28 de septiembre de 2026
A más de tres décadas de haber sido uno de los fundadores de Azul Vóley, el exjugador olímpico y actual entrenador de Ciudad Vóley volvió a la ciudad para brindar una clínica de capacitación. También recordó la fundación de la institución y sus años en Chacarita.
Por Ezequiel Zabalza (ezezabalza@hotmail.com)
El regreso de Hernán Ferraro a Azul tuvo un significado especial para el vóleibol de la ciudad. A fines de agosto, quien fuera jugador olímpico y actualmente se desempeña como entrenador de Ciudad Vóley realizó una clínica intensiva en el Club Bancario Azuleño, destinada a entrenadores, profesores de Educación Física, estudiantes y jugadores.
La actividad, denominada "Clínica de Vóley: Entrená Mejor, Enseñá Mejor y Competí Mejor", fue declarada de Interés Deportivo por el Concejo Deliberante de esta ciudad. En esa oportunidad, la distinción fue entregada por el concejal Leopoldo Marchisio, quien destacó que la jornada constituía una oportunidad de capacitación e intercambio y un aporte al desarrollo y la promoción de este deporte.
La resolución fue aprobada por unanimidad y puso especialmente en valor la trayectoria de Ferraro, reconocido deportista, exjugador y uno de los fundadores de Azul Vóley Club. Para los concejales, la presencia en Azul de un entrenador con experiencia olímpica y mundial representó una oportunidad de aprendizaje para profesores, entrenadores, alumnos y deportistas de toda la región.
Volver para transmitir lo aprendido
A más de tres décadas de aquella reunión que dio origen a Azul Vóley, Ferraro regresó a la ciudad desde otro lugar.
Ya no lo hizo como aquel joven jugador que llegó desde Buenos Aires a los 21 años para formar parte de Chacarita, sino como un entrenador con una extensa trayectoria en los máximos niveles del vóleibol argentino e internacional, dispuesto a compartir parte de todo lo aprendido.
Su historia en Azul comenzó vinculada a Chacarita, donde fue jugador y protagonista de un equipo que rápidamente trascendió las fronteras del club para convertirse en un representante de la ciudad. Después de la salida del vóleibol de "Chaca", surgió la necesidad de crear una institución propia. Así nació Azul Vóley, un proyecto que Ferraro ayudó a fundar y que continuó creciendo, obteniendo dos Ligas de Argentina, la última en 2001.
Pero su historia personal continuó por otros caminos. Después de su etapa en la ciudad volvió a Buenos Aires para continuar su carrera como jugador y, tras su retiro, comenzó a transitar el camino que lo llevaría a convertirse en entrenador. Con el tiempo llegó a dirigir en los máximos niveles del vóleibol argentino, integró cuerpos técnicos de selecciones nacionales y fue parte de experiencias olímpicas y mundiales.

Hernán Ferraro durante la clínica de vóley que brindó en el Club Bancario Azuleño, en una jornada destinada a jugadores, entrenadores y profesores de Educación Física.
La propuesta combinó módulos teóricos y prácticos y tuvo como objetivo acercar conceptos del alto rendimiento a entrenadores y jugadores de distintos niveles, con herramientas que posteriormente puedan trasladarse a los entrenamientos y a la competencia.
Para Azul Vóley, contar nuevamente con uno de sus fundadores significó también reencontrarse con parte de su propia historia. Ferraro fue protagonista de aquellos primeros pasos y, décadas después, regresó a la ciudad con una trayectoria que lo llevó mucho más allá de aquellas primeras canchas.
La distinción del Concejo Deliberante reconoce justamente ese doble vínculo: la trayectoria de un deportista que encontró en Azul una parte fundamental de su formación y el aporte que continúa realizando para el crecimiento del vóleibol.

El entrenador de Ciudad Vóley y exjugador olímpico recibió un reconocimiento por su trayectoria y por su aporte al desarrollo y la capacitación del vóleibol en Azul y la región.
De esa forma, Hernán Ferraro volvió a ponerse al servicio del vóleibol. Y en una ciudad que lo vio jugar, crecer, fundar un club y dar sus primeros grandes pasos, su regreso tuvo un significado que fue mucho más allá de una clínica: fue el reencuentro de uno de sus protagonistas históricos con el lugar donde comenzó una historia que después lo llevó hasta los escenarios más importantes del mundo.
