7 de enero de 2026
Se encuentra radicada en esta ciudad junto con sus dos hijos: Rafael, el mayor, que es fisioterapeuta, y José, que todavía estudia. Los tres hablaron de la situación actual en el país donde nacieron, tras lo ocurrido el pasado sábado. También se refirieron a lo que se viene y a lo que ellos esperan que suceda en Venezuela, de donde emigraron en 2018 para comenzar a escribir una nueva historia en Argentina.
Entrevista: Gustavo Cruz
-¿Cómo recibieron la noticia, cómo se enteraron de la caída de Maduro?
-Yo estaba trabajando en el Gran Hotel Azul, de noche. Y me escribió una amiga venezolana para preguntarme si estaba viendo las noticias. Cuando me metí en Instagram vi lo de los bombardeos. Ahí se soltaron una serie de sentimientos: llorar, nervios. Empecé a llamar a mi gente. Algunos me contestaron, otros no.
-Dijo que se pudo comunicar con tus familiares en Venezuela ¿De qué zona son?
-Yo soy caraqueña, pero estuve muchos años en Maracay. Y mis dos hijos son maracayeros. Después de hablar con mi marido, al que primero llamé fue a mi hermano, que está aquí en Argentina en la Capital Federal. Y después empecé a llamar a gente de Venezuela. Más que todo, amistades y vecinos de donde vivíamos. Con algunos me comuniqué. Se estaban despertando. Algunos no sabían, otros sí. Pero más que todo, por mensajitos. Pero no se habló mucho porque el venezolano tiene miedo a hablar.
-¿Las imágenes que comenzaron a difundirse con los festejos de los venezolanos reavivan la esperanza de volver al país?
-Por supuesto que hay una esperanza. Este es el inicio. La esperanza volvió porque nosotros vivimos muchos altos y bajos. Nos daban esperanza y nos volvían a tirar al suelo. Pero ahorita sí tengo fe de que van a cambiar las cosas. Están haciendo todo un proceso para llegar a lo que es la liberación completa de Venezuela y reconstruir el país.
-¿Estados Unidos es garantía de que Venezuela pueda volver a retomar un proceso de democracia?
-Mira, yo tengo fe que sí.
Venir a Argentina
"Yo me vine con José", su hijo menor. "Y hace dos años se vino mi hijo mayor, Rafael", recuerda la entrevistada sobre lo que fue su llegada a la Argentina.
Según confesó, no fue fácil irse de Venezuela: "La decisión se toma por tantas carencias" y porque "la situación ya era insostenible".
Zuleima Rivera recuerda que para la época en que viajó "había vuelos directos de Venezuela a Argentina" y que "no pasé tanto trajín como muchos venezolanos que tuvieron que hacer otro tipo de ruta, por tierra".
En Argentina -sostuvo- "hay parte mía: mis hermanos y mis sobrinos..., que ya habían venido por esta misma situación".
"Una sobrina se vino después de tantas protestas y viéndose en peligro. Después se vino otra, que se trajo a su mamá con mi sobrino. Luego se vino mi hermano y mi hermana me ayudó con mi hijo. Así, uno fue ayudando al otro".
Al respecto, Rafael Amengual recordó que "cuando estás con un sueldo de 5 dólares por mes no se tiene mucho margen de ahorro para comprar un pasaporte"; aunque desde su familia "se hizo el esfuerzo" para conseguir la documentación y así dejar Venezuela.
"Yo estudiaba en la universidad y pude hacerlo gracias a que también ellos me ayudaron, porque vinieron acá a Argentina y me pagaron y me ayudaron a pagar el semestre. Todo eso fue por medio de los familiares que estaban fuera", destaca uno de los hijos de Zuleima. El mayor y el último en llegar a este país.
-¿Con qué se encontraron cuando vinieron?¿Cómo fue la primera etapa de ese volver a empezar y cuáles fueron sus primeros ingresos económicos?
-Estuve unos meses trabajando en la sodería "El Campeón"; pero después tuvieron que hacer reducción de personal. Seguí buscando y conseguí empleo en una frutería. Estuve como un año trabajando con ellos y salió después el aviso del Gran Hotel Azul, llevé mis credenciales, quedé en la recepción y ahí ya tengo seis años trabajando.

