1 de noviembre de 2026
Por Adriana Abadie
Especial para El Tiempo
En tiempos en los que la frialdad de los números se presenta como una verdad que ni siquiera puede calificarse como incontrastable, algunas cifras siguen diciendo y sobreviven a cualquier propósito de manipulación. Azul Ciudad Cervantina llegó a veinte ediciones de su Festival. Esto significa que, en una ciudad casi bicentenaria, el diez por ciento de su historia lleva implícita esta marca. Visto así, ¿cómo negar un ladrillo tan significativo en la construcción de su identidad? Del mismo modo, ¿por qué pensar en lo homogéneo o en un ingrediente único para la elaboración de semejante argamasa? Desde este posicionamiento sabemos que no se echa por tierra la posición de algunas voces que disienten con este camino y su construcción. Tampoco se busca que tuerzan sus ideas y concepciones, porque hay lugar y posibilidad de apuntalar este intangible que es la cultura, incorporando armónica y respetuosamente a todas sus expresiones.
Que la Unesco con sede en Castilla-La Mancha haya distinguido a nuestra ciudad en el año 2007 como la Ciudad Cervantina de Argentina fue un puntapié. El inicial y, por eso, imprescindible. Pero desde entonces el balón no ha dejado de moverse en la misma cancha y eso es lo que vale, aun cuando algunas veces el campo de juego estuvo embarrado. Mérito de los jugadores locales que, por amor a la camiseta y convencidos del proyecto de su club, siguieron adelante y, puertas adentro de los vestuarios, buscaron la forma de sobreponerse a los malos dirigentes de turno cuando los hubo, o algún que otro árbitro implacable. Nos permitimos la analogía del quehacer cultural cervantino con el deporte, porque el mecanismo de funcionamiento se les parece.
En estos veinte años hay mucho para contar, con logros y no pocos disgustos; pero el balance siempre es satisfactorio. La edición que está en curso pasó el examen. Y se aunaron voluntades para que fluya; se sellaron acuerdos indispensables para que fuera posible.
Dar nombres puntuales siempre nos lleva a ser injustos con los que no se mencionan. A pesar de ello, hay tres que en este caso se imponen, porque reconocerles hace necesaria justicia.
El primero es el de Sandra Adam, coordinadora de este XX Festival: idónea desde lo profesional y lo humano, incansable trabajadora, componedora y dialoguista, dispuesta a escuchar a todas las voces y a sumar el grano de trigo (me gusta más que la arena) indispensable para que la fórmula que se cocina sea rendidor alimento. A su templanza, y a su natural disposición a la alegría, le debemos el hecho de que un programa variadísimo haya podido concretarse. ¡Cuando el presupuesto y el dinero contante nunca alcanzaron siquiera para sonar! Platense devenida azuleña, Adam apuesta al éxito de este camino cervantino desde la hora inicial; y ese compromiso se refleja en los resultados.
El otro es Nelson Sombra. El intendente actual se definió a sí mismo como un simple pasajero ocasional en este colectivo, y desde ahí se dispuso a gestionar para que todo suceda: sin palos en la rueda, entendiendo que el Festival Cervantino es el corolario de un quehacer de todo el año en el Partido de Azul, que moviliza personas de todos los sectores de la comunidad que quieran ser parte y entiendan su naturaleza y su espíritu. Así lo expresó en la inauguración de la muestra del artista germano-ruso Genia Chef -un verdadero genio que dio brillo a este Festival con su obra "Viva Don Quijote", que todos podemos ver en el Museo López Claro de forma gratuita-; pero también tuvo un particular reconocimiento expreso para el ex intendente Omar Duclós como la autoridad comunal que por primera vez confió en este proyecto cultural y -como ahora le toca a él mismo- supo equilibrar halagos y valoraciones externas con apoyos y críticas de los locales quienes, condicionados por necesidades también urgentes y atendibles, suelen llegar más tarde a entender que la cultura es también un patrimonio intangible, capaz de propiciar el despegue de oportunidades de desarrollo económico. Sombra reconoció a los pioneros, a las organizaciones que llevan veinte años o más trabajando incansablemente, regalando sueños y tiempo en aras de esta proyección azuleña hacia el mundo; pero también lo hizo con los empleados municipales que trabajan incansablemente para que todo esté puesto a punto y en condiciones, en cada uno de los espacios en donde el cervantismo social acontece.
