8 de septiembre de 2013
LA PALABRA DE DIOS
Escribe: Miguel Esteban Hesayne. Obispo Emérito de Viedma.
www.cristifero.com.ar
Y cuando Caín mata a Abel Dios sale en defensa de la vida humana. Reclama a Caín como Padre por la vida de su hijo "Caín dónde está tu hermano". Matar a un Ser Humano es matar al propio hermano y una gravísima ofensa a Dios Creador y Padre. Todo homicidio es fratricidio. No hay ningún justificativo para que el hombre quite la vida al hombre. Ni la propia ni la de otro ser humano desde su concepción hasta la muerte.
La Guerra es un crimen y no hay justificativo humano y menos cristiano tomar el camino de la guerra para resolver conflictos de la categoría o dimensiones que fuere.
Justamente desde hace décadas los Papas alzan su voz sin respaldo de armas, una débil voz de hombre que, en nombre del mismo Dios, clama ¡¡¡Jamás la Guerra!!! Voz y clamor que acabamos de escuchar de labios de nuestro Francisco, con el corazón estremecido como el corazón de millones de hombres y mujeres mentalizados en el valor de la vida humana. La vida de un sólo ser humano: quién niño o anciano, joven o adulto, de la raza o condición
, por el hecho de ser persona humana vale más que todas las riquezas existentes en el mundo. Consecuente con este valor absoluto de la dignidad del ser humano no negociable en un absoluto total, Juan Pablo II vino a nuestro continente para suplicar a chilenos y argentinos que dejáramos el camino de la guerra que se había emprendido y ni bien bajó del Avión en el mismo Aeropuerto de Ezeiza clamó por la Paz entre hermanos y el cese de la Guerra definiéndola como siempre injusta aunque se pretenda buscar defensa de derechos propios o ajenos. No es lícito porque no es humano ni cristiano matar una persona así se pretendiera salvar a la humanidad. El único camino válido para resolver los conflictos es la mesa de las negociaciones, mesa en que terminan las guerras, mesa por donde se debería haber comenzado en lugar de la Guerra.
Toda guerra es el mayor absurdo que se ha inventado. En toda declaración de guerra se esconde un objetivo inconfesable. La motivación última es una ambición desmedida e irracional
Sí, irracional
La guerra es una locura. Ninguna persona humana es dueña de la vida humana. Solamente Dios es dueño de la vida y Dios ni siquiera a quién lo ofende quiere que muera, sino que cambie de conducta y viva en dignidad.
La guerra baja al ser humano a una animalidad salvaje que supera a las mismas bestias. Porque la guerra es la muerte organizada del hombre contra el hombre. La humanidad que se organiza contra sí misma. Es una organización irracional.
Quién o quiénes declaren la guerra no engañen ni se engañen. En lo hondo de su ser se motivan como la pareja que narra el Génesis: quieren ser como Dios
dueños de la vida y de la muerte
Por eso llevarán el estigma de Caín asesino de su hermano Abel.
Es duro este lenguaje, dirán algunos. Pero ante un crimen no se puede usar eufemismo alguno y la Guerra, avasallando los Derechos Humanos, es el crimen organizado y globalizado. Es duro porque por siglos nos hemos mentalizado a favor de la lucha armada
Siempre se ha declarado la guerra para defender algún derecho llegando a la misma contradicción del axioma pagano "si quieres la paz prepara la guerra". Hoy después de XXI siglos que Jesús nos dijo: "Yo les doy la Paz, mi Paz y no como la da el mundo" se pretende defender los Derechos Humanos desencadenando el reinado de la muerte hasta de inocentes. Desenmascarándolos, Juan Pablo II estampa esta afirmación lapidaria: "La Paz florece cuando se observan íntegramente los derechos humanos, mientras que la guerra nace de su transgresión y se convierte, a su vez, en causa de ulteriores violaciones aún más graves de los mismos". (*)
El crimen de Caín consecuencia del pecado adamítico ha impregnado tanto a la humanidad que hasta en la misma Iglesia se ha llegado a aceptar guerras para defender derechos. Felizmente la profundización orante del Evangelio del Príncipe de la Paz, hoy, proclama: ¡¡¡Jamás la Guerra y la Paz es un don de Dios y una tarea para mujeres y hombres de Buena Voluntad!!!
(*) Mensaje de Juan Pablo II para la Jornada Mundial de la Paz.1Enero 1999
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