5 de abril de 2026

A 44 AÑOS DE LA GUERRA DE MALVINAS

A 44 AÑOS DE LA GUERRA DE MALVINAS . Alcides Prieto: "En Puerto Argentino nosotros no los dejamos desembarcar a los ingleses"

Vivió una infancia dura en su pueblo natal de la provincia de Corrientes. La cosecha del tabaco lo encontró allí entre los niños que se ocupaban de esa labor. Con la conscripción cumplida fue convocado nuevamente desde el Regimiento de Infantería Mecanizado 5 de Paso de los Libres en abril de 1982. En Malvinas, su compañía se emplazó en Puerto Argentino y su puesto de combate se ubicó en el faro. "Hasta que se levantó la bandera, no dejamos de tirar", recuerda.

ENTREVISTA Y TEXTO: MARCIAL LUNA

Yo soy de Santa Lucía. En realidad, soy de Gobernador Martínez, Departamento de Lavalle, Corrientes, pero nací en Santa Lucía el 28 de febrero de 1962. Es un pueblo muy chico y la crianza ahí fue difícil. En esa zona no hay escuelas, allá todo es monte, y no teníamos qué ponernos. El finado de mi viejo nos crió a los ponchazos limpios porque somos nueve hermanos. No era fácil la vida en el pueblo. Allá en Corrientes, ya de chiquito había que salir a trabajar. A los diez años, así como estábamos, en patas, le llevábamos en un tarrito la comida a mi viejo. Muchas penurias pasamos ahí, en Santa Lucía.

Se hacía la cosecha del algodón y del tabaco, pero más que nada la del tabaco. Nosotros sembrábamos, hacíamos todo. Se hacían hileras de cincuenta metros y se trabajaba agachado. Después se cosechaba y se tendían las hojas, se dejaban secar. Una vez seco eso, se elegía la calidad: primera, segunda, tercera, cuarta, quinta. Se prensaba en fardos, se dejaba al rocío una noche y, al otro día, se sacaba lo que estaba picado y se dejaba lo que no estaba picado. Eso era todo el proceso de separación que hacíamos, ya desde chicos en el pueblo.

En ese entonces allá no había luz, no había agua corriente tampoco. La producción también cambió: ahora no hay tabaco, es todo tomate. Pero hay mucha pobreza aún. Lo último que supe es que estaban vendiendo muy barato el cajón de tomates. Las plantaciones de yerba están más para el lado de Misiones y el tabaco ha quedado un poco en el Chaco.

Nosotros hacíamos cigarrillos de hoja y fumábamos eso. Usábamos el candil para andar por la casa y no chocarnos las puertas... [Risas.] Y se vivía igual, sin cocina, sin garrafa para cocinar; tomábamos agua en los esteros. A pesar de todo eso, jamás estuvimos enfermos.

El clima es seco, en julio anda por los veintitrés grados, pero en enero se va a cuarenta y cinco. Uno estaba acostumbrado a eso, ahora ya hace muchos años que estoy acá en Azul, porque me vine después de la guerra. Aquí conocí a mi señora, que es azuleña. Y ya nos quedamos.

El servicio militar me tocó en Corrientes. Ahí hice la colimba cuando me llamaron. Justo en ese momento tenía a mi papá muy enfermo. Yo estaba en casa de una tía. Entonces le dije: "Tía, si pasa algo, cualquier cosa que pase con mi viejo, me llamás. Yo me voy a prestar el servicio militar". Me tocó en el Regimiento de Infantería N° 5 de Paso de los Libres. Yo estaba en la compañía "C".

Cuando salimos para Malvinas, yo ya estaba de baja desde hacía unos meses, así que me volvieron a llamar. En ese entonces estaba trabajando con un hombre allí y me llamaron que tenía que presentarme en el regimiento. El servicio lo había cumplido un año y pico. Recibimos un poco de instrucción sobre armamento, me acuerdo que teníamos unos fusiles viejos, que los llaman "32,20".

Después de la baja en la colimba, cuando me volvieron a llamar, avisaron por carta que tenía que presentarme. Y fui al regimiento. Ahí me tiraron una bolsa con todas las cosas y a todos los que estábamos nos dijeron que había que prepararse porque "nos vamos...". Pero nadie decía nada, ni para dónde íbamos... Desde Corrientes nos trasladaron en tren. Ese tren iba lleno de soldados y así llegamos a Bahía Blanca. En una estación la gente saludaba, había banderas, chicos, mujeres. Nosotros no entendíamos nada, pero devolvíamos los saludos igual. ¿Qué estaba pasando? Nadie sabía... Eso fue acá en Azul, en el paso del tren en viaje hacia Bahía Blanca. Y de ahí nos subieron a un avión, hasta Río Gallegos y después a Comodoro Rivadavia. Llegamos una tarde y nos ubicaron en un lugar, así que ahí acomodamos todo. Nos pusimos pantalón corto y hasta jugamos a la pelota un rato. Hasta ahí venía todo lindo.

