15 de noviembre de 2017
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Por Augusto Meyer
ameyer@diarioeltiempo.com.ar
“Si uno quiere ser médico o ingeniero, estudia; pero si quiere ser un buen artista requiere de una capacidad interior innata. Así es el oficio del afilador”, afirmó este personaje azuleño en una nota con este diario, en un alto del recorrido de los domingos por la ciudad.
El chifle es una señal inequívoca de su proximidad.
Es domingo por la mañana. Detrás del sonido asoma la silueta de don Francisco Balatto y su inseparable bicicleta; ese vehículo que, además de transportarlo, es vital para trabajar “al paso”.
Con 90 años de edad impecablemente llevados este hombre de trato amable y cordial, lleva 7 décadas ganándose el pan afilando cuchillos y tijeras a la vieja usanza.
A falta de “herederos” de un oficio que desapareció en las grandes urbes, quedan pocos como él. A este pintoresco personaje que tenemos en Azul le vale la enésima nota publicada en estas páginas. Es una historia de vida que parece renovarse y cobrar impulso para ser valorada en toda su dimensión.
Balatto le pone el pecho a la desaparición en las grandes urbes de un trabajo “artesanal”. Y lo hace a sabiendas que su oficio a menudo es tomado por delincuentes que, enmascarados como afiladores, le roban a sus circunstanciales clientes. Los clásicos “descuidistas” también actúan en Azul. Labores como la de afilador luchan contra las fechorías de los amigos de lo ajeno; la desconfianza gana espacio entre los vecinos de algunos barrios. Sin embargo, Francisco aseguró que esa modalidad de delito está lejos de perjudicarlo.
“Me beneficia porque me conoce todo el mundo”, dijo ante el requerimiento periodístico en un alto de la caminata, mientras llevaba a tiro el biciclo.
El derrotero de un laburante -
Balatto es mucho más que un experimentado afilador. Supo dedicarse a la colocación de herraduras en la época de los carros tracción a sangre. También trabajó el cuero y se desempeñó como fabricante de tijeras y cuchillos “a martillo”.
La comunicación tampoco le fue esquiva; estuvo vinculado con las artes gráficas e hizo un programa en radio.
Consultado acerca de la labor que hoy lo ocupa, Francisco consideró que “estos oficios hay que aprenderlos mirando a aquel que sabe”.
“Es imposible enseñar como en una escuela. Uno nace con una predisposición. Yo puedo afilar un cuchillo hasta con una pared. Si uno quiere ser médico o ingeniero estudia, pero si quiere ser un buen artista requiere de una capacidad interior innata. Así es el oficio del afilador”, amplió.
Instinto de supervivencia -
Balatto aseveró que el oficio de afilador le permite seguir generando el sustento para llevar a su hogar. Así es desde hace 70 años; de ahí que mantenga “viva” este oficio que, además, representa para él un “cable a tierra”.
“Me gusta andar, camino, y lo que me ha permitido sobrevivir hasta ahora es esto. Es necesario que el ser humano despeje la cabeza en cualquier actividad. Hay que buscar algo como para salir del barullo donde a uno le quieren meter miedo; si no son los vecinos, son los muchachitos que le llaman niños y a lo mejor tienen 14 o 15 años y son el demonio puro”, explicó.
Lo avanzado de la edad no es, para este personaje azuleño, un escollo.
“Siempre le digo a la familia ‘tengan cuidado cuando salgo porque un día le van a venir a decir que me han encontrado muerto; jajaja’. Mientras pueda caminar, voy a seguir”, advirtió.
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