17 de julio de 2026
Según los testimonios escuchados durante el debate por el asesinato de Carlos Emanuel Ruocolo, la situación procesal de uno de los dos acusados aparece más comprometida que la del otro. De acuerdo con lo investigado, en las primeras horas del 7 de mayo de 2017 conocidos suyos lo atacaron con aparentes fines de robo. A la víctima, tras golpearla en la cabeza con un adoquín y dejarla inconsciente, luego la colocaron sobre las vías y al menos un tren la pasó por encima. En los tribunales de Azul podría conocerse hoy el veredicto del jurado para los imputados por este homicidio "doblemente agravado".
Por Fabián Sotes
De la Redacción de EL TIEMPO
A más de nueve años del atroz asesinato de Carlos Emanuel Ruocolo, la justicia penal de Azul está frente a una nueva posibilidad de esclarecer, aunque no definitivamente, un crimen que sigue impune.
Pero para que eso ocurra será determinante lo que decidan doce ciudadanos. Concretamente, los seis varones y las seis mujeres que están interviniendo como jurados en el tercero de los juicios por el homicidio del joven.
A Ruocolo, durante las primeras horas del 7 de mayo de 2017 y con aparentes fines de robo, conocidos suyos golpearon en la cabeza con lo que habría sido un adoquín hasta dejarlo inconsciente, para luego colocarlo sobre las vías y que al menos un tren lo pasara por encima.
Después del frustrado intento de realizar este juicio el mes anterior, cuando por la escasa convocatoria de ciudadanos no pudo integrarse el jurado, finalmente el proceso comenzó a desarrollarse el martes pasado en los tribunales de Azul y ya se concretaron dos audiencias.
El debate continúa hoy y entra en su etapa decisiva, por lo que no se descarta que este viernes también pueda conocerse el veredicto del jurado popular para los dos imputados por el crimen del joven en las vías: Jonatan Ulises Vargas, de 27 años de edad, y Sebastián David Moreno, de 35.
Tal como EL TIEMPO ha venido informando con relación al caso, ni Vargas ni Moreno están detenidos en esta causa que los involucra de manera conjunta. Sin embargo, el mayor de los acusados está preso en la actualidad cumpliendo una condena por otro delito.
El tercer juicio
La requisitoria de elevación a juicio de este sumario, formulada el 3 de mayo de 2021, calificó el hecho como un homicidio doblemente agravado por alevosía y criminis causa.
Karina Gennuso, cuando era la fiscal titular de la UFI 6, había concluido en aquel entonces esta investigación penal, que en un principio llevara adelante en el Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil Mariela Viceconte desde la UFI 17.
La segunda de las funcionarias judiciales mencionadas, cuando se determinó que lo del albañil víctima -que tenía 25 años al morir- no había sido un accidente ferroviario ni un suicidio, imputó como los probables responsables del asesinato a dos jóvenes. Los mismos que terminarían siendo absueltos en los dos primeros juicios que se realizaron por este caso.
A principios de junio de 2017, aquellos dos primeros acusados que tuvo esta causa fueron detenidos. Uno de ellos tenía por aquella época 16 años y el otro ya era mayor de edad.
Pero los respectivos juicios a los que fueron sometidos concluyeron con las absoluciones de ambos.
De esa manera, al año siguiente de haber ocurrido el asesinato y tras haber permanecido en el Lugones, el primero en ser absuelto fue el por entonces menor, quien actualmente está próximo a cumplir los 26 años de edad. Y en abril de 2019, luego de que la fiscal Gennuso desistiera de acusarlo en el segundo de estos debates -que incluyó, al igual que ahora, la participación de un jurado popular-, lo mismo ocurrió con el otro imputado: un cachariense llamado Juan Pablo Castro que ahora tiene 30 años.
Ese hombre llegó a permanecer privado de su libertad cerca de dos años.
Según contó el pasado martes en la primera de las audiencias de este tercer juicio, lo pasó muy mal en la cárcel mientras estuvo preso por un crimen que no cometió. Y todavía, afirmó también durante el debate, desconoce qué pruebas se reunieron para imputarle el atroz asesinato de Ruocolo, a quien conocía de Villa Piazza Norte, el barrio donde eran vecinos.
Situaciones diferentes
A partir de la prueba testimonial producida hasta ahora, la situación de ambos imputados aparece claramente diferenciada.
