RECUERDOS DE UN PERIODISTA DE "EL TIEMPO" EN LOS '80

RECUERDOS DE UN PERIODISTA DE "EL TIEMPO" EN LOS '80

"Nunca más estuve en una Redacción abierta"

Rubén Boggi comenzó a publicar en el suplemento cultural de este diario en 1979. Recuerda a Juan Antonio Carrau como "un hombre muy culto" y asegura que "ese suplemento marcó una época muy rica, desde los últimos años de dictadura a los primeros años de la nueva democracia". Resolvió dejar su trabajo como bancario y, "hablando con Oyhanarte, me decidí a entrar como redactor a EL TIEMPO. Oyhanarte fue mi segundo padre", asegura. De la labor diaria, mientras entrelaza flashes de recuerdos, confirma que "salía mucho a la calle, a buscar" la materia prima para sus crónicas. Y no duda al afirmar: "Mi compañero preferido era Antonio Tamburo, el fotógrafo".

Por: Marcial Luna
10 de junio de 2023

"Empecé a trabajar como colaborador en el suplemento cultural de EL TIEMPO después de que publicaran algunos poemas y cuentos míos", recordó el periodista Rubén Boggi durante una entrevista especial para este suplemento.

Integró la Redacción de este diario en los años 1984-1986, aunque su vínculo se había establecido desde años antes: "En 1979 comencé a comentar libros, que Juan Antonio Carrau recibía de las editoriales, y me pasaba para que los leyera. El suplemento era lo único que se imprimía formato tabloide, el diario era sábana. El offset recién comenzaba en el diario, y convivió al principio con las linotipos. Carrau era profesor en el profesorado de la Escuela Normal, enseñaba Filosofía, Latín... Era un hombre muy culto, muy clásico, y muy desconfiado. Tenía en su casa un altillo lleno de libros en el que trabajaba. Allí teníamos largas charlas. Yo tenía 24 años y me había casado con Graciela 'Moma' Pérez, quien conocía de la escuela secundaria a Margarita, entonces esposa de Carrau. En esa época empecé a escribir intensamente. Carrau aprobaba o desaprobaba. Tenía muy presente que había una dictadura. Yo no: escribía cosas muy comprometedoras para la época, y Carrau me cuidaba. Algunos artículos no los publicó él, no pasé esa censura protectora, pero sí los publicó en el cuerpo del diario Miguel Oyhanarte, con quien comencé a tener una relación mucho más cercana. El suplemento [en referencia a "La Cultura en El Tiempo"] recibía colaboraciones de todo el país. Conocí a muchos escritores y poetas de la época gracias a eso. Así organizamos un encuentro nacional, que se hizo en la Biblioteca Ronco, de escritores, poetas y artistas plásticos. Lo auspició el diario EL TIEMPO. Pienso que fue la última actividad de interacción cultural fuerte que se hizo en Azul; ese suplemento marcó una época muy rica, desde los últimos años de dictadura a los primeros años de la nueva democracia".

"El periodismo me apasionó"

En cuanto a su ingreso al matutino, Rubén Boggi recordó: "Fue hablando con Oyhanarte que me decidí a entrar como redactor a EL TIEMPO. Se había ido Carlos Comparato, y había una vacante. Yo trabajaba en el Banco Español. Miguel Correa me tomó un examen práctico y empecé. Alfredo Ronchetti me dijo que podía trabajar sin dejar el Banco, pero yo preferí largar todo y dedicarme al periodismo. Empecé a trabajar por menos de la mitad del sueldo que cobraba en el Banco. Me había separado, así que me fui a vivir a un garage. Ni baño tenía. El diario me apasionó. El periodismo me apasionó. Iba a trabajar a la mañana y me quedaba hasta la noche, a veces hasta el cierre. Comía unas galletitas que compraba en un kiosco que había en la esquina, frente al diario, en el edificio Burgos. Estuve flaco como un alambre. Aprendí de esos grandes maestros. Oyhanarte fue mi segundo padre. Lo amé".

