1 de abril de 2026
El periodista y referente en la construcción de memoria sobre la guerra de 1982, autor de la reconocida obra "Iluminados por el fuego", en su reciente libro "La última batalla" propone una mirada que trasciende el conflicto bélico para interpelar el presente, la soberanía y las deudas aún abiertas de la sociedad argentina.
Edgardo Esteban es una de esas voces atravesadas por la historia reciente argentina. Excombatiente de la Guerra de Malvinas, vivió el conflicto siendo un conscripto y convirtió esa experiencia en el eje de su trayectoria como periodista y escritor. Con los años, su testimonio tomó forma en libros -entre ellos "Iluminados por el fuego", llevado luego al cine- y en una sostenida labor vinculada a la memoria, los derechos humanos y la causa Malvinas. Su recorrido en medios nacionales e internacionales, sumado a su rol institucional al frente del Museo Malvinas, lo posicionan hoy como un referente ineludible a la hora de pensar el conflicto bélico de 1982 no sólo como hecho histórico, sino también como herida abierta y construcción colectiva de memoria.
Un regreso con nueva obra
En su libro más reciente, "La última batalla", Esteban vuelve sobre Malvinas desde un lugar más íntimo y, al mismo tiempo, profundamente político. Invitado por el Municipio de Azul, a través de la Secretaría de Cultura, desembarcó en la ciudad para presentar esta nueva obra el lunes pasado en el Salón Cultural. Previo a esa actividad, mantuvo una entrevista con EL TIEMPO.
"En estas fechas -dice Edgardo Esteban- soy muy convocado por el 2 de Abril, incrementado además por la presentación del libro que será en estos días (el 5 de abril lo haré con León Gieco cantando y otras personalidades destacadas). La idea es presentar un libro que tiene una mirada como lo que fue 'Iluminados por el fuego'. Este es mi séptimo libro. 'Iluminados por el fuego' fue un libro que sacudió, porque vino a romper con la hegemonía de la comunicación: fue la disputa del sentido de la 'gesta de Malvinas' para empezar a hablar de la 'causa Malvinas'".
La guerra y lo que vino después
Su experiencia no fue solamente la de un joven enviado a la guerra en el momento en que cumplía con el Servicio Militar Obligatorio, sino la de alguien que atravesó en carne propia una realidad marcada por la desprotección, el aislamiento y situaciones límite que excedían el enfrentamiento bélico. Como tantos soldados conscriptos, debió enfrentarse no sólo al enemigo, sino también a condiciones extremas de vida y a prácticas de disciplina que, con el tiempo, comenzarían a ser revisadas desde una perspectiva crítica.
Ese recorrido, cargado de silencios durante años, encontró una forma de expresión en "Iluminados por el fuego", su primer libro, donde logró reconstruir, con una mirada honesta y sin épica forzada, lo vivido en las islas y, sobre todo, lo que vino después: el regreso, el olvido y las heridas persistentes.
"Mi libro -puntualiza Esteban- fue el primero que denunció lo que pasó, más allá de los actos de heroísmo y de la parte humana: los malos tratos, las humillaciones, el hambre, el frío. Desde ahí empezó toda una campaña de descalificación que se potenció con la película, pero fue un debate que a mí me hizo sentir muy bien, porque ese relato empezó a crecer y a generar más voces. Yo empecé en primera persona del singular y hoy somos primera persona del plural. Somos 'nosotros'".
De lo individual a lo colectivo
Lejos de quedar en el plano individual, ese testimonio tuvo un efecto que trascendió lo literario. Su relato ayudó a correr el foco hacia aspectos menos visibilizados del conflicto, poniendo en discusión responsabilidades internas y dando entidad pública a experiencias que muchos excombatientes habían guardado durante décadas.
En ese proceso, su voz -junto a la de otros- contribuyó a generar un clima social propicio para que avanzaran denuncias por maltratos y abusos dentro de las propias filas argentinas -en plena guerra de Malvinas-, abriendo paso a investigaciones judiciales desde la perspectiva de los derechos humanos. Así, lo que nació como una necesidad personal de contar, terminó integrándose a un proceso más amplio de memoria, verdad y justicia que aún sigue en construcción.

En el Salón Cultural, Edgardo Esteban -autor de "Iluminados por el fuego"- presentó el lunes su más reciente libro, "La última batalla". NACHO CORREA
Malvinas en el presente
"Hoy, con un gobierno que reivindica a Margaret Thatcher, que entrega la soberanía, que habla de 'autodeterminación', se intenta volver a una mirada de gesta y de heroísmo para encubrir lo que fue la dictadura militar. Y Malvinas fue más allá de la dictadura. Malvinas es soberanía; es 'soberanizar', es 'malvinizar'; no es sólo el '2 de abril'", afirma Esteban.
Siempre desde una mirada crítica, insiste en que lo que ocurrió después del conflicto fue, en muchos casos, tan duro como la guerra misma. "La temática de los suicidios, el estrés postraumático y todo lo que vino después fue tanto o más difícil que la propia guerra".
