6 de abril de 2026
Casos recientes reavivan la alarma por la violencia escolar y exponen un problema extendido que atraviesa aulas de todo el país. Florencia Andrich afirma que "los hechos graves no aparecen de un día para otro. Detrás suele haber situaciones sostenidas de hostigamiento, discriminación o aislamiento que no logran ser abordadas a tiempo". Y, en ese contexto, asegura: "Hoy el bullying no queda sólo en la escuela, sino que se extiende a las redes sociales. Y eso cambia todo, porque ya no tiene límite de tiempo ni de espacio: el joven puede ser hostigado las 24 horas, incluso en su casa".
El reciente ataque en una escuela de San Cristóbal, Santa Fe, donde un adolescente de 15 años mató a un compañero e hirió a otros, volvió a poner en el centro de la escena una problemática que, aunque no es nueva, muestra señales cada vez más preocupantes: el bullying y la violencia entre estudiantes.
El hecho, que conmocionó al país por su gravedad, dejó al descubierto una realidad incómoda. Según los primeros testimonios, el agresor habría sido víctima de acoso escolar, una situación que, lejos de ser excepcional, forma parte del día a día en muchas instituciones educativas.
Una problemática extendida y naturalizada
Los datos son contundentes. Distintos relevamientos recientes indican que 6 de cada 10 estudiantes sufrieron algún tipo de bullying, mientras que 3 de cada 10 admiten haber agredido a un compañero. A esto se suma que más de la mitad de los alumnos asegura haber presenciado situaciones de violencia dentro de la escuela.
Lejos de tratarse de episodios aislados, los casos se repiten con distintas intensidades en diferentes puntos del país. En el último tiempo se registraron ataques con armas blancas, episodios de amenazas y agresiones físicas entre alumnos, muchos de ellos vinculados a conflictos previos entre pares.
Conflictos que escalan
Especialistas y docentes coinciden en un punto: la mayoría de los hechos graves no aparece de un día para otro. Detrás suele haber situaciones sostenidas de hostigamiento, discriminación o aislamiento que no logran ser abordadas a tiempo.
Para analizar este tema, EL TIEMPO consulto a profesionales y especialistas en educación y salud mental. Florencia Andrich es licenciada en psicología, especialista en psicología jurídica con orientación psicoanalítica (MN 54403 - MP 54035, psicoanalista; fundadora de Consultora psico jurídica Andrich-Bazan y asociados) aporta su mirada sobre la temática:
"El término bullying -explica Andrich- traducido al español significa 'acoso'. Tuvo su origen en 1993, con Dan Olweus, un psicólogo noruego que estudió este fenómeno en el ámbito escolar a partir de la participación de tres figuras fundamentales: agresor/es, víctima y espectadores. Refiere a un comportamiento agresivo, de acoso, que una o varias personas, con más poder, ejercen sobre otra más débil; se caracteriza por ser repetitiva e intencional. Anteriormente, estos hechos eran percibidos dentro de la llamada normalidad y cotidianidad en las infancias; se lo catalogaba como 'cosas de niños', peleas, ninguneos, que eran pasajeros y comunes de la edad. En la actualidad, el bullying comporta graves sufrimientos psíquicos en quienes son objeto de la violencia y, debido a los numerosos casos y desenlaces extremos a los que lleva, obligan a pensarlo y abordarlo desde todas las áreas posibles. Por lo tanto, debe ser visto no sólo desde la perspectiva educativa, sino también psicológica, social y cultural. ¿Cómo aborda la psicología las situaciones de bullying? La respuesta a esa pregunta sino también psicológica, social y cultural.
-Precisamente, ¿cómo aborda la psicología las situaciones de bullying?
-La respuesta a esa pregunta depende de la posición que tome quien trabaje en ello, porque existen diferentes lecturas posibles. El psicoanálisis analiza de manera única la problemática, siguiendo la ética del caso por caso, desde la singularidad del sujeto. Cada época tiene sus modos de agresividad, que se expresan mediante diversas formas de violencia. Si bien agresividad y violencia no son lo mismo, ya que la primera es una intención propia de la pulsión y la segunda es una exteriorización hacia el otro -entre otras cuestiones- ambas son manifestaciones de la pulsión de muerte, la cual es intrínseca al ser humano.
