20 de septiembre de 2026
Frente a la epidemia de ansiedad que marca el último tramo del año, la psicóloga Ursula Ronchetti analizó en diálogo con este medio las causas del desborde emocional, las diferencias clínicas frente al estrés cotidiano y las claves para frenar la exigencia antes de colapsar.
Por Laura Méndez
De la Redacción de El tiempo
El último tramo del año suele encender alarmas invisibles: el cansancio acumulado de los meses previos se cruza con los balances personales, las expectativas no cumplidas y un almanaque que acelera su marcha. Lejos de ser un simple bajón estacional, este pico de ansiedad pone a prueba nuestra capacidad de regulación emocional y expone las consecuencias de sostener exigencias desmedidas. En diálogo con este medio, la psicóloga Ursula Ronchetti analizó este fenómeno y enumeró los factores que influyen en el desborde de fin de año, las diferencias clínicas entre el estrés cotidiano, las crisis de ansiedad y los ataques de pánico, las señales de alerta para buscar ayuda profesional a tiempo, y una serie de hábitos prácticos para atravesar los próximos meses sin colapsar.
"El aumento de ansiedad hacia el último tramo del año suele ser multifactorial"
-¿Por qué hacia el último tramo del año se percibe un pico en las consultas o en los síntomas de ansiedad? ¿Es solo un agotamiento acumulado o influye el "balance" de metas no alcanzadas?
-El aumento de ansiedad hacia el último tramo del año suele ser multifactorial. No es solamente agotamiento acumulado, aunque el cansancio tiene un peso importante.
A medida que se acerca fin de año, se produce algo bastante particular, "el tiempo empieza a sentirse más visible". Durante el año podemos postergar, reorganizar, o pensar "todavía falta". Pero cuando aparecen septiembre, octubre, noviembre y diciembre, se instala cierta sensación de cierre y una evaluación, a veces consiente, a veces silenciosa de como fue el año. Ahí suelen influir varias cosas:
- Agotamiento acumulado (sostener durante meses trabajo, familia, responsabilidades, vínculos y decisiones va reduciendo nuestra capacidad de regulación emocional. Lo que en marzo podíamos tolerar con cierta facilidad, en noviembre puede sentirse enorme).
- Balance de lo realizado (aparece la comparación entre lo que pensé que iba a hacer y lo que realmente hice. Y no siempre somos justos con nosotros mismos, tendemos a mirar más lo pendiente que todo aquello que si pudimos sostener).
-Metas y expectativas (como cambiar de trabajo, bajar de peso, viajar, estudiar; también expectativas más abstractas como "a esta altura debería sentirme diferente o debería haber resuelto algo")
-El cierre del año puede activar preguntas existenciales (estoy donde quiero estar?, que quiero para el año que viene? Que estoy haciendo por mi?)
-Mayor demanda externa (fiestas, reuniones, compromisos, gastos, vacaciones, organización familiar)
La ansiedad muchas veces no aparece porque haya ocurrido algo nuevo, sino porque se agotaron nuestros recursos para seguir compensando lo que veníamos sosteniendo.
También es importante remarcar que muchas veces hacer un balance puede ser saludable: permite reconocer aprendizajes, perdidas, logros y aquello que queremos modificar. El problema aparece cuando el balance se transforma en un juicio sobre el propio valor. Por ejemplo si no conseguí algo siento que fracase. Ahí el balance deja de ser reflexivo y se vuelve ansiogeno. En este sentido quizás la pregunta más saludable no sea ¿Qué logre?, sino ¿qué aprendí, que sostuve, que necesito dejar atrás y que quiero construir de ahora en adelante? Porque hay años en los que crecer significa alcanzar objetivos, pero hay otros en los que crecer significa atravesar un periodo difícil, poner límites, cambiar una manera de vincularnos, pedir ayuda, tolerar una incertidumbre o simplemente sostenernos.
-¡Hay alguna diferencia entre el estrés habitual del ritmo moderno y una crisis de ansiedad o un ataque de pánico propiamente dicho?
-Están relacionados pero no son lo mismo. Podríamos pensarlo como un continuo:
Estrés cotidiano: es una respuesta bastante esperable frente a demandas sostenidas, trabajo, responsabilidades, poco descanso, problemas familiares, exceso de estímulos. Puede producir irritabilidad, cansancio, dificultad para concentrarse, tensión muscular o dormir mal. Generalmente podemos identificar que nos está sobrecargando y cuando la demanda disminuye o descansamos, el malestar tiende a bajar.
Crisis de ansiedad: la respuesta empieza a ser más intensa y puede aparecer incluso cuando objetivamente no hay una amenaza inmediata. Hay preocupación persistente, sensación de estar "pasada de vueltas", inquietud, opresión, palpitaciones, sensación de falta de aire, entre otros. Puede durar bastante tiempo.