"Fue muy especial volver a ver un club que fundaron 10 locos"
-¿Qué significó para vos volver a Azul para brindar una capacitación después de tantos años de vínculo con la ciudad y con el vóleibol local?
-Para mí, volver a Azul fue muy emocionante. Significó reencontrarme con mucha gente, con los olores, las calles, el balneario... con tantos recuerdos. Fue mucha emoción, pero, por sobre todas las cosas, fue muy especial volver a ver un club que fundaron 10 locos hace 33 años y que hoy sigue muy vivo, con muchos chicos y chicas jugando. Eso es, creo, lo que más me gratifica.
Me encantaría que el club pudiera tener una sede propia, algo más cercano al centro, porque creo que eso todavía podría generar mucho más entusiasmo y motivación en los chicos. Pero, más allá de eso, volver y ver todo lo que se construyó durante estos años me emociona muchísimo.
-¿Qué objetivos te planteaste para estas dos jornadas de capacitación?
-El objetivo, en principio, era dejarles a los profesores y entrenadores algunos tips y herramientas de entrenamiento, compartir cómo trabajamos nosotros en el alto rendimiento y transmitir parte de lo que he aprendido durante muchos años, especialmente a partir del contacto y el intercambio con otros entrenadores de elite.
Me parece que en todo deporte es fundamental hablar, intercambiar ideas y también disentir, pero, sobre todo, compartir lo que uno hace. La posibilidad de conocer otras formas de trabajar permite descubrir si alguna metodología o algún ejercicio puede resultar más o menos útil, y eso también forma parte del aprendizaje.
-La clínica estuvo dirigida a entrenadores, estudiantes y profesores de Educación Física. ¿Qué herramientas considerás hoy fundamentales para alguien que está formando jugadores?
-Para mí, la herramienta más importante es entender mucho el juego. Más allá de la categoría que uno dirija, hay que comprender cómo juega un equipo Sub 16, Sub 14 o Sub 18, tanto femenino como masculino, y, a partir de ahí, entrenar las situaciones que plantea el propio juego. Eso es importante más allá de determinadas cuestiones de técnica individual, como pueden ser el saque y la recepción, que en el seis contra seis quedan un poco más alejadas. Después, me parece fundamental saber de vóley y, sobre todo, conocer y entender aquello de lo que uno está hablando.
-¿Cuánto cambió la manera de entrenar vóleibol desde aquellos años en los que vos jugabas hasta el vóleibol actual de alto rendimiento?
-Cambió todo, principalmente porque cambió el juego. Antes no se jugaba con el sistema de rally point, el saque era mucho más lento y la pelota también tenía otra velocidad. Eso permitía trabajar mucho más las técnicas de juego, porque todo se desarrollaba de una manera más pausada y metódica. Hoy, la velocidad del juego no te permite trabajar de la misma manera y las situaciones técnicas que aparecen son prácticamente infinitas. Entonces, necesariamente, también cambió la forma de entrenar. Cambió todo: cambió el juego y, a partir de eso, cambió el entrenamiento.
-¿Qué aspectos del vóleibol de elite pueden trasladarse realmente a las categorías formativas?
-El vóleibol de elite se tiene que trasladar, de alguna manera, a las categorías formativas. Sobre todo porque los varones pasan mucho tiempo viendo vóleibol en las redes sociales y en distintas plataformas. El chico imita; es como nos pasaba a nosotros cuando aprendíamos a jugar al fútbol. Entonces, los armadores quieren hacer lo mismo que hacen los grandes armadores, y los atacantes quieren imitar a jugadores como (Sebastián) Solé o (Agustín) Loser. Todo eso se va incorporando y los chicos van tomando esos modelos como referencia. Por eso es muy difícil no hablar de vóleibol de elite con chicos de 12 años que pasan buena parte de su tiempo viendo vóleibol de alto nivel.
-En la clínica trabajaste sobre cuestiones técnico-tácticas. ¿Qué importancia tienen hoy la planificación y la lectura del juego frente al simple hecho de acumular horas de entrenamiento?
-Yo no le doy tanta importancia a la planificación en sí misma, pero sí le doy mucha importancia a la lectura del juego, sobre todo a la de mi propio equipo. Por eso considero fundamental filmar los entrenamientos y los partidos, y contar con algún tipo de estadística que permita saber realmente qué le está pasando al equipo.
