Escribe: Padre Juan Carlos Ormazábal
Párroco de Lourdes
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En los años de mi juventud, acompañado por algunos amigos, nos ayudábamos a dar los primeros pasos en la práctica de la vida cristiana. Un cierto día me encontré con una chica. Tenía la vista desviada. Lo constaté al instante. La miraba, pero no sabía cómo enfocar. Con los amigos habíamos charlado que era importante saber “amar como Jesús, también en las dificultades”. Entonces ocurrió algo novedoso. Comprendí que interesándome y fijando la mirada en su persona, el defecto físico era insignificante. Fue una nueva conquista que provocó en mí alegría. Era la de poder comunicarme también con una persona que tenía un defecto físico. Cuando vamos al trono de Jesús también nos encontramos con miradas desencontradas, desviadas, esquivas.
En este mes de febrero, nuestro Obispo Hugo nos ha invitado a los católicos azuleños para la “adoración perpetua” en la Iglesia Catedral. Las veinticuatro horas del día pedimos por el aumento de las vocaciones sacerdotales. Lo hacemos por turnos voluntarios.
¿Qué esperamos de esta presencia, de estos encuentros de adoración? El motivo es que los seminaristas -durante este mes- están reunidos más cercanos al Obispo. Ya estamos recibiendo los frutos de la oración.
Este evento nos recuerda otro, el de 2008; cuando los obispos Latinoamericanos estaban reunidos en el santuario de la Virgen “Aparecida” en Brasil. Mientras ellos debatían, en ese momento peregrinaban miles y miles de personas con rosarios en mano, adorando, intercediendo.
Cuentan los relatores, que los obispos escuchaban sus cantos y oraciones que venían desde las grandes explanadas de este grandioso santuario. Desfilaban gente de todas las edades y condiciones sociales. Católicos de todas las regiones del Brasil. Se dio en este evento un milagro de la oración popular. Modificó la visión de los obispos, teólogos y laicos reunidos, según el comentario unánime de todos los relatores. Modificó las actitudes y las líneas pastorales para el nuevo milenio: “Gestar una iglesia pobre y misionera”. Característica de los primeros tiempos de cristianismo. El entonces Monseñor Jorge Bergoglio tuvo a cargo la coordinación de las conclusiones.
Ahora frente a este acontecimiento local me pregunto: ¿La mirada de este Jesús que adoramos en la Eucaristía coincide con la nuestra? ¿Huimos de su mirada? Verdaderamente podemos decir: “¿Nos miramos cara a cara”? ¿Nos identificamos con Él? ¿Nos sentimos uno?
Fijémonos bien: Él está mirando siempre con “
olor a oveja”: ¿Adónde apunta? Seguramente a tres cosas. Una mirada profunda a los más sufrientes, a los más pobres y necesitados. El motivo de su vocación. Entregar su vida a ellos. Vida que es el sentido también de nuestra vocación. ¿Apuntamos nosotros ahí? ¿
O balconeamos? Estos pobres sufrientes son nuestros ¿Los tocamos? ¿Los sentimos? ¿Los oímos? ¿Los amamos? ¿Somos cristianos con “olor a las ovejas de Cristo”?
Entonces sí que nos vamos a unir todos en una gran mirada fecunda de futuras vocaciones de todo tipo. ¿Ahondamos también nuestra mirada, en segundo lugar, leyendo y escuchando la Palabra de Dios en la lectura frecuente de las Escrituras o los “Santos Evangelios” para conocer mejor a Jesús? Como San Jerónimo (S.II) “Quien desconoce las Escrituras desconoce a Jesucristo”
Y en tercer lugar ¿Fijamos la mirada en el que está vivo y está adelante nuestro: Jesús Resucitado? ¿Dejamos que Él nos resucite? Esto es el creer cristiano ¿Buscamos un cuerpo roto para reanimar?
La fecundidad vocacional vendrá si las tres miradas se encuentran en una. La mirada de Cristo. Esta experiencia nos dará “el gozo del Evangelio” anunciado por el Papa Francisco.