliberante en el EMTUR (Ente Mixto de Turismo). La edil Natalia Colomé, de esa manera, dio cumplimiento a lo establecido en la Ordenanza N° 5286 del 2026.
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