LÍA ALBERTENGO

LÍA ALBERTENGO

"Azul es mi nido, ahí aprendí a volar"

Lo expresó la vocalista, productora, compositora, gestora cultural, docente y mamá azuleña. Comenzó su carrera artística en esta ciudad, aunque la continuó donde reside hace 19 años: Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Grabó cuatro discos de producción musical de autoría propia y como gestora realizó varios e importantes festivales de índole internacional. En esta entrevista, recuerda su infancia en Azul, a sus seres queridos; a Roberto Glorioso, su primer referente como escritor; entre otras reflexiones que manifiesta a nivel personal y profesional.

13 de agosto de 2020

Lía Albertengo es multifacética: es artista musical creativa, es escritora y es productora. Es, además, hoy una experta docente en materia de desarrollo artístico y personal, de método propio. Ha incursionado en el mundo del espectáculo, desde shows en vivo, teatro, televisión, publicidad, audiovisual y otros, con especialidad en interpretación textual, a prueba de fuego.

Es azuleña, aunque vive en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia desde hace casi 20 años, según ella "viviendo a toda emoción, creo yo, enamorada de este crisol de culturas".

Tiene parte de su familia en esta ciudad, a quienes adora con el alma. Lía con la música llegó a trabajar de 16 a 18 horas al día, no tenía vida propia pero se nota que recogió lo que sembró. Hace rock alternativo en inglés, música infantil para teatro y rock en español.

Como todos los miércoles "presentamos" a un personaje que nos representa donde vaya.

De la llanura a las sierras

-¿A qué edad se fue de Azul y qué sueños se llevó en la valija?

-Ya veníamos un año esperando la aventura de mudarnos a otro país. En un momento, ya encontré placer en ver la cara de amigos y compañeros cuando les decía que me iba a Bolivia. Abrían los ojos y exclamaban - ¡¿a Bolivia?! - y yo, con mi mayor entusiasmo, confirmaba que sí. En el fondo, conocía la triste visión país que teníamos los argentinos sobre Bolivia, más que todo (a falta de viajes e internet) por lo poco y malo que se veía en la tele. Pero yo, sentía que la realidad, distaba mucho de esa imagen desolada, y grande fue mi alegría cuando descubrí esta ciudad maravillosa que es Santa Cruz de la Sierra, donde llevo ya 19 años viviendo a toda emoción, creo yo, enamorada de este crisol de culturas. Estaba en mi último año del bachiller en Cs. Exactas y Naturales del Colegio Normal, con el plan de irme a la Prov. De Misiones a estudiar Ingeniería Genética. Era un plan maestro... Sin embargo, el universo sabe más e hizo lo que quiso el conmigo, sin pedirme opinión, (risas).

-Es azuleña. ¿Con quiénes creció?

-Nací en Azul, orgullosamente, hija de la Sra. Eva Esquivel y del Dr. Oscar A. Albertengo (Q.E.P.D.), con 3 hermanos menores. María Eva, la menor, quien antes que mi papá, trascendió a las cosas de este mundo, y a pesar de la enorme falta que nos hace, la vida a su lado fue transformadora y profundamente valiosa. Ella fue la primera y más entusiasta "fan" que tuve jamás. Laura, es mi otra hermana. Talentosa, brillante, exigente y dedicada a la música, con un corazón tan generoso que pocas veces se declara, sin embargo, lo entrega a la enseñanza que imparte apasionadamente a cada alumno de su conservatorio, en la ciudad natal, desde hace siete años. Eligió el piano. Ya sabemos lo fuerte que es ella en su arte. La hemos visto en concierto, y la emoción brota a flor de piel. Es mi compañera de vida. Tengo también otra hermana, de otros padres, con quien crecí sin ser consanguíneas, y a quien, aún por encima de la distancia y los años de ausencia física, me unen cosas tan fuertes como ese lazo fraternal entre amigos de la infancia. Ella es Lorena Mendivil, y como todas las cosas buenas, nos encontramos sin querer y nos quisimos toda la vida.

"Aprender, resolver y compartir"

-¿Cómo desarrolló su carrera? ¿Siente que le tendieron una mano o que se abrió camino sola?