Un límite que no puede seguir corriéndose
Lo ocurrido en Santa Fe marca un punto de inflexión. No por ser un hecho aislado, sino por la crudeza con la que expone una realidad que crece en silencio.
El bullying dejó de ser un problema menor o pasajero. Hoy es una señal de alerta que atraviesa a toda la comunidad educativa. Ignorarlo, minimizarlo o llegar tarde ya no es una opción. Porque cuando la violencia irrumpe, lo que falla no es solo un sistema: es la capacidad colectiva de haber escuchado a alguien. En este punto, Andrich profundiza aún más algunas preguntas que nos hacemos a diario:
-¿Por qué el bullying, como acto de agresividad, tiene prevalencia en la adolescencia?
-José Ramón Ubieto, un psicoanalista que reside en España, en su libro 'Bullying: una falsa salida para los adolescentes', identifica cuatro factores claves como causas: caída de la autoridad adulta: padres y docentes ya no funcionan como una referencia sólida. Centralidad de la imagen y la mirada: la importancia de ser visto y el miedo a ser excluido. Desorientación en la identidad (especialmente en la sexual): dificultad para definirse. Desamparo frente a la vida adulta: falta de orientación sobre qué hacer con la vida".
En este punto, la profesional explica que, "en la adolescencia, pasan varias cosas a la vez: cambia el cuerpo, hay que redefinir la identidad, aparece con más fuerza la sexualidad, se cae la referencia segura de los adultos. Todas estas situaciones plantean preguntas y a veces desorientación: ¿quién soy?, ¿qué lugar tengo?, ¿qué quieren los otros de mí? El adolescente debe separarse de lo infantil, renunciar al autoerotismo de la fantasía para encontrar un nuevo objeto en el exterior. Debe pasar de ser el niño deseado por su entorno familiar a un adulto deseante, alguien que debe tomar iniciativas y arriesgar. Y todo esto supone hacerse cargo de su cuerpo. Un cuerpo que está vivo, que resulta extraño y que muchas veces no es fácil saber qué hacer con él porque se acelera, se frena, se inhibe, se angustia, suda, se embaraza... Normalmente el adolescente afronta este cúmulo de experiencias en cierta soledad. Se encuentra solo con su cuerpo y sabiendo que algo tiene que hacer con él, pero ¿qué? Algunos lo tatúan, otros lo agujerean para ponerse piercings, otros lo operan, también hay quienes lo golpean, lo cortan... El adolescente se enfrenta a un cuerpo que muchas veces se convierte en indomable, un cuerpo que habla, a su manera.
En el bullying nos encontramos con un cuerpo a cuerpo. No es una disputa entre ideas, sino que lo que se pone en primer lugar y en el centro de la escena es el cuerpo púber, el cual es golpeado, humillado y acosado. El adolescente no sabe qué hacer con lo que le pasa, no logra ponerlo en palabras, entonces lo actúa. Y una de esas actuaciones puede ser el acoso a otro. De este modo el bullying funciona como una salida en tanto permite una descarga inmediata y una ilusión de control; pero esta ilusión es fallida en tanto evita la elaboración subjetiva del malestar, desplazándola hacia otro.
-¿Cuáles son hoy las formas más comunes de bullying que se observan en las escuelas y cómo han cambiado en los últimos años, especialmente con el uso de redes sociales?
-Si lo pensamos hoy, las formas de bullying siguen siendo las clásicas -insultos, exclusión, burlas-, pero hay un cambio clave que tiene que ver con la época. Hoy el bullying no queda sólo en la escuela, sino que se extiende a las redes sociales. Y eso cambia todo, porque ya no tiene límite de tiempo ni de espacio: el joven puede ser hostigado las 24 horas, incluso en su casa. Por ejemplo, aparecen cosas como cuentas anónimas que difunden rumores, memes humillantes, fotos editadas o chats expuestos. Desde una lectura más psicoanalítica, y tomando a Ubieto, podríamos decir que lo que cambia no es sólo la forma, sino el modo en que se construye el lazo con el otro. Las redes amplifican la mirada del otro, la vuelven masiva, y eso puede volver mucho más violento el impacto. Antes, la adolescencia implicaba un proceso más gradual hacia la adultez. Hoy predomina la urgencia, la celeridad y la competencia. Aparece el miedo a quedar excluido o ser "invisible", a no tener los suficientes "likes", por lo que se busca rápidamente encajar en ideales de éxito e imagen.