Al otro día hubo formación y vimos los aviones Hércules que nos estaban esperando. A esos aviones les habían sacado todos los asientos. Ahí fuimos sentados, con los bolsos, uno al lado del otro. En algún momento supimos que íbamos para las Malvinas.


El faro en cercanías a Puerto Argentino, la posición que tuvo Alcides Prieto durante el conflicto bélico.

El faro

Ese viaje nos pareció corto. Llegamos al aeropuerto y por ahí cerca armamos las carpas, ya en Puerto Argentino [Islas Malvinas]. Estaba todo tranquilo en ese entonces y nosotros hasta caminábamos por el pueblo. Las mujeres que vivían en las islas nos miraban, no sé cómo, tal vez como "bichos raros".

Después a mí me cambiaron de posición. Hay un faro cerca de la pista, a la derecha. En ese faro estaba yo, esa era mi posición. Era la guerra, pero uno no conocía cómo era el tema allá. Ellos tenían todo organizado y era posible caer en una trampa, pero al final los ingleses entraron por otro lado. Ahí, en Puerto Argentino, nosotros no los dejamos desembarcar a los ingleses.

Ellos nos tiraban bombas, escuchábamos cómo silbaban, parecía que nos iban a caer en la cabeza. Pero le estaban tirando a la pista, porque el objetivo de ellos era destruir la pista. Ahí estábamos con los compañeros del regimiento, era bravo eso.

De esos días, me acuerdo que un compañero mío quedó con la pierna destrozada, la tripa afuera. Lo había agarrado una esquirla, o varias, y lo habían destrozado.

Por eso cuando vine de la guerra y después me fui en tren a Buenos Aires, siempre hay alguno... Había uno sentado ahí y hablaba: "Si yo estuviera allá en la guerra, mataba a todos...". Yo lo escuchaba nomás, no le dije nada, pero ese no tenía ni idea de lo que fue la guerra...

En Malvinas, a mi Compañía cuando la hicieron prisionera, estaba arriba desde hacía quince días. Yo me quedé con un cabo, Carbone de apellido. A él yo le daba de comer. Era flaquito y vino más gordo... [Risas.] Yo cocinaba adentro del casco. Le sacaba todo y lo usaba para cocinar. Ahí había que ingeniárselas, porque estábamos en una guerra.

Nos daban una daga que de un lado no tiene filo. Yo, con una piedra, la afilaba siempre. Esa daga se usaba para ponerla en el fusil, adelante, como bayoneta. En esos días decían que los gurkas te degollaban, pero yo sabía que si me encontraba con uno... En la guerra, ahí, hay que pelear a muerte y nadie quiere morirse, así que por las dudas yo estaba preparado, con la daga bien afilada.

En nuestra posición, en el faro, castigaba el mar helado. ¡El frío que hacía era terrible! Nos habían dado la ropa de combate, pero no teníamos más que eso. En las Malvinas, sol casi no había, muy poco; era todo el tiempo neblina. Desde mayo los ingleses nos estaban tirando bombas y a la noche se veía el brillo de las puntas de las balas. Eso duró mucho tiempo, muchos días, no sé cuántos.

Por ahí escuchamos "alto el fuego" y vimos que se levantó la bandera argentina. Nos dijeron: "Nos entregamos". Fue muy triste para todos nosotros. Llegaron los ingleses y nos decían: "Avancen, avancen". Ahí fue cuando empezamos a entregar el armamento y los jefes se empezaron a sacar las tiras.

Ya prisioneros, a nosotros nos trataron bien los ingleses, no puedo decir otra cosa. Al menos a los soldados ellos nos trataron bien. Y eso que dicen por ahí, de los jefes que estaqueaban, yo nunca vi a ninguno de mis compañeros. No sé si habrá ocurrido en otro lado, pero con nosotros no. Ni siquiera escuchamos algo así allá, ni nada parecido.


La zona donde se desempeñó Alcides Prieto: desde Puerto Argentino hasta el Cabo San Felipe, posiciones asediadas por las tropas inglesas.