Ataque de pánico: es diferente por su intensidad. Es un episodio de miedo o malestar muy intenso que aparece de manera repentina y alcanza rápidamente un pico. Pueden aparecer palpitaciones, temblores, sensación de falta de aire, mareos, sudoración, sensación de pérdida de control o de que algo terrible esta por ocurrir.
Algo importante por resaltar es que una persona puede tener un ataque de pánico y esto no significa necesariamente que tenga un trastorno. Puede ser un episodio aislado en un momento de muchísimo estrés y no volver a experimentarlo.
En este sentido, no todo lo que llamamos coloquialmente "ataque de ansiedad" es un ataque de pánico. Y distinguirlos permite comprender mejor que está pasando en lugar de patologizar automáticamente el estrés de la vida cotidiana.
"Consultar a un psicólogo no significa que uno este mal o que tenga algo grave"
-¿Cuándo es el momento exacto en que una persona debe buscar ayuda profesional y no quedarse con el "ya se me va a pasar"?
-Es una frase que muchas veces nos decimos cuando aparece la ansiedad "ya se me va a pasar". Y es verdad que todos podemos atravesar momentos de ansiedad. La ansiedad forma parte de la vida y no necesariamente significa que haya un problema psicológico.
La pregunta aparece cuando eso que inicialmente era algo pasajero empieza a ocupar demasiado espacio. ¿y como nos damos cuenta? Cuando empezamos a evitar, cuando dejamos de hacer cosas por miedo a sentirnos mal, cuando empezamos a pensar demasiado que podría pasar, a anticiparnos permanentemente, o necesitamos controlar todo para sentirnos tranquilos. También cuando el cuerpo empieza a hablar con mucha frecuencia, sentimos tensión, sensación de falta de aire, palpitaciones, problemas para dormir, molestias digestivas, sensación de estar permanentemente en alerta.
Pero hay un indicador que para mí es todavía más importante y es cuando la ansiedad empieza a modificar nuestra vida. porque quizá una persona siga trabajando, siga estudiando, siga cumpliendo con sus obligaciones, pero internamente está haciendo un esfuerzo enorme para sostenerlo. Y ahí también hay sufrimiento, aunque desde afuera parezca que esta todo bien. Entonces, no necesitamos esperar a estar desbordados para pedir ayuda. Consultar a un psicólogo no significa que uno este mal o que tenga algo grave. Significa que algo nos está generando malestar que queremos comprender y aprender a manejar.
-¿Qué consejos o hábitos prácticos se le pueden dar a alguien que hoy se siente desbordado para encarar los próximos meses sin colapsar?
-Yo lo invitaría a pensar que si esta desbordado no necesita organizar perfectamente los próximos meses, necesita recuperar sensación de control sobre el presente. Sería algo así como bajar la exigencia antes de aumentar la productividad. Cuando estamos saturados la respuesta no suele ser "hacer más y mejor", sino revisar que cosas realmente son necesarias. También empezar a pensar en semanas y no en meses. La próxima semana es más manejable, trabajando con objetivos cortos y concretos.
Por otro lado no convertir cada pendiente en una urgencia, ponerse un semáforo y dividir las tareas en tres categorías, rojo: tengo que hacerlo, amarillo: sería bueno hacerlo y verde: puede esperar. La ansiedad tiende a poner todo en rojo.
Por otro lado aprender a decir "esta vez no puedo", poner límites antes de estar agotados. Muchas veces el colapso no aparece por una gran situación, sino por la acumulación de pequeños "si" cuando en realidad necesitamos decir "no".
También es importante tener momentos agradables, no esperar a terminar todo para disfrutar. Porque la lista nunca termina. El descanso, los amigos, el deporte, una comida rica o una actividad que genere placer también necesitan tener su lugar. El autocuidado, también importante, funciona mucho mejor como prevención que como reparación. No hay que esperar a estar completamente agotado para empezar a cuidarse.
En vez de pensar en organizar todo perfectamente lo que queda del año, propondría pensar que necesitamos sacarnos de encima, que podemos postergar y que necesitamos recuperar esta semana. Porque el objetivo no es llegar a fin de año sin cansancio. Es llegar sin haberse abandonado a uno mismo en el camino.

Sobre qué consejos o hábitos prácticos se le pueden dar a alguien que hoy se siente desbordado para encarar los próximos meses sin colapsar, la Licenciada en Psicología especificó que "yo lo invitaría a pensar que si esta desbordado no necesita organizar perfectamente los próximos meses, necesita recuperar sensación de control sobre el presente".
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