La marca de la guerra
A lo largo de los años, Edgardo Esteban construyó una manera particular de narrar Malvinas, apoyada en imágenes que condensan lo vivido. Entre ellas, una idea que repite: la guerra, como ese mecanismo en el que hombres que no se conocen terminan obligados a matarse, mientras quienes toman las decisiones sí se conocen, pero no se enfrentan entre sí.
Tenía apenas 18 años cuando fue enviado a las islas, una edad atravesada por proyectos y futuro, no por la cercanía de la muerte. También vuelve sobre el contraste entre la partida y el regreso: irse casi sin comprender del todo a dónde, y volver en silencio, como prisionero.
"Fue muy difícil volver, no había una sociedad que nos pudiera contener, el silencio dolía. La sociedad no aceptaba esa derrota, como si hubiésemos perdido un Mundial", recuerda Esteban.
En esa tensión, su relato encuentra una de sus claves más profundas: la guerra no termina cuando cesan los disparos, sino que continúa en la memoria, en las marcas que persisten y en esa sensación de que lo vivido nunca se apaga del todo.
Soberanía y contradicciones
"Hay dos temas que nos unen a los argentinos: el fútbol y Malvinas. Cuando vas a ver a la Selección no te preocupa si vas a la cancha de Boca o River: te ponés la celeste y blanca. Ahí no hay rivalidades y estamos todos en la misma. El 2 de Abril también debería ser así", asevera.
Sin embargo, advierte tensiones en el presente: "Después aparecen contradicciones. En la Antártida Milei sacó 87% en la última elección. Ahí el tema de la soberanía es contradictorio. Malvinas tiene que estar como una cuestión de Estado, por encima de todo".
En ese mismo sentido, Edgardo Esteban insiste en pensar la causa también desde lo económico: "Desde el año 1983 al 2021, sólo en regalías pesqueras por el calamar se llevaron los británicos -a través de empresas españolas- 187 mil millones de dólares. Impuestos que van a las regalías de los kelpers, que es el segundo lugar después de Luxemburgo con mayor ingreso per cápita. Hubo años que se llegaron a pescar 120 mil toneladas de calamar. La temporada pasada no llegó a 18 mil... Lo están depredando. Después vas a Europa y comés un calamar exquisito, que es el nuestro".
La última batalla
El nuevo libro nace a partir de un hecho real y perturbador: la aparición de su cédula militar en una subasta en el exterior.
"Este libro es un puente, un espejo de 'Iluminados...'; la historia de la usurpación de mi cédula militar. Cuando subí al buque Canberra el 10 de junio de 1982 y cuarenta años después, en 2020, me avisan, gracias a una periodista cordobesa, que se había vendido en un remate en el Reino Unido por 1750 libras esterlinas, me propuse recuperarla pese a que me decían mis allegados que no, que era revivir nuevamente todo. A través de un abogado argentino que residía allí empecé a rastrear esa cédula", explica Esteban.
A partir de allí, reconstruye no sólo esa búsqueda, sino también los recuerdos de la guerra y el tiempo posterior como prisionero, en un relato que tensiona memoria, identidad y dignidad.
El libro incluye, además, un capítulo titulado 'Las que nos sostienen', dedicado a las familias, las madres, las esposas.
"La guerra no termina con el último eco de la batalla: perdura en el cuerpo y en el alma. Es una carga que uno lleva toda la vida. Para mí escribir, poder exorcizar mis fantasmas, transmitir mi dolor, me llevó a ser una persona muy agradecida de la vida, muy feliz, no me gusta la palabra 'sobreviviente', porque uno vive", afirma Esteban.
Lejos de una mirada cerrada en lo autobiográfico, el nuevo libro propone pensar la guerra como una experiencia que sigue abierta, donde el verdadero conflicto -como sugiere el propio recorrido del autor- continúa librándose en el terreno del recuerdo, el reconocimiento y la construcción colectiva de sentido. "Con Guillermo Carmona sacamos la frase Malvinas nos une, que no es tan así porque, obviamente, hay cosas que nos desunen, pero fue un elemento alentador para ver hoy en los ómnibus, en los autos, en los trenes, es ese rescate de lo colectivo. También lo trabajé mucho con Pedro Saborido".
Un debate pendiente
"Malvinas no es el 2 de Abril, tiene que ser todos los días. Es el Lago Escondido, el acuífero guaraní, el canal Magdalena, es la alimentación futura de nuestros pibes. Es soberanizar", asevera Esteban.
Y deja una reflexión final que funciona también como interpelación: "Hay que seguir construyendo memoria, apostando por la vida y por la esperanza. Para la prensa, los muertos son un número; para una madre, es toda su vida. La verdad siempre llega, sólo es cuestión de tiempo".
Porque, en definitiva, la guerra no termina en el campo de batalla: sigue latiendo en la memoria, en las discusiones pendientes y en la forma en que una sociedad decide -o no- hacerse cargo de su historia.

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