Y sobre la tarea diaria de producir contenidos periodísticos en el diario, Rubén, refirió: "Trabajábamos seis días por semana, nos turnábamos para tener un domingo. La Redacción era mínima, así que había que trabajar mucho, escribir mucho. Escribíamos en el reverso de los rollos de la teletipo. Corregíamos, cortábamos, pegábamos... no de Internet, que no existía, sino que literalmente armábamos las notas pegando (con Plasticola; Oyhanarte tenía su propio pegamento, un engrudo que fabricaba él mismo) los fragmentos que quedaban después de la corrección y la eliminación de errores o párrafos superfluos. Esos originales iban a taller, a fotocomposición, donde se tipeaban y armaban en columnas según el pedido. Las tiras fotocompuestas iban a corrección junto con los originales, de allí a tipeo para la corrección de errores, y de allí, vuelta a corrección y al taller de armado de páginas. Las páginas se armaban a mano, pegando las tiras sobre un 'mono' que tenía marcadas las columnas. Aparte se hacían las fotos. Y los títulos y bajadas, según indicación de la Redacción. Así aprendí todo lo que era un diario, de principio a fin. Eso me sirvió de mucho: fue una diferencia respecto de otros profesionales. En la Redacción, todos hacíamos de todo. La especializada (en sociales) era Elva Gratas Abot; en Deportes, Mario Vitale. Los demás remábamos en chocolate espeso todo el día con lo que apareciera o encontráramos. Yo salía mucho a la calle, a buscar. Mi compañero preferido era Antonio Tamburo, el fotógrafo. Después, a la tardecita, íbamos a beber Gancia con fernet a El Escote, que quedaba en la esquina de Belgrano y Colón".


Rubén Boggi entrevista para EL TIEMPO al dirigente radical Juan Manuel Casella, en la primavera alfonsinista. ARCHIVO EL TIEMPO

El primer día

El momento de inicio en la actividad es imborrable. Boggi lo mantiene con frescura en su memoria: "El día que empecé a trabajar hubo dos fallecimientos en el diario. Murió Julio Ronchetti, tío de Alfredo, y murió Carlos Battafarano, quien trabajaba en el taller del diario. Así que estuve solo. Había que cubrir una sesión en el Deliberante, y Oyhanarte me encargó esa nota. Era la sesión por el presupuesto. Duró hasta las 6 de la mañana. Como no sabía, me quedé hasta el final. En la Redacción trabajaban entonces Miguel Oyhanarte, el jefe indiscutido; Miguel Correa, que era el secretario de Redacción; Miguel Toledo, que hacía el cierre, nacionales e internacionales; Elva Gratas, que hacía sociales; Rogelio Clavellino, que hacía de todo un poco; Mario Vitale, deportes. Ese era el núcleo duro. Había algunos colaboradores ocasionales. Los fotógrafos eran Antonio Tamburo y José Berger. No recuerdo el apellido de muchos laburantes de las distintas secciones, pero sí que en Corrección trabajaban la esposa y la hija de Alfredo Ronchetti. En administración trabajaba Cristina Lopardo... con ella formé pareja, y nos casamos ya en Neuquén, y seguimos juntos, tal vez para siempre".

"Una experiencia enriquecedora"

El hecho de compartir la actividad diaria con Miguel Oyhanarte merece un párrafo especial en el recuerdo de Rubén Boggi: "Trabajar con Miguel fue una experiencia enriquecedora. Tenía un sólido fundamento de la profesión, una ética inflexible y, al mismo tiempo, una amplitud mental capaz de aceptar las más atrevidas opciones. Él no daba consejos. En todo caso, musitaba, con voz queda, alguna oración reveladora sobre el tema que se estaba tocando. Siempre recordaré cuando llegaba, en pleno invierno, y, al sorprendernos fumando, abría el ventanal (en esa época, la Redacción daba a la vereda de la calle Burgos) y nos sometía a fuerza del descenso de la temperatura. 'Hacía falta un poco de aire', decía, con una sonrisa irónica. Muy pocas veces observaba lo que hacíamos con los contenidos. Cuando decidimos -con Miguel Correa y Miguel Toledo- escribir un comentario político para el diario del domingo, puso una condición: que lo firmara un alias (fue Redactor), pues, más allá de nuestra subjetividad, ese iba a ser el enfoque del diario: toda una definición. Escribía 'Baldosas Flojas'. Fue la columna que mejor reflejaba lo que sucedía en Azul. Cuando él no estaba, la hacía algunos de nosotros, que pasaba a ser 'El baldosero de turno (BDT)'. Respetábamos su estilo, simple, directo, en la mejor línea del periodismo de siempre".