-A veces, en el frenesí de lo cotidiano, uno se atropella a sí mismo. Yo no me di cuenta cómo llegué hasta "aquí y ahora", pero sé que gran parte de ese camino, fue guiándome por mi corazón. Con todo lo que a uno le imponen, además lo que ya uno mismo se autoimpone, muy seguido perdemos el rumbo. Ya el Universo, Dios o como querramos llamarle, tenía planes para mí. No pude ir a Misiones, y tampoco irme a Bs. As. A estudiar Filosofía y Letras (eso otro que también "pensé que quería"). Así que un día dejé de luchar contra lo que "no podía" y me dejé llevar por lo que sentía. Creo que ahí fue cuando dejé de sufrir y comencé a vivir. Yo no me propuse nada, y siento que hasta ahora, he hecho todo lo que me ha pedido el corazón hacer. Siempre estuve muy conectada con mis emociones (empecé haciendo mi música y escribiendo) al punto de haberme conocido más, y si hoy miro para atrás, puedo ver un hermoso camino recorrido, lleno de gente hermosa. ¿Que si me tendieron la mano? Yo me sentí abrazada completa. Para bien y para mal, hoy siento mucho más, aprendí todo lo que pude hasta hoy, y eso que el día aún no termina...

-Comenzó cantando. ¿Quien la "descubrió"?. Después también fue y es productora.

-Quien nos lee seguramente se esperará otra respuesta, pero yo voy a decir la verdad: la mayor "caza talentos" que pasó por mi vida, fue mi mamá. Ella me "descubrió" a los 6 meses de edad, y a pesar de haber oído sólo un par de notas mías, se encargó de hacérmelo recordar toda mi vida, por si me olvidaba. Y cada vez que me pierdo, vuelvo a esa historia, y me reencuentro con una visión más interesante. Y volverme productora, fue a partir de la necesidad de cubrir funciones exigentes, con bajo presupuesto. Si no alcanzaba la inversión en dinero, le metía mano de obra propia. Dormía menos pero aprendía más. Y creo que elegí bien, que fue muy bueno no tener compradas algunas cosas. Ningún maestro supera a la experiencia de "hágalo Ud. Mismo" (risas).

-Cuénteme ¿cómo lleva eso y dónde aprendió a ser multifacética, además de lo que contó de la producción?

-No puedo contradecir a mi corazón. Suena quizá muy "light" o "poco correcto" porque siempre tenemos "reglas" o "patrones" que seguir, y justamente eso es lo que terminé descubriendo: hacer lo correcto no es siempre la respuesta correcta. Es decir, si yo evado a mi corazón por "corregirlo" con ideas ajenas, entonces me estoy fallando a mí misma, siendo desleal a mi espíritu y alejándome de aquello que está hecho a mi medida justa (sea cual sea). Por ende, me equivoqué muchas veces buscando hacer siempre lo correcto. Y cuando me dediqué a hacer lo que sentía, encontré que las mismas habilidades le exigen a uno probar cosas nuevas, para seguir creciendo. Me volví multifacética porque jamás me sentí cómoda estando por mucho tiempo en el mismo "lugar", y ese lugar, es la "zona de confort". Mi deporte extremo favorito, es meterme a hacer cosas que no sé y dar lo mejor de mí. ¿Fracasos? muchísimos, y a ellos les debo todo lo bueno que hay en mi vida.

-¿Cuál es el talento más grande que cree tener?

-Aprender, resolver y compartir. Aunque no lo parezcan, hoy valoro esas tres, como talentos. Aprendí que no puedo tener todo bajo control. Que las cosas tienen su forma de ser, y que luchar por cambiarlas, solo trae frustración. Por el contrario busco abrazarlas como son, y eso me incluye a mi misma. No es egoísta reconocerse como una persona autosuficiente. Todo lo opuesto: ser egoísta es necesitar que otros hagan cosas por uno, para recién "poder ser feliz". Y así, dejé de trabajar 16 a 18 horas al día, porque mi trabajo, por más exigente que yo fuera, no tenía vida propia, y a su vez, yo estaba dejando de vivir la mía. Me tomó demasiado tiempo comprender esto. En lo personal y en lo profesional, siempre busqué dar todo lo que tuviera (y estoy segura de que no soy la única, incluyendo a nuestros lectores) por encima de mi propia salud. Me enfermé del alma, creo. Volví a casa en el verano y me volví a encontrar. Siempre volver a casa es volver a uno. Estoy en tiempos de compartir. Por eso estoy dedicada (además de la producción artística) a la docencia... A compartir lo que sé, con quien quiera saber. Era "workaholic". Ya me re habilité (risas)

-Tuvo una hija ¿en qué cambió su carrera tener a Martina?

-Tener a Martina en mi vida, es día a día acordarme de esa niña que vive dentro mío, y dejarla salir a jugar con ella. Siento una conexión muy fuerte entre nosotras. Como todo padre/madre, estar con nuestros hijos, es como estar frente a un espejo al que tenemos que mirar si o si, sin importar si nos gusta o no, porque ellos son una proyección nuestra. Si estamos mal, ellos están mal. Si estamos bien, ellos también. Entonces, para verla feliz, también procuré estar feliz, y si eso era sinónimo de hacer todo junto, lo intenté y así, de la mano de la música me metí a hacer y escribir para teatro, actuar y producir, comenzando por espectáculos para niños, pensando en ella. En definitiva, no fue un cambio. Fue evolución.

