30 de septiembre de 2026
Inclusión Laboral Azul nació de una pregunta que muchas veces queda sin respuesta: ¿Qué pasa después de la escuela con las personas con discapacidad? En el barrio El Sol, un grupo de mujeres encontró en la costura una posibilidad concreta de aprender, trabajar, generar sus propios ingresos y, sobre todo, construir un espacio de pertenencia.
Terminar la escuela secundaria debería abrir una nueva etapa. Para muchas personas, significa continuar estudiando, buscar un trabajo, aprender un oficio o comenzar a construir, de a poco, una vida más independiente. Pero para quienes tienen una discapacidad, ese momento puede convertirse en un nuevo límite. No porque no tengan capacidades, intereses o deseos de trabajar. Muchas veces, el problema aparece justamente en la falta de oportunidades y de espacios que permitan continuar desarrollando aquello que aprendieron durante los años de escolaridad.
Esa realidad fue observada durante años por Stella López, docente de Educación Especial. En el contacto cotidiano con sus estudiantes, comenzó a hacerse cada vez más evidente una pregunta: qué sucede cuando termina la escuela y ya no existe una propuesta que permita seguir aprendiendo, capacitarse y, fundamentalmente, acceder al mundo laboral. De esa inquietud, de conversaciones que se fueron sosteniendo durante años y de la necesidad de transformar una preocupación en una acción concreta, nació ILA, Inclusión Laboral Azul.
El emprendimiento funciona actualmente en el barrio El Sol y está integrado por siete mujeres mayores de 18 años, entre ellas adultas y adultas mayores, que tienen diferentes grados de discapacidad -en su mayoría intelectual- y que se encontraban fuera del mercado laboral. La propuesta parte de una idea sencilla pero profundamente significativa: generar una oportunidad allí donde habitualmente aparece una puerta cerrada.
Aprender un oficio, producir y cobrar por el trabajo
ILA es un emprendimiento que tiene a la costura como herramienta de trabajo. Las mujeres que participan se capacitaron y aprendieron a utilizar las máquinas para realizar diferentes productos, entre ellos bolsas, pecheras y chalecos, además de responder a trabajos por encargo. Las máquinas de coser llegaron a partir del acompañamiento de la fundación de Holanda, "Un abrazo para los amigos" de Math y Toni Roijen, que realizó una donación que permitió contar con el equipamiento necesario para poner en marcha el proyecto. También han recibido diversas donaciones de mobiliario, materiales, telas de distintos azuleños que colaboran para el emprendimiento.
EL TIEMPO entrevistó a Yasmín Orueta Camponovo, integrante del grupo, y a su fundadora, Stella López, quien manifestó que "las máquinas son apenas una parte de la historia. Porque detrás de cada bolsa, cada prenda o cada encargo hay un proceso de aprendizaje, organización y participación. Hay mujeres que adquieren una herramienta laboral, pero también un lugar desde donde sentirse productivas y capaces".
"El objetivo no es simplemente enseñarles a coser -manifiesta López- es construir una posibilidad de trabajo con acompañamiento, respetando los tiempos ya que algunas cuentan con algún trabajo por horas en otra actividad, y las particularidades de cada una y entendiendo que tener una discapacidad no elimina la posibilidad de trabajar, de aprender ni de tomar decisiones sobre la propia vida".
En ese sentido, ILA funciona como un espacio de transición entre aquello que ocurre durante la etapa educativa y aquello que debería poder suceder después: la incorporación a una actividad laboral que permita generar ingresos y avanzar hacia mayores niveles de autonomía.
"Tú puedes": cambiar la mirada
El lema que acompaña al emprendimiento es "Tú puedes", dos palabras que condensan una mirada diferente sobre la discapacidad. Porque durante mucho tiempo la conversación social alrededor de la discapacidad estuvo más centrada en aquello que una persona no puede hacer que en aquello que sí puede hacer con los apoyos adecuados. En ILA, la pregunta parece plantearse desde otro lugar: qué capacidades existen, qué herramientas hacen falta para desarrollarlas y qué condiciones deben generarse para que esas capacidades puedan convertirse también en una posibilidad laboral.
No se trata de desconocer las dificultades ni de negar los apoyos que muchas personas necesitan. Al contrario. Se trata de comprender que acompañamiento y autonomía no son conceptos opuestos.
López asegura que "una persona puede necesitar ayuda para realizar determinadas tareas y, al mismo tiempo, ser capaz de trabajar, aprender un oficio, comprender el valor del dinero, tomar decisiones y disfrutar de los frutos de su propio esfuerzo".
Ahí aparece uno de los aspectos centrales de la experiencia de ILA: el dinero que obtienen por su trabajo no es solamente un ingreso. Es también una forma concreta de reconocer que aquello que hacen tiene un valor. López explica que al principio funcionaban como una especie de cooperativa, luego, "cuando ellas se fueron independizando y fortaleciendo como grupo diseñamos un sistema de planillas y cobran por hora de trabajo, cada una llega y anota las horas trabajadas, y según las horas que le hayan dedicado es lo que van a percibir del trabajo conjunto del grupo".