En el debate que conduce el juez Martín Céspedes desde el Tribunal Oral en lo Criminal número 1, el que afronta un panorama más complicado con relación a lo ocurrido es Moreno, a quien testigos lo han ubicado en la escena del crimen de Ruocolo. Primero, golpeándolo en la cabeza con un elemento contundente que habría sido un adoquín. Y después, siendo uno de los que colocara al joven, ya desvanecido, sobre las vías para que un tren lo pasara por encima, mutilara su cuerpo y le causara la muerte, tal como ocurrió aquella mañana del domingo 7 de mayo de 2017 en que este asesinato fue descubierto.
En cambio, completamente diferente es hasta el momento la situación de Vargas, el otro imputado: ningún testigo lo ha ubicado como autor también de aquel atroz homicidio.
En ese contexto se ubica lo relatado por tres mujeres que estuvieron con él en la previa a que este asesinato ocurriera, considerando que todos los jóvenes y también la víctima habían concurrido a un boliche que estaba en una de las esquinas de Colón y Avenida Perón, lugar donde ahora hay una gomería.
Ellas lo señalaron como ajeno al hecho. E incluso, habiendo protagonizado en las primeras horas del domingo 7 de mayo de 2017 un incidente que lo tuvo como víctima en la calle, cuando volvía a su casa con esas chicas, quienes para aquella época eran todas menores de edad.
A la salida del local bailable, según lo escuchado en el juicio, Vargas intervino en una violenta situación donde se llevó la peor parte.
Para evitar que un grupo de sujetos que se movilizaba en un auto intentara "levantar" en la calle a esas mujeres con las que él iba caminando, el joven les hizo frente a los agresores, quienes lo atacaron a golpes hasta dejarlo -según recordaron las testigos- "inconsciente".
Más allá de que esas chicas llamaron a la Policía, ningún patrullero acudió al lugar donde la situación se produjo. Y entre todas, contaron en la audiencia de anteayer, lograron reanimar a Vargas mientras lo acompañaron caminando, herido como estaba, hasta los baños de la Terminal, donde logró recuperarse para después volver a su casa, golpeado en su cara por aquel incidente que sufriera en la vía pública.
El desarrollo del juicio deja flotando hasta ahora la eventualidad de que Vargas pueda ser eximido de responsabilidad penal en el asesinato de Ruocolo.
Al respecto, la fiscal del debate -Paula Serrano- había esbozado esa posibilidad el pasado martes en su alegato inicial, cuando se dirigió al jurado y aludió a un probable desistimiento de acusarlo del crimen. Algo que podría conocerse definitivamente hoy, de la mano del avance de este proceso y los alegatos finales de las partes.
Mientras tanto, todo lo contrario ocurre con Moreno, el otro imputado y a quien representa la defensora Oficial Soledad Kelly.
Tal lo ya referido, las declaraciones de diferentes testigos lo señalan como uno de los responsables del asesinato del albañil.
Testigos que siguen siendo fundamentales
Son dos. Y desde que esta investigación penal avanzó hacia la hipótesis de que Carlos Emanuel Ruocolo había sido asesinado en las circunstancias ya referidas, sus nombres quedaron ligados a la causa como los de los testigos presenciales de lo ocurrido.
Uno de ellos es un hombre que tiene una discapacidad intelectual; pero que en este tercer juicio recién pudo animarse -tras haber vivido en situación de calle, atravesar una adicción al alcohol ya superada y conocer a todos los implicados- a identificar con certeza, léase con nombres y apellidos, a los probables autores del crimen.
Del mismo modo que, en su testimonio del martes pasado, señaló en el debate a Moreno como uno de los responsables de lo ocurrido con Ruocolo, negó que en el homicidio del joven haya estado involucrado también Vargas.
Como para que no quedaran dudas de eso que afirmaba, Adriana Hernández -una de las defensoras oficiales de Jonatan Vargas, la otra es Sandra Adorno- le pidió que dijera si ese joven que estaba sentado a su lado habría sido también el que mató al albañil. Y uno de los testigos presenciales de aquel crimen atroz, al mirarlo, lo descartó completamente como tal.
Ese hombre volvió a aludir, ya lo había hecho en ocasiones anteriores, a las presiones y las amenazas que sufrió y que -según afirmó- hicieron que recién en este tercer debate revelara las identidades de las personas a las que vio cuando atacaban a Ruocolo.
Se sabe también que aquellas intimidaciones que sufriera lo obligaron a mudarse de Villa Piazza Norte, el barrio de Azul donde vivía para cuando se produjo este asesinato.
Ante el jurado volvió a contar cómo aquel domingo 7 de mayo de 2017, cuando en bicicleta había ido a comprar cigarrillos a un kiosco cercano a la Terminal de Azul, él se topó con la brutal escena.
