ENFOQUE

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El problema de la deuda externa

Desde 2016 la Argentina regresó al mercado de crédito internacional. Hoy se enfrenta nuevamente con esta contingencia.

3 de agosto de 2020

Por Francisco Bariffi

Sobre las ruinas de un imperio del que tanto heredamos, en Grecia hoy se encuentran los restos de un derrumbe más reciente. En 2010, durante una crisis económica, ese país pidió ayuda al Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo. Los resultados son los que siguen: más de un millón de personas, en su mayoría jóvenes, ha tenido que abandonar Grecia desde el 2008. Más de 800.000 puestos de trabajo se perdieron entre 2008 y 2013, habiendo hoy alrededor de un 20% de desempleo. Se redujo la demanda interna y el gasto público, y se aumentaron los impuestos de forma tal que el gas, por ejemplo, ha llegado a costar más que en países como Francia y Alemania. Llegado el año 2015, el 45% de los jubilados y el 40% de los niños griegos se encontraban por debajo del umbral de la pobreza. ¿Sintió el FMI entonces que su misión había sido cumplida exitosamnte?

Además de Grecia, hay otros casos que podríamos considerar antes de descender en latitud hacia los países latinoamericanos. Decenas de países de la África subsahariana se han visto entramados en los juegos de la deuda desde los años 70. Para ser más específicos, entre 1980 y 2000, dichos países pagaron más de 240.000 millones de dólares (esto es 4 veces más de lo que se les había prestado llegado el año 1980). Entre esos países, un caso paradigmático es el de Nigeria, que llegado el año 2000 había pagado 16.000 millones de dólares. Cuando Nigeria pagó esa cantidad todavía debía 31.000 millones. ¿Cuánto se les había pagado originalmente? 5.000 millones, en el año 1978. El negocio se evidencia en los números.

Recientemente, el comité de acreedores exigió conocer los números del plan económico argentino. Parece sorprenderles que un gobierno pretenda negociar con ellos sin primero pedirles consejos sobre qué medidas económicas seguir. Según Ámbito Financiero, Black Rock, uno de los fondos más importantes, "decidió romper lanzas y asegurar que si no hay precisiones sobre el plan de ajuste fiscal del gobierno, no habrá aceptación de la oferta" (Ámbito, 22-4-20).

Después de otorgar el préstamo, los fondos se aseguran de que los países endeudados lleven a cabo ajustes de salarios, jubilaciones y planes sociales, además de la reducción del gasto público en cuestiones como salud y educación. De esta forma, se aseguran de que todas las habilidades económicas del país en cuestión se concentren en el pago de montos aumentados por los intereses.

¿De verdad creyeron las instituciones financieras globales que la situación de endeudamiento a la que empujaron a Grecia iba a ayudar a reiniciar su economía? ¿De verdad les importa un pueblo al que obligan a someterse a políticas de empobrecimiento y endeudamiento durante décadas? ¿O sólo disfrutan de su poder al llevarse más plata de la que prestan a costa de millones de personas?

El problema de la deuda en Argentina

La Argentina comenzó a endeudarse de nuevo en 2016, a una tasa del 7% anual en dólares. Con metas fiscales irreales, se tomaron préstamos por 56.300 millones de dólares de los que llegamos a recibir 44.220 millones. Desde 2016, sin embargo, el país no creció lo suficiente como para pagar semejante deuda. Actualmente, el Ministerio de economía sabe que no debe ejecutar pagos que de realizarse impedirían llevar a cabo las políticas públicas necesarias para que el país se recupere de la crisis intensificada por la pandemia. Con dicho presupuesto, se propuso la disminución de la tasa de pago a un 3% anual. Frente a la propuesta, sin embargo, una gran parte de los acreedores privados se mostró reticente. Según dijo el ministro Martín Guzmán en una entrevista reciente para TN, dichos acreedores forman parte de "un grupo que no entiende la situación de la Argentina. La oferta que hicimos es definitiva y muestra nuestro máximo esfuerzo".

En el comunicado que destinó recientemente el Palacio de Haciendas a los acreedores, leemos que, según el Ministerio, aceptar la contraoferta que proponen "no sólo sería irresponsable, sino que también sería injusto. Con más del 50% de las niñas y los niños argentinos viviendo en la pobreza, no podemos mejorar las ganancias de corto plazo de nuestros acreedores a costa de detraer recursos necesarios para darle a nuestras niñas y niños al menos la oportunidad de un futuro mejor". Los acreedores no parecen estar de acuerdo.

¿Por qué volvimos a caer en la trampa?

En una entrevista reciente con Nicolás Gilardi, el filósofo y politólogo argentino Darío Sztulwark se refiere a la corrupción como un "fenómeno de descomposición de lo colectivo". "Es imposible cuestionar el neoliberalismo sin una nueva comprensión de la corrupción como apropiación privada de lo común", dice. Si, como propone Sztulwark, pensamos la corrupción como la apropiación privada de lo que nos es común, ¿cómo tolerar la idea de que un par de bonistas individuales tengan poder sobre los destinos de nuestra economía y por sobre la libertad de nuestro pueblo?

Al menos para la mayoría de los argentinos, los beneficios de la emisión de nuestra última deuda se mantienen invisibles. Parecen haberse esfumado tan rápido como los dólares que se fugaron al exterior en manos privadas durante los últimos años. Siete de cada diez dólares ingresados por la deuda durante el gobierno de Cambiemos volvieron a salir de nuestro sistema financiero. Y no es casual. A lo largo de nuestra historia, los períodos de desregulación de lo cambiario han coincidido con los momentos de mayor endeudamiento, y, a su vez, los períodos de mayor endeudamiento han coincidido con los momentos de mayor fuga de capitales. Evidentemente, la deuda no es sólo un conflicto entre los intereses locales y los intereses de grupos económicos extranjeros, sino también un instrumento con el que ciertos sectores locales se han enriquecido a lo largo de la historia a costas del resto de los argentinos. Nuevamente, si pensamos la corrupción tal como la conceptualiza Sztulwark, entenderíamos que no son sólo ciertos funcionarios kirchneristas quienes deberían dar explicaciones a los argentinos.

¿Dónde estaban los valores de la democracia y de la libertad de los que siempre habló Mauricio Macri cuando legó el rumbo de nuestras decisiones políticas y económicas a un grupo mínimo de inversores que conciben la vida como un negocio?

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