El 'ambiente'

Por otro lado, al ser consultado sobre la agenda periodística de la Redacción de EL TIEMPO en la segunda mitad de los '80, Boggi refirió que "era la agenda del día. Pocas cosas se programaban con continuidad, tomando algún tema. Muy pragmático todo. Llegaba Correa, traía el 'mono' de publicidad, con los avisos marcados, y cada quien se hacía cargo de una o dos páginas sábanas. No había diagramadores, nosotros mismos diagramábamos. Confieso que hice desastres buscando innovaciones. Si había alguna inquietud que discutir, lo hacíamos bien temprano: todos opinaban. Lógicamente, se tenía en cuenta lo que estaba programado para el día: un acto, una conferencia de prensa, una sesión del Deliberante. Marcamos una agenda inquieta en aquel entonces: ambiente, por ejemplo. La política nos movía con una sorprendente ecuanimidad, en la que Oyhanarte tenía mucho que ver. Las cuestiones de la ciudad siempre estaban presentes, y se buscaba profundizar sobre la base de esos pequeños problemas. La información llegaba al diario de a montones. Por teléfono, con comunicados, con comentarios que nos hacían los mismos vecinos: la puerta de la Redacción siempre estaba abierta. Si bien nos costó soportar a algunos 'pesados', era una metodología muy rendidora. Nunca más estuve en una Redacción abierta. En todos los diarios que trabajé después, siempre nos apartaron del público".


Alejado de la gráfica desde su jubilación, hoy Rubén Boggi desarrolla un programa radial en la ciudad de Cipolletti. GENTILEZA RUBÉN BOGGI

Una "grieta" distinta

¿Cómo era aquel Azul de fines de los '80 que se reflejaba en EL TIEMPO? Rubén Boggi recuerda algunos aspectos particulares: "Había todavía peronistas y radicales, fundamentalmente. Esa era la 'grieta', distinta, quizás más amable. Duraba la primavera de la nueva democracia. El ambiente cultural era bastante intenso. Cine, música, algo de teatro que empezaba a renacer. Tengo que hacer una autorreferencia aquí, pues me involucra e involucra al diario en el tema cultural. En 1985, estuvimos buena parte del año preparando la cantata Auca Nahuel, que escribí con Juan Carlos Maddío. Para el estreno, con el grupo Ayuntay, alquilamos el cine teatro San Martín (todavía en funciones). El diario nos respaldó plenamente. El día del estreno se hizo un despliegue periodístico generoso. El cine se llenó, fue una gran aventura, exitosa en su repercusión. Las luces de ese espectáculo las hizo Juan José Alarcón, quien trabajaba en la administración del diario. Al año siguiente, para el 25 de mayo, pusimos en escena otra obra, 'La Ventana', con textos míos y música de Maddío, integrando obras del payador Orlando Guelbenzu y del poeta César López Ocón. Fue en el teatro Español, todavía no inaugurado oficialmente tras las refacciones que se le hicieron. En Cultura del municipio estaba Raquel De Paula. No sé si ha cambiado tanto la sociedad azuleña. Hace poco estuve, y no me sentí un extraño. Quien se ha ido, siempre carga el romance y la tragedia en el lugar que ha nacido. De Azul, siento las dos cosas, y prevalece la alegría".

El fotógrafo que se hacía invisible

Otro párrafo especial, en su recorrido memorístico, Boggi lo dedica al reportero gráfico de este diario, Antonio Tamburo. "No sólo fotografiaba, sino que lo hacía con intención, marcando con el ojo lo más importante. Trabajé con él intensamente. Salíamos a bordo de un Dodge con caja automática que tenía y ponía para el laburo del diario. Recorrimos, cuando la segunda gran inundación, toda la provincia. Retratamos las peleas entre propietarios de campos, entre municipios. Pequeñas y grandes historias. Como sólo hacen los grandes reporteros, Antonio veía la noticia antes, y avisaba. Nos conocíamos de chicos, porque ambos habíamos jugado al fútbol en las inferiores de Chacarita. Él jugaba de marcador de punta, yo de wing, o de mediocampista. Así que conservamos esa relación, aunque sin pelota. Fumábamos mucho, y bebíamos Gancia con Fernet. Con la cámara en ristre, él se mezclaba en las multitudes, desaparecía, se hacía invisible. Lo quise mucho".

Rubén Boggi, en una cena de EL TIEMPO, sentado frente a Miguel Toledo. Más alejados, los periodistas Rogelio Clavellino y Juan Miguel Oyhanarte, junto a otros trabajadores, colaboradores y amigos de este matutino. ARCHIVO EL TIEMPO


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