La primera secuencia de aquello que pasó tuvo a la víctima siendo atacada. Una situación donde -declaró también- él intentó mediar para rescatar al joven; aunque no pudo hacer nada porque uno de los agresores de Ruocolo le apoyó el filo de un arma blanca en el cuello para que no interviniera.
Ese mismo testigo relató que llamó con su teléfono a la Policía. Pero, según dijo, mientras mantenía una comunicación con el 911 al menos uno de los responsables del asesinato lo obligó a que diera una ubicación distinta a esa otra donde estaba ocurriendo el hecho.
Lo que contó se vio corroborado en el juicio al escucharse aquella comunicación que mantuviera con el número de Emergencias de la Policía. Un contacto donde -según dijo- fue obligado a decir que ese móvil con efectivos de seguridad que pedía se hiciera presente en Amado Diab y las vías, cuando la escena del crimen estaba situada a la altura de las calles Malére y Bogliano.
El otro testigo presencial del asesinato de Ruocolo era un niño cuando le tocó, de manera completamente fortuita, toparse con esa escena tan terrible.
Ya había declarado en los dos primeros juicios que se hicieron, siendo menor de edad. Y en el segundo, al afirmar que Juan Pablo Castro no había sido quien mató al albañil, aquello derivó en que inmediatamente la fiscal del debate -la ya mencionada Gennuso, hoy jueza penal- desistiera de acusarlo, por lo que ese hombre que ahora declaró como testigo en este tercer juicio fue eximido de reproche penal y recuperó inmediatamente la libertad.
A la fiscal del tercer debate le costó volver a traer a declarar al otro testigo fundamental de este caso, que ya es mayor de edad.
Pero en el epílogo de la audiencia de anteayer, logró que compareciera. Y lo mismo ocurrió con la mamá de ese joven.
Los dos, durante mucho tiempo, fueron víctimas de intimidaciones provenientes de quienes serían los reales autores del crimen de Ruocolo.
Situaciones que, incluso, llevaron a que ambos también tuvieran que mudarse de Villa Piazza, el barrio donde vivían cuando el albañil fue asesinado. Y a que anteayer, mientras declaraban, Moreno fuera aislado -aunque permaneció en la misma sala- para que no los viera y sólo los escuchara mientras ellos hablaban.
El joven considerado el otro testigo fundamental del caso es alguien que desde chico, según él mismo lo contó, ha desarrollado una fervorosa afición por los trenes. Y en carácter de tal, considerando el lugar donde vivía para la época en que Ruocolo fue asesinado, era habitual que se escapara de su casa para ver pasar por Azul formaciones de pasajeros y de carga.
Siempre de acuerdo con su relato, aquel domingo 7 de mayo de 2017, estando "acovachado" en cercanías de la ex Cerámica "Valle Viejo", cuando esperaba el paso de uno de los trenes presenció la terrible escena que derivó en la muerte de la víctima.
Mientras en la audiencia le era proyectada la filmación donde se veía el paso de uno de esos trenes por la zona donde Ruocolo estaba inconsciente y tirado en las vías, ese joven recordó que fueron más de uno los trenes que lo pasaron por encima; aunque dijo que sólo una de esas formaciones fue la que seccionó su cuerpo y le provocó la muerte.
Pero instantes antes también dijo que vio la manera en que lo atacaron y cómo Moreno y el otro agresor, ya estando Ruocolo inconsciente pero con vida -algo que confirmaron los médicos a cargo de la autopsia del cuerpo y de examinar muestras con restos de piel y de músculos-, lo colocaron sobre las vías para que al menos un tren lo pasara por encima.
De lo escuchado en este tercer juicio, los dos testigos fundamentales del caso señalaron con nombre y apellido a quien fue el otro agresor.
Concretamente, se trata del joven que era menor de edad para cuando este hecho se produjo. El mismo que, al año siguiente del crimen del albañil, terminaría siendo absuelto en ese debate al que fuera sometido en el Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil.
Su situación ya es cosa juzgada. Fundamentalmente, por aquel principio legal que señala que nadie puede ser juzgado dos veces por el mismo delito cuando, tal como ocurrió con él, ya lo decidido ha quedado firme. Algo que, al mismo tiempo, dejará para siempre flotando en el aire la sensación de que con el asesinato de Carlos Emanuel Ruocolo aquello de que se haga justicia nunca podrá cumplirse plenamente, más allá de cómo termine este debate.
El dato
Testigos ofrecidos desde una de las defensas de los imputados son los que deberían declarar hoy cuando este juicio continúe. Posteriormente, las partes podrían anunciar los alegatos, en la previa a que el jurado de ciudadanos pase a deliberar para luego dar a conocer el veredicto para ambos encausados.
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