7 de octubre de 2026
Alumnos y docentes de la Escuela de Educación Secundaria Técnica N° 1 de nuestra ciudad trabajan en la elaboración de madera plástica a partir de tapitas y otros residuos. "La preocupación por la contaminación y, particularmente, por la cantidad de plástico que se descarta diariamente fue el punto de partida del proyecto", explicó a EL TIEMPO la docente a cargo del proyecto.
El proyecto impulsado en la Escuela de Educación Secundaria Técnica N° 1 "Cnel. Pedro Burgos" de Azul combina educación ambiental, reciclado y trabajo solidario, con el objetivo de reparar mobiliario escolar y avanzar hacia la producción de nuevos elementos. Para ampliar la iniciativa necesitan un horno de mayor capacidad y continúan recolectando materia prima.
Este Diario entrevistó a la
docente Jorgelina Alvarado, a cargo de la materia Laboratorio de Procesos
Industriales de la tecnicatura en Química. En este caso, el proyecto surge con
los alumnos de Quinto año Primera división. "Es un proyecto que tiene un fuerte
componente pedagógico -explica la docente-, ya que la propuesta también se
relaciona con otros trabajos que realizan los estudiantes, como la elaboración
de productos y prototipos que requieren diferentes materiales; y se articula
con estudiantes de la orientación Maestro Mayor de Obra, generando un trabajo
conjunto entre distintas áreas. Ellos hacen unos bicicleteros de cemento y
nosotros les estamos haciendo a escala las tablitas para el encofrado, van a
usar esas tablitas en vez de madera. Es algo en conjunto y que se puede volver
a utilizar, todos los recortes son reutilizables".
La posibilidad de que los
alumnos participen de todo el proceso -desde la recuperación del residuo hasta
la transformación y utilización del material- convierte al proyecto en una
experiencia concreta de aprendizaje. No se trata solamente de hablar sobre
reciclado o contaminación, sino de trabajar sobre un problema ambiental y
buscar una respuesta desde la propia escuela.
Alvarado manifiesta que "la
preocupación por la contaminación y, particularmente, por la cantidad de
plástico que se descarta diariamente fue el punto de partida del proyecto. A
partir de observar los diferentes usos que pueden tener algunos residuos, los
estudiantes comenzaron a investigar alternativas para reutilizarlos y darles
una nueva vida".
Así surgió el contacto con
una persona de Santa Fe, vinculada a una fábrica de madera plástica, que
permitió conocer las posibilidades que ofrece este material y trasladar la experiencia
al ámbito educativo.
El resultado fue la puesta
en marcha de un proceso mediante el cual las tapitas y otros plásticos pueden
transformarse en tablas, que luego son utilizadas para distintos trabajos
dentro de la institución. "Nosotros vimos que las botellas las utilizan, pero
las tapitas no, entonces los chicos se pusieron a investigar", explicó la
docente al referirse al comienzo de la experiencia.
La propuesta apunta a que
los residuos dejen de ser considerados simplemente basura y puedan convertirse
en materia prima para nuevos productos.
Un proceso artesanal
que necesita crecer
Actualmente, una de las
principales dificultades del proyecto es la capacidad de producción. La escuela
cuenta con un horno eléctrico pequeño, por lo que el plástico debe ser
procesado en cantidades reducidas y mediante un procedimiento artesanal.
La docente explica que "los
residuos son colocados en el horno a una temperatura entre 160 y 180 grados
para que no se quemen y emitan gases tóxicos y, aproximadamente cada 20
minutos, deben ser retirados para ser trabajados y amasados con unos guantes de
silicona, para luego volver a ingresar al proceso junto con nuevo material. La
falta de una trituradora también limita la cantidad de plástico que puede
incorporarse en cada etapa. Una vez que el material adquiere una consistencia
similar a la de una plastilina, puede comenzar a ser trabajado; lo metemos en
una prensa hasta obtener las tablas. La cantidad que podemos derretir es muy poquita.
Lo vamos haciendo de a poco", explicó la docente. "La prensa tiene un ancho de
trabajo de 30 centímetros, con lo cual estamos limitados con el ancho de la
prensa. Pero para lo que estamos trabajando hoy nos alcanza".
Los chicos no tenían prensa
en la escuela, prensaban el material parándose encima de una piedra y una tabla
y "una profe de la escuela nos donó la prensa. La profesora es Andrea Meléndez,
que es docente de los mismos alumnos; fue quien nos donó una prensa con crique
hidráulico para poder prensar la madera y estamos muy agradecidos con ella",
indicó Alvarado.
Por eso, uno de los
principales objetivos actuales es conseguir un horno de mayor capacidad que
permita incrementar considerablemente el volumen de material procesado. La
escuela se encuentra realizando una campaña para reunir fondos destinados a la
compra del equipamiento. Según se explicó, el horno que necesitan tiene un
costo aproximado de 400.000 pesos y "con esta rifa que cierra esta semana
juntamos 200.000, todavía resta reunir una parte importante de ese monto".