La tercera mención que no podemos dejar de hacer es la de José Manuel Lucía Megías, un madrileño -aunque nació en Ibiza- padrino de este Festival, que ya hemos adoptado como ciudadano honorífico de Azul y que pone a mover en todo el mundo la marca quijotesca y cervantina que nos hace más humanos. A esta altura de los acontecimientos no hace falta hablar de su currículum de catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, de su condición de escritor prolífico y poeta exquisito, del cervantista que escribe libros y da conferencias en todo el mundo sobre la pervivencia de este legado y la manera en que sigue dialogando con la realidad, interpelándola desde la literatura. Desde el año 2019 José Manuel no venía a Azul para el Festival Cervantino. Esta vez, en el veinte aniversario, volvió a ponerse al hombro la organización y puesta en marcha de las XV Jornadas Académicas Cervantinas desde la Cátedra Cervantes de la Facultad de Derecho de la UNICEN, que han sido un éxito con la llegada de los escritores cervantinos Federico Jeanmaire y Carlos Gamerro, más los catedráticos que vinieron en la primera realización y vuelven esta vez a visitar Azul para ser parte de las Jornadas, más la oleada de nuevos investigadores que se le han ido sumando y continúan estudiando, contextualizando El Quijote y poniéndolo al servicio del análisis de mundo que se nos impone y sigue vigente. En cuanto al quehacer cultural, no sólo propició la llegada de Genia Cheff, sino también la de Jordi Martínez Rotllan, un empresario español amante del arte que sostiene el proyecto "Viva Don Quijote", cuyo proceso creativo y puesta en práctica pudimos ver en el documental "Everlasting Quijote", que se proyectó en el Teatro Español. Lucía Megías es quien propició otra vez la vuelta a Azul del otro padrino del Festival, Miguel Rep, quien se acercó a restaurar el mural de hermanamiento y también a presentar su reciente libro "Charly absoluto" (sobre vida y obra de Charly García, en la inauguración de Serapio, la esquina restaurada de Belgrano y Moreno, otro proyecto que enaltece la ciudad). Y como si esto fuera poco, José Manuel Lucía Megías escribió "Soy Quixote", un libro en el que da cuenta del camino de construcción y sostenimiento de estos veinte años de quehacer colectivo y cervantismo social, que se presenta en el Teatro Español ilustrado por el mismísimo Rep e impreso en Editorial Azul, otro proyecto azuleño que, dicho sea de paso, nació y sigue desarrollándose al amparo de la fortaleza que esta Ciudad Cervantina edifica de cara al mundo.
En estas menciones dejamos injustamente afuera el detalle de obras de teatro que se presentaron, locales y foráneas, en La Criba, Casa Ronco, Biblioteca Ronco y Teatro Español; exposiciones, disertaciones, presentaciones de libros, muestras de objetos diversos y propuestas de gastronomía variada, en zonas urbanas y en la campaña; convocatorias a presentaciones fotográficas e ilustraciones en salas e instituciones que se engalanaron especialmente y abrieron sus puertas durante todos estos días; proyección de documentales y películas, espectáculos y puesta en marcha de proyectos escolares de todos los niveles educativos de Azul, tanto los de gestión pública y privada, como los de la ciudad y el campo; hubo bailarines y músicos de los más diversos ritmos, estilos y coreografías, danzando y tocando al aire libre, en escenarios o a ras del piso, en bares y salones, en plazas y establecimientos educativos; la justicia y la identidad brindaron espacios de memoria y de reflexión, para que el olvido no nos lleve por caminos de horrores evitables; el deporte en sus más diversas facetas volvió a organizar torneos en playones deportivos de barrios y en clubes; hubo jornadas comunitarias de pintada mural y de lectura, en sectores emblemáticos de la ciudad y en localidades a las que el influjo quijotesco sigue llegando y dejando su estela.
¿A qué caer en la remanida frase hecha de que veinte años no son nada? Pero a la vez, ¿cómo negarle a ese montón de tiempo su peso específico de trayectoria consumada? "Soy Quixote" son, a partir de ahora, letras metálicas de un tamaño suficiente como para no dejar de ser vistas, que cuelgan de una pared del edificio municipal con la contundencia de lo cotidiano, con un mensaje de lo que se nos impone a diario como un ayuda-memoria: similar al que fijamos, con imanes y para no olvidar, en la puerta de heladera de nuestras casas. Un mojón, una marca para leer toda vez que por allí pasamos. Vale, más que como arte en sí (ése que fructifica en todos los rincones azuleños que querramos mirar), como un postulado para que sigamos recordando que, entre tantas maneras de no ser, cervantinos es parte de lo que sí somos; y como tales, no merece la pena dar lugar a tanta conciencia sin saber adormecida... Sí. Gracias, Eladia, por sintetizarlo hecho canción.
El nadador del Club de Remo tuvo una destacada participación en el Panamericano de Natación Masters (Panam Aquatics), disputado en Buenos Aires, donde consiguió el tercer puesto en las pruebas de 50 y 100 metros libres. Con una extensa trayectoria deportiva y una historia de perseverancia, volvió a subirse a un podio y dejó un mensaje para quienes creen que la edad puede ser un impedimento: "Nunca es tarde, siempre se puede".
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