MARÍA LUZ CASTILLO

MARÍA LUZ CASTILLO

"Hay que seguir trabajando porque no sabemos cuándo va a terminar"

Lo expresó la médica clínica que es azuleña y trabaja en el Hospital "El Cruce", en Florencio Varela salvando vidas a diario. La joven es nuestro personaje de los miércoles: alguien que no baja los brazos, que después de recuperarse de Covid-19 continúa desempeñando sus labores con mucha dedicación y con la intención, en un futuro, de realizar especializaciones en el exterior del país.

16 de septiembre de 2020

Por Laura Méndez de la Redacción de EL TIEMPO

María Luz Castillo tiene 27 años, es azuleña y es médica clínica aunque se está especializando en cardiología, de hecho está haciendo la residencia en el Hospital "El Cruce Néstor Kirchner", en Florencio Varela, así que tienen pacientes de Quilmes hasta de La Plata.

Que ya de por sí, como todos sabemos, que el trabajo de un residente es arduo porque debe cumplir muchas horas, ahora con la pandemia se intensificó todo, y Luz al igual que sus colegas deben cubrir guardias del personal que se va contagiando.

En esta nota ella cuenta que están estresados por la misma situación.

Pero no todo queda ahí, por si fuera poco, María Luz atravesó una experiencia que lejos de angustiarla, la fortaleció emocionalmente.

Es decir, a principios de agosto, con un grupo de médicos, viajaron a Chaco porque el personal de salud de ese hospital era reducido y tenía la misma cantidad de casos que hay actualmente en El Cruce. Así que ella fue con su vocación al hombro y muchas ganas de trabajar y salvar vidas, se contagió de Covid-19, pero se recuperó rápidamente y continuó trabajando hasta su vuelta a Buenos Aires donde aun sigue.

Un ejemplo de perseverancia, de valores, de amor por los afectos que nunca la abandonaron, que al contrario: la alentaron para que no deje de estudