18 de agosto de 2026
Por Gustavo Mandagarán
El último viernes, después de luchar incansablemente contra una cruel enfermedad, nos dejó Néstor Goenaga.
Cuesta despedirlo y más cuando se trata de alguien fundamental para quienes hacemos periodismo agropecuario.
Pasaron más de 20 años de los primeros mates en el escritorio de la Avenida Mitre, donde descubrí a un hombre consejero, leal y siempre dispuesto a ayudar en todo lo concerniente a nuestro trabajo.
Me apoyó desde el primer día y siempre conté con su oído para la vida diaria. Por eso, por fuera del negocio, en las cosas simples ya empieza a ser irremplazable.
Puedo destacar cientos de cosas de él, como el hombre simple y campechano que valoró la honestidad y el respeto por sobre todo. El "feriero" extraordinario que visualizó el paso del tiempo y dejó en su firma una casa sólida y confiable. El que heredó una forma de trabajar sin grises ni letras chicas. El mismo que legó una empresa familiar donde rectitud y confianza están por encima de máximos y promedios.
En la matera conocí a un Néstor que combinaba ocurrencias, anécdotas, humor y una posición firme ante la vida. Vacas, política, remates y cotidianeidad nos reunieron cientos de mañanas en charlas interminables.
Amaba las conductas simples y respetaba a ultranza las cosas bien hechas. Trabajador incansable de los que dejan todo por la defensa de amigos, productores y clientes.
Fue un maestro de esos imposibles de olvidar. Un testimonio lleno de conocimiento que estará presente en cada corral.
En el plano personal, sólo decir que luchó siempre por su familia, a quien abrazo en este momento de dolor.
Néstor querido, maestro, amigo y confidente, gracias por todo.
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