Pero, además del
equipamiento, existe otra necesidad fundamental: conseguir suficiente materia
prima. Por eso, la campaña de recolección de tapitas continúa y se extiende
también a otros envases plásticos, como los de champú, crema enjuague, suavizante,
y todo tipo de envases de ese estilo que se pueden utilizar para esas labores.
Una tapita puede terminar
convertida en un banco
Una de las características
más interesantes del proyecto es la cantidad de plástico que puede recuperarse
para fabricar elementos de uso concreto. Reparar con lo que antes era un
residuo, y allí aparece otro de los objetivos del proyecto: que la madera plástica
no quede solamente como una experiencia de laboratorio, sino que pueda
utilizarse efectivamente en la escuela. Uno de los primeros destinos que
encontraron para las tablas elaboradas fue la reparación de las sillas de los
jardines. La idea consiste en reemplazar las maderas deterioradas por tablas
fabricadas a partir de plástico reciclado. De esta manera, el proyecto permite
trabajar simultáneamente sobre dos necesidades: reducir residuos y solucionar
problemas concretos de infraestructura y mobiliario.
"Estamos arreglando, por
ejemplo, las sillas de jardines. Estamos cambiando las maderas rotas por tablas
plásticas", explicaron. La iniciativa también abre la posibilidad de avanzar
hacia la fabricación de otros elementos y mobiliario para la institución. Los
estudiantes ya realizaron prototipos y trabajan sobre la posibilidad de
reemplazar progresivamente la madera convencional por madera plástica en
distintos productos.
Como referencia, Alvarado
explicó que "para elaborar una pequeña silla de jardín de infantes se necesitan
aproximadamente 600 gramos de tapitas, una cantidad que puede compararse con el
contenido de un recipiente de helado. Un kilo de tapitas requiere un balde del
tamaño de las latas de pintura de 5 litros". El dato permite dimensionar tanto
el potencial de la iniciativa como la importancia de contar con una recolección
sostenida.
Cuanto mayor sea la
cantidad de plástico recuperado, mayor será también la posibilidad de producir
tablas y transformarlas en nuevos elementos. Una de las ventajas que destacan
quienes participan del proyecto es que el material puede ser trabajado con
herramientas similares a las utilizadas para la madera tradicional.
Una materia prima
que no se desperdicia
Otro aspecto destacado es
la posibilidad de volver a utilizar el material. Los recortes o elementos que
se rompen no necesariamente se convierten nuevamente en descarte. El plástico
puede volver a ser procesado y utilizado para generar nuevo material. "Todo lo
que se quebró o se rompió lo podés volver a derretir y volver a utilizar. No
tiene desperdicio", señaló la docente.
Esta característica
refuerza uno de los principios centrales del proyecto: avanzar hacia un
circuito en el que el residuo vuelva a incorporarse al proceso productivo. También
se destaca la resistencia del material obtenido, una condición que permite
pensar en su utilización para mobiliario y otros objetos de uso cotidiano.
Educación ambiental
y acción solidaria
La experiencia reúne varios
objetivos que se complementan: el cuidado del ambiente, el aprendizaje técnico,
la reutilización de residuos y la posibilidad de colaborar con otras
instituciones. La reparación de mobiliario para jardines aparece así como una
acción solidaria que le da un destino concreto al material producido. Pero, al
mismo tiempo, el proyecto busca que los estudiantes puedan desarrollar
capacidades vinculadas con su formación técnica y comprender que los
conocimientos adquiridos en el aula pueden transformarse en soluciones
concretas.
"Lo que más nos gusta es la
idea de lo del cuidado del medio ambiente, del reciclado, pero además el poder colaborar
arreglando las sillas", explicó la docente. A futuro, la intención es que la
experiencia pueda sostenerse durante todo el año y que la escuela tenga
capacidad para producir una mayor cantidad de tablas y otros elementos.
La campaña continúa
Para que ese objetivo pueda
concretarse, la comunidad tiene dos formas principales de colaborar: acercando
tapitas y otros plásticos que puedan ser utilizados como materia prima, y
aportando para alcanzar el dinero necesario para comprar el horno de mayor capacidad.
La campaña, de esta manera, no termina cuando se consiga el nuevo equipamiento.
Por el contrario, el horno permitirá ampliar el proceso, pero será necesario
continuar reuniendo plástico para mantener una producción sostenida. "Lo que
más necesitamos ahora es seguir juntando materia prima, tapitas, y el horno",
remarcó Alvarado.
La iniciativa plantea una
mirada diferente sobre los residuos: aquello que habitualmente termina en una
bolsa de basura puede convertirse en materia prima, aprendizaje y, finalmente,
en un objeto útil. En una escuela técnica, el reciclado deja así de ser
solamente un concepto para transformarse en una experiencia concreta:
investigar, probar, equivocarse, volver a procesar y convertir un residuo
plástico en un nuevo material que puede volver a ser utilizado.
El Senado bonaerense sancionó una ley del bloque Unión y Libertad para regular el uso de los celulares en las escuelas públicas y privadas.
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