6 de enero de 2013
-¡Aryi!-.
Reconocí la voz, con ese inconfundible acento, típico de los norteamericanos del sur de su país. Nos hicimos amigos hace años, durante mi estadía en Estados Unidos. Yo necesitaba aprender el inglés y John quería hacerlo con el castellano. Debo admitir que él lo consiguió más que yo, pero esa es otra historia.
-¡Yoni! ¿Por dónde andás. ¿Viniste por fin a nuestro país?-
-Sí, Aryi. Vine a recorrer tus pampas, pero por ahora solo he visto este Buenos Aires, bastante más sucio que mi ciudad, te diré.-
Su castellano se había "inglesado" en su tonada, pero lo mantenía claramente. Nunca logré que me llamase por mi nombre. Para él yo era, cariñosamente, Aryi, es decir el argentino. Y él era Yoni.
John era un grandote rubio, optimista, siempre sonriente, tratando de ayudar al mundo a resolver problemas.
-He pensado visitarte mañana y luego seguir al sur para conocer esa pampa tuya. Quiero que me muestres ese Azul tan especial que me contabas.
Me preparé para recibirlo, con el mayor bife de chorizo que se pudiese hacer. Ya sabía que no le gustaba la idea de comer nuestra parrillada. -Riñón sí, decía. Pero
¿tripas? ¡Never!-Es decir: ¡Nunca!
Llegó con risas y abrazos, vistiendo sus infaltables vaqueros y camisa a cuadros.
-Veamos, Aryi. ¿Qué me vas a mostrar de tu Azul tan especial del que tanto me hablabas?
Y allí fuimos. Hicimos una recorrida mostrando todo aquello que es nuestro orgullo, o por lo menos el mío. Vimos nuestra Catedral y a su lado el Teatro Español, que hoy lucía con todo su esplendor. Seguimos con la Biblioteca Ronco, con todos sus Quijotes y Martín Fierro y luego partimos hacia la obra de Regazzoni allí cerca del arroyo y cruzando éste el monumento recordatorio de los habitantes originarios de nuestra pampa.
Yoni parecía algo cansado y silencioso. Vimos nuestro balneario y la gloria de nuestro Parque Municipal. Ahí aproveché para mostrarle el monumento que recuerda al doctor Ángel Pintos, mi admirada figura de nuestra historia.
Lo llevé a casa para que descansase un poco antes de la cena.
A los postres mi amigo rompió el silencio, hablando lentamente, como buscando las palabras. Comprendí que quería darme su opinión sin herir mi orgullo de azuleño. Finalmente largó lo que pensaba.
- Sabes, Aryi, te pedí que me mostrases algo de ustedes, propio de ustedes. Lo que vi es lindo, hermoso si quieres. Tu Teatro es una versión chica del Colón, que ya conocía. Al ver la Catedral recordé otras similares, como las de Luján o La Plata (de paso, la tuya necesita reparaciones).
Yoni vio mi expresión y cambió algo su tono, pero continuó hablando.
- La colección de Quijotes es espectacular. Pero no pareciera que muchos de ustedes la visitan, a pesar de ser una ciudad Cervantina. Además tú hablas mucho de esa gran colección de libros, base de esas jornadas cervantinas, pero luego me dices que fue la tarea de una sola persona, hace muchos años atrás. El Quijote y compañía necesitan urgentemente un service y el monumento a los pueblos originarios está también fuera de la visión de los que venimos de afuera.
- Aryi, no te molestes con lo que te digo. Pero muéstrame algo que me haga recordar totalmente a tu ciudad.
Quedé en silencio, molesto. Reconozco que esperaba otro comentario, quizá igual o similar a otros que estábamos acostumbrados a escuchar. Por supuesto que debía agradecer a mi amigo por su franqueza. Alguien dijo que la verdad no ofende pero duele. ¡Y vaya que me dolió! Decidí tomarme algo de tiempo para contestarle.
Por la mañana, mientras tomábamos unos mates, (mi amigo había aprendido a tomarlos), le dije: Mirá Yony, estuve pensando en tu comentario y te propongo que luego de visitar nuestro Sur vuelvas por Azul. Espero poder mostrarte otra faceta de mi ciudad.
Nos dimos uno de esos abrazos fuertes y apretados. Mi amigo partió hacia el sur y yo regresé a casa, elaborando un posible camino a recorrer.
Firma: DEMOS (En la antigua Grecia: el común del pueblo).
Goldenhörn, quien es Directora Ejecutiva de la Eternal Library Foundation participó de la décima edición de la Escuela Argentina de Gobernanza de Internet, realizada en la Universidad Tecnológica Nacional, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Junto a la doctora Mailín Herrera, de La Plata, presentó aplicaciones de blockchain y algunos de los usos concretos que plantea su encuentro con la inteligencia artificial.
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