Defensa de Puerto Argentino

El nuestro, el Regimiento 5 de Paso de los Libres, estuvo repartido en varios lugares durante la guerra. Yo me quedé en el faro con un cabo, y había un soldado más. Cuando empezaron a caer las bombas en esa zona se armó un desparramo bárbaro. Algunos no sé para dónde se fueron... Después yo me fui a ayudar a los oficiales a traer municiones, que llegaban en helicóptero, hasta el pueblo. Íbamos y veníamos en un camioncito, y ahí también estaban los aviones. Los pilotos eran muy buenos.

En el pozo que hicimos estuvimos todo el tiempo mojados, porque es todo húmedo ahí en las Malvinas. Tal vez estos dolores de piernas que tengo son por eso, no lo sé. Los huesos... todo hecho bolsa.

Así estuvimos casi setenta días. Con la rendición, cuando nosotros entregamos los armamentos, vimos que los ingleses no tenían borceguíes como nosotros. Ellos tenían todos los pies vendados y algunos llegaron rengueando, así que si la guerra duraba un tiempo más no sé si les hubiera ido tan bien.

Se pensaba que lo harían por Puerto Argentino, pero al final ellos entraron por San Carlos. Por donde estábamos nosotros no pudieron. Desde las distintas posiciones, yo estando en el faro, no los dejamos avanzar.

Todo el tiempo a los barcos ingleses que bombardeaban nosotros los veíamos. Y varias veces vimos las lanchas que intentaban desembarcar. Venían confiados, pero nosotros les abríamos fuego y enseguida pegaban la vuelta. Así fue en toda esa costa.

Los helicópteros ingleses venían, miraban, pero no se arrimaban mucho, pero les abríamos fuego con todo. De los nuestros, había uno que quedaba como observador de los aviones. Cuando los veía venir gritaba y ahí se preparaba todo y les tirábamos con todo lo que teníamos. Hasta que se levantó la bandera, nosotros no dejamos de tirar. Eso fue algo muy triste, ver tantos compañeros tan jóvenes que quedaron allá, lamentablemente. De nuestro regimiento, más o menos tuvimos la mitad de bajas.

Después, prisioneros, nos llevaron el barco hasta Ushuaia. No sé si será cuestión de la guerra, pero muchas cosas me he olvidado... Los ingleses cobraban por su trabajo militar. Nosotros cuando volvimos, había que luchar por un trabajo, nos daban vuelta la cara. Entonces uno se pone mal, fue algo muy complicado para nosotros eso.

Cuando vine de Malvinas me dolían los huesos. Nunca más fue como antes. Y en Ushuaia, cuando veníamos en barco, nos agarró una tormenta terrible. Nos dio una descompostura bárbara, porque no estábamos acostumbrados a esas tormentas en el mar, con unas olas impresionantes. Estando en el barco, ahí nos dieron de comer, en una latita de durazno. Ahí empezamos a comer más o menos. Cuando llegamos a Buenos Aires, el jefe nos hizo bañar, nos dio ropa nueva, nos llevó al médico que nos revisó. Ahí también nos vacunaron. Cuando estábamos sentados un día, con el jefe, nos dieron la campera Duvet... medio tarde nos llegó [Risas.] Ahí nos quedamos a dormir y al otro día nos subieron a colectivos y volvimos a Corrientes, al Regimiento 5. Estuvimos una semana o un poco más ahí. Empezaron a nombrar a todos, por ahí dicen "Prieto" y contesto "presente". Me dicen: "¿Cómo está acá, Prieto?", porque estaba en la lista de los caídos... Así que fue cosa de recibir abrazos ese día.

Esperamos unos días ahí, para la baja. Yo no veía la hora de salir de ahí. ¡Y fue al último que nombraron! Unos días después me encontré con mi vieja, que no sabía nada, si había ido a la guerra o no. Ella nunca se había enterado, no sabía qué había pasado conmigo, porque en el regimiento tampoco estaba.

Luego de la baja, empecé a trabajar en un restaurante al lado de la terminal de Paso de los Libres. Cuando junté para el pasaje recién me pude ir con la familia, que en ese momento estaba en Lomas de Zamora. Cuando llegué, abrió la puerta mi prima y me dijo: "¿Y vos quién sos?" y me cerró la puerta. No me conoció... Así que tuve que golpear las manos y decir quién era. Ahí les conté que venía de Malvinas, de la guerra. Ellos no podían creerlo. Al tiempo me vine a Azul y desde ese entonces acá estoy.

EL DATO

El presente relato, aquí resumido, forma parte del libro aún inédito "Azuleños en la Guerra de Malvinas", del autor de la entrevista.


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