Yo digo que un partido es como una película y que vos tenés que dividir esa película en mil pedacitos. A partir de ahí, tenés que diagramar la semana para que cada jugadora tenga la mayor cantidad de oportunidades posibles de trabajar aquello que necesita en cada uno de esos momentos que te muestra el juego. De eso se trata, para mí, la planificación.
Antes se hablaba mucho de la microplanificación, la macroplanificación y de otros conceptos más generales. Hoy, en cambio, hay que ir mucho más a lo puntual y entender profundamente cómo es el vóleibol. Por ejemplo, si una jugadora tiene que recibir un saque fuerte, hay que darle las herramientas concretas para que pueda resolver esa situación. La planificación tiene que partir de esas necesidades específicas que aparecen en el juego.
-Cuándo se habla de captación y desarrollo de talentos. ¿Qué características buscás hoy en un jugador joven que te hacen pensar que puede tener futuro?
-Más que buscar talento, yo buscaría muchos chicos. Chicas hay; donde tenemos que hacer más hincapié es en incorporar más varones. A partir de tener una base amplia, alguno va a surgir. Después, entre todos esos chicos, podremos buscar y detectar las condiciones físicas y deportivas que hacen que un atleta pueda llegar al alto rendimiento.
Si tenemos pocos jugadores y, además, tenemos que elegir entre ellos, se vuelve mucho más complicado. Primero tenemos que lograr que sean muchos y, a partir de esa cantidad, seguramente aparecerán aquellos que tengan las condiciones para desarrollarse y llegar a ser deportistas de elite.
-Después de tantos años en el alto rendimiento, ¿qué consejo le darías a un entrenador que está comenzando?
-El consejo es que se capacite, y capacitarse significa también mirar: ir a ver otros entrenamientos, asistir a partidos y observar cómo trabajan otros entrenadores. Todo eso forma parte del aprendizaje. También hay una realidad económica que no podemos desconocer. Hoy la profesión está devaluada y son pocos los entrenadores que pueden vivir exclusivamente de esto. Eso hace que todo sea más difícil y que, en algunos casos, los entrenadores terminen buscando otros rumbos.
Creo que tenemos que encontrar un mecanismo para que todo el vóleibol se sienta más contenido, acompañado y también más feliz con la actividad. Es una tarea que tenemos por delante entre todos.
-¿Qué importancia tienen este tipo de capacitaciones para que el vóleibol pueda seguir creciendo en ciudades del interior?
-Para mí cualquier tipo de capacitación es importante. Desde alguien que sabe mucho hasta alguien que sabe poco, todos pueden aportar alguna información. Incluso de aquello que uno considera que no haría, también se puede aprender. Yo escucho diariamente gente que dice cualquier cosa. Cada uno puede decir lo que quiera y, por supuesto, yo también puedo pensar que eso es una barbaridad. Pero me parece que la capacidad de no copiar, de analizar y de saber qué es realmente importante y qué puede ayudarte, también es lo que hace a un gran entrenador.
-¿Qué te gustaría que se haya llevado a su casa un entrenador que participó de la clínica en Azul?
-Creo que efectivamente se llevaron mucho, tanto los entrenadores como los chicos que participaron de la clínica. Me parece que entrenar durante tres horas de una manera diferente -no mejor ni peor, sino simplemente diferente, porque es otro entrenador- también genera aprendizaje. Quizás uno escucha las mismas cosas, pero expresadas con otras palabras o desde otra mirada. Y eso, indudablemente, te deja cosas. Después, habrá que ver cuánto de todo eso pueden llevar a la práctica y aplicar en sus propios entrenamientos, pero creo que, de una u otra manera, algo se llevan.
-¿Qué significó para vos recibir esta distinción del Concejo Deliberante y que la clínica haya sido declarada de Interés Deportivo?
-La distinción fue importante y, sobre todo, tuvo un significado especial porque vino de la mano de Leo Marchisio, una persona a la que quiero mucho. Yo jugué con él de chico en Buenos Aires, cuando él estudiaba, así que hay un vínculo y un afecto de muchos años.
Todo reconocimiento es gratificante, por supuesto. Lo recibo con mucho cariño y lo valoro muchísimo. Y, como siempre digo, las muestras de afecto hacen muy bien. Así que me encantó recibirlo y, sobre todo, compartir ese momento con gente querida.
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