-Imagino que es una persona muy sensible ¿eso ayuda en su carrera no?

-Por supuesto, ¡sensible hasta la médula! (risas). No sólo ayuda, lo es todo. En el arte, cualquiera sea, la sensibilidad es la que habla. Y recuerdo a una profesora de literatura, decir: "artista se nace, no se hace. Pero si se hace, puede resultar tan costoso como insípido", y se me quedó tan grabado, que abracé la autenticidad por encima de todo. Siempre buscando cosas nuevas, siempre adentro, adentro mío.

-¿Qué le gustaría hacer o le haya quedado pendiente, me refiero a género musical?

-Hice rock alternativo en inglés, música infantil para teatro, rock en español y a pesar de parecer diferentes, me gustan por igual, aunque prefiero el primero de las tres. Es curiosa tu pregunta, porque tengo una anécdota para responderla mejor. Yo me cuestionaba mucho el "qué me falta, qué quiero, qué me gusta" y daba vueltas en círculos, en todo aspecto, y me causaba bastante ansiedad. Por las letras, la música, las artes escénicas, la televisión, la docencia, entre otras muchas cosas. En 2016, sin haber encontrado respuesta hasta ese día, y en su lecho de muerte, le pregunté a la persona más sabia que conocí en mi vida: mi papá. "Pá, ¿no sentís que te quedan cosas por hacer?. -Sí, pero nadie se va con todo hecho".

Así que, pude dejarlo ir sin comprometerlo más a la "obligación" de "hacerme feliz haciendo mi voluntad". Ese día se despidió de mí, con el mejor de los consejos que podía haber recibido: la vida no alcanza para hacer todo. Solo sirve para ser vivida.

-Actualmente, ¿cómo es un día común suyo?

-Mi dedicación está en pos de la creatividad, así que jamás tengo 2 días iguales. Al despertar, ya no ignoro lo que me hizo sentir un sueño, si lo recuerdo... Eso es algo nuevo. Lo comparto porque sé que muchos usamos el despertador a contrapelo, y este pequeño cambio les va a cambiar la perspectiva a muchos...: yo ya no uso el despertador. Era como despertar asustada y "fuera de onda" (risas). Eso es ahora un día común. Despertarme tal como me siento, y atender las cosas por orden de llegada. Cualquier cosa que pueda modificar, está en el presente. Lo demás, está fuera de mi alcance. Soy independiente. Lo que ha cambiado, es que ya no me exijo vivir al ritmo del mundo. Es un riesgo grande, pero me considero valiente.

"Me siento bien querida en esta ciudad que me abraza y no me quiere soltar"

-Sé que en Bolivia tiene un prestigio fruto de tu esfuerzo y trabajo. ¿Qué tal en ese aspecto con Azul?

-Me considero cuidadosa y querendona. Y cuando uno puede cuidar y dar cariño, lo mínimo que vuelve, es más cariño y cuidados. Me siento bien querida en esta ciudad que me abraza y no me quiere soltar... Azul, es mi cuna. La diferencia es que aquí en Santa Cruz, al llegar, fue un mundo completamente nuevo en el que no conocía a nadie. Y abrirse camino, sólo fue posible adaptándose, siendo creativo (suerte para mí). Creo que lo logré. Mi ciudad natal, tiene amor por mi papá, especialmente con tantos pacientes que visitaron mi casa buscando alivio y depositando cariño a largo plazo, y ese amor lo he recibido desde la concepción. He heredado el mayor de los bienes de este mundo, y espero merecerlo, aunque ya lo he disfrutado toda mi vida. Por eso, siempre vuelvo a casa.

-¿Qué es Azul para usted?

- Azul es mi nido, ahí aprendí a volar. Mi primer ídolo fue Roberto Glorioso (Q.E.P.D.), a quien admiraba desde chiquita, con una enorme sonrisa, regalando amor a todo el que entraba al Banco de Azul (Banco Industrial ahora). Cuando supe que era escritor, quise ser como él, y comencé a escribir poesía. Tuve la suerte de entregarle en mano un ejemplar de mi primera antología. Fue para mi, como entregarle un disco a Michael Jackson en ese momento. Fui la chica más afortunada. Nací en la ciudad cuna de artistas, llena de personalidades, gente que comparte su corazón y no pretendo desentonar. Tenemos directores de cine, músicos de talla internacional, escritores reconocidos, acróbatas, entre tantas otras artes bien representadas por los nuestros. Solo estoy segura de algo: por encima de esta cuarentena, voy a estar más presente que nunca, y podré compartir más de lo que esperaba, para devolverle a mi ciudad un poquito de toda la dicha que me ha dado.

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