Un grupo donde todas tienen un lugar
Para Yasmín, una de las integrantes del emprendimiento, ILA representa mucho más que un espacio donde aprender costura. En su experiencia aparece con fuerza "la importancia de sentirse parte de un grupo, de compartir con otras mujeres que atraviesan situaciones similares" y de encontrar allí un espacio de contención. Se sienten iguales, comparten las tareas y también aquello que producen. El funcionamiento tiene una lógica cooperativa: lo que se obtiene del trabajo se reparte entre las integrantes. Ese aspecto introduce otra dimensión en la experiencia. No se trata solamente de inclusión laboral entendida como acceso a una tarea productiva. También hay inclusión social, pertenencia y reconocimiento.
Yasmín cuenta su alegría y su agradecimiento por formar parte del proyecto, pero también habla de sentirse acompañada. En esa "posibilidad de compartir con otras, de trabajar juntas, divertirse, merendar" y de recibir una remuneración por lo que hacen, aparece algo que muchas veces queda fuera de las discusiones sobre discapacidad: el deseo de sentirse útil, necesaria y reconocida.
Una experiencia local para una problemática
ILA es hoy un emprendimiento pequeño. Son cinco mujeres que van en días y horarios fijos y otras dos en forma itinerante, asistidas por una docente que coordina y acompaña el proceso. También acompañan las parejas, la familia. Hay un proyecto de huerta denominado Raíces ILA donde vecinos del sector prestaron una porción de terreno para que puedan sembrar hortalizas para consumo propio y para comercialización. Esa idea surgió del grupo de hombres que acompaña a las mujeres, se encargan de los traslados con vehículo cuando asisten a ferias, de trasportar donaciones como muebles y demás necesidades del grupo.
Pero la pregunta que dio origen a la iniciativa excede ampliamente sus dimensiones. ¿Qué ocurre con las personas con discapacidad cuando finaliza su recorrido escolar? La pregunta interpela no solamente a las familias y a las instituciones educativas, sino también a la comunidad, al Estado y al mundo del trabajo. Porque si la educación especial logra acompañar determinados procesos durante la infancia y la adolescencia, queda pendiente pensar qué sucede en la vida adulta. La dificultad para acceder a un empleo ya es una problemática para buena parte de la población. Para una persona con discapacidad, pueden sumarse barreras vinculadas con la accesibilidad, la formación, los prejuicios, la falta de oportunidades y la ausencia de propuestas laborales adaptadas.
Por eso, experiencias como ILA permiten poner en discusión una problemática que muchas veces permanece invisible hasta que una familia se encuentra directamente frente a ella. La inclusión laboral no consiste solamente en ocupar un puesto de trabajo. También implica generar condiciones para que una persona pueda capacitarse, desarrollar una tarea, recibir una remuneración y formar parte de un espacio en el que su presencia tenga sentido.
Del proyecto al desafío de construir oportunidades
Stella López imaginó este proyecto durante años antes de convertirlo en realidad. Hoy ILA ya está funcionando y sus integrantes están ofreciendo sus servicios y produciendo para distintos encargos. "El logo que eligieron es una mariposa, con colores vivos, simboliza la transformación y los colores llamativos son como vibra cada persona, lo que transmiten las capacidades de las personas", explica López. La comunidad las puede contactar por la cuenta de Instagram: @ilatupuedes donde podrán encontrar el número de contacto y ver los trabajos realizados.
En el barrio El Sol, estas mujeres junto a sus familias están mostrando otra posibilidad: aprender, producir, trabajar y obtener un ingreso a partir de lo que hacen. Tal vez allí esté el sentido más profundo de esas dos palabras que eligieron como lema: Tú puedes.
No como una consigna vacía ni como una negación de las dificultades, sino como una pregunta que invita a mirar primero las capacidades y después pensar qué apoyos hacen falta para que puedan desarrollarse. Porque terminar la escuela no debería significar llegar al final de un camino. Para muchas personas, debería ser apenas el comienzo.
Desde el Municipio se remarcó que dicha obra permitirá mejorar las condiciones de atención y la calidad de las prestaciones que brinda el sistema público de salud. Además, tendrá un impacto positivo en la redistribución de la circulación hospitalaria y en el ordenamiento general del establecimiento. También se supervisaron los trabajos de remodelación de los baños de la actual guardia del Hospital.
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El azuleño volvió a subirse al podio en la Promocional 1100 y amplió su ventaja al frente del campeonato tras finalizar tercero en el AMCO. En la Monomarca 1100, Braian Stracquadaini fue el mejor representante del Partido de Azul al terminar sexto, mientras que los chillarenses Agustín y Leo Gelso finalizaron noveno y décimo. En la Copa Gol, Eddie Leonetti no pudo completar la final, pero continúa como líder del campeonato.
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