-Además, vivimos en una época donde hay una tendencia a la exposición y a la inmediatez...
-Claro, y eso favorece respuestas más impulsivas y menos mediadas por la palabra. Y allí donde no hay mediación por la palabra, surge la conducta (el pasaje al acto) y la violencia. Lacan define el pasaje al acto como una acción impulsiva y violenta donde el sujeto "cae" de la escena simbólica, identificándose con un objeto y perdiendo su lugar como sujeto deseante. Esto es una ruptura con el lazo social.
-¿Qué señales deberían alertar a docentes y familias de que un estudiante está siendo víctima de bullying, incluso cuando no lo expresa directamente?
-Respecto a las señales, muchas veces el problema es que los chicos no lo dicen directamente. El silencio no es pasividad, es parte del fenómeno. Por vergüenza, por miedo, por una identificación inconsciente con ese lugar, etc. Entonces hay que estar atentos a cambios; por ejemplo, aislamiento, no querer ir a la escuela, cambios en el estado de ánimo, problemas de sueño o dolores físicos sin causa médica clara. Desde el psicoanálisis, más que buscar signos universales, lo importante es detectar cambios en ese sujeto en particular. Es decir, algo que antes no pasaba y empieza a aparecer. Para quienes practicamos el psicoanálisis el síntoma no es algo a eliminar, sino la respuesta subjetiva a un malestar. Entonces, más que presionar para que hable, la clave es generar condiciones para que pueda hacerlo. A veces el silencio también es una forma de decir algo. Y ahí el adulto tiene que poder leer eso, sin invadir, pero sin desentenderse.
-Desde su experiencia, ¿qué estrategias concretas funcionan mejor para prevenir y abordar el bullying dentro del ámbito escolar?
-En cuanto a las estrategias, no se trata sólo de aplicar protocolos o castigos, sino de trabajar sobre el lazo social. Hoy atravesamos una profunda fragmentación de los lazos, la crisis de ciertos ideales y sentidos, la paranoia que produce el encuentro con el otro; crisis de los apuntalamientos identificatorios, de las instituciones. Todo esto produce condiciones de emergencia para la violencia actual. Es clave que la escuela no niegue el problema. Poder nombrarlo ya es una intervención importante. Generar espacios de palabra: momentos donde los chicos puedan hablar y no sólo ser evaluados o controlados. También es importante no etiquetar rápidamente como 'víctima' o 'agresor', porque eso fija posiciones. Es importante no borrar la singularidad de cada caso.
Otra cuestión clave es trabajar con los adultos -docentes y familias- para que puedan sostener una posición. No se trata tanto de la ausencia de normas (ya que las mismas existen), sino de valorar la autoridad paterna por su capacidad para inventar soluciones, para transmitir un testimonio vital a los hijos, para acompañarlos en su recorrido y en sus impasses. Autoridades que oficien de "brújula". Adultos presentes y disponibles. Y algo muy importante hoy: incluir lo digital. No alcanza con intervenir en el aula si el conflicto sigue en redes.
La ternura para Ulloa es '(...) el escenario formidable donde el sujeto no sólo adquiere estado pulsional, sino condición ética'. Si la crueldad excluye al tercero de la ley, en la ternura, este tercero siempre resulta esencial. Necesitamos construir dispositivos que apunten a la constitución de lazos más tiernos, que operen tanto sobre la queja, la intimidación, la infracción, lo mortífero, como sobre la naturalización de la crueldad a la que los nuevos procesos segregativos parecen acostumbrarnos. Inventar, cada vez, nuevos modos de relación al 'otro' y 'al semejante', nuevas tramas discursivas, nuevas instancias de mediación, nuevas prácticas, que nos convoquen a habitar lazos animados por el deseo y su ética", explicó Andrich.
De esa manera, problemas emocionales, dificultades familiares, sobreexposición a redes sociales y una creciente naturalización de la violencia generan un escenario donde los conflictos escalan con mayor rapidez.
EL DATO
El tema continuará siendo abordado en las páginas EL TIEMPO en las próximas ediciones.
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