Venezolanos en Azul. Zuleima Rivera y sus dos hijos: José y Rafael. Llegaron años atrás a Azul y hablaron sobre la crisis por la que atraviesa el país donde nacieron.
-¿Y en su caso, Rafael?
-Fue mucho más fácil porque yo llegué y ya estaban ellos acá. En Venezuela me gradué de fisioterapeuta, el equivalente acá a un kinesiólogo. Pero cuando llegué mi primer trabajo fue en un kiosco, para empezar a reunir dinero y sacar los papeles de la universidad, que también era un trámite que en Venezuela se hace un poquito más complejo. Durante todo ese proceso de dos años para convalidar el título en Argentina estuve trabajando en el kiosco. Fueron siete meses y después me fui abriendo camino con mi profesión. Gracias a Dios conocí gente que me ayudó un montón. Esa es una de las cosas que nosotros siempre vamos a agradecer.
-¿Esa receptividad en Azul la encontraron a partir de que la gente quería darles una mano por lo que venían viviendo o sentían que eran uno más y tenían que ganarse el lugar?
-Siempre Argentina es uno de los países donde más oportunidades tiene el venezolano para crecer. Pero si bien la gente se preocupa de verdad por lo que uno viene pasando y ven las noticias, también va en que el ciudadano argentino es así, muy de ayudarte, muy receptivo y no tiene como esos prejuicios. No, nada que ver con eso.
-¿Eso los llevó a aceptar tareas que creían que no iban a realizar?
-En mi caso sí. Necesitaba generar ingresos y acepté lo que conseguí. Yo soy jubilada de la Universidad Central de Venezuela, trabajé 30 años en la administración pública y tengo mi jubilación, que percibo como un personal activo con todos los beneficios. Pero aquí tuve que trabajar en lo que conseguí. Llegué a salir diariamente a limpiar casas, para tener unas monedas. Después de un año de vivir con mi hermana, me independicé. Y ya con un sueldo, alquilé un espacio pequeño y nos mudamos.
-¿Ese sueldo de jubilada lo sigue percibiendo desde Venezuela?
-No, mi sueldo lo dejo allá, en manos de gente que me maneja la cuenta. Con ese dinero procuramos ayudar a familiares y amigos que están allí.
-¿Y la comunidad venezolana en Azul?
-Hay como veinte en un grupo de WhatsApp. Muchos se han incorporado, muchos se han ido. Son venezolanos que estaban en Azul y se han ido a los Estados Unidos; mientras que otros han regresado a Venezuela.
-¿Qué concluye de lo que está pasando en su país y qué espera?
-Desde las elecciones, así como María Corina Machado vino haciendo su trabajo de hormiguita y se tardó, yo pienso que ahora los Estados Unidos también están haciendo su trabajo de hormiguita. No creo que estén haciendo las cosas al azar y a lo loco. Ellos deben estar muy bien argumentados para llevar todo esto a cabo. Y tengo fe en la liberación de Venezuela. En que cada venezolano pueda escoger si se quiere quedar o si quiere volver. Lo que sí puedo decir es que yo siento que lo que uno dejó ya no lo va a encontrar. Y eso es como empezar de cero otra vez. Al menos en mi caso.
COMPARTE TU OPINION | DEJANOS UN COMENTARIO
Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.
Había llegado a Mar del Plata con una docena de dromedarios para insertarlos en las tareas rurales. Como no funcionó realizó paseos por las playas.
8 de enero de 2026
8 de enero de 2026
El Municipio de Azul informa que comenzó a implementarse en el distrito el operativo del Sistema de Atención al Turista, impulsado por el Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, que brindará cobertura para la atención de accidentes y emergencias que ocurran sobre las rutas N° 3, 226, 51 y 60, durante los meses de enero y febrero.
8 de enero de 2026
7 de enero de 2026
6 de enero de 2026
6 de enero de 2026
6 de enero de 2026
5 de enero de 2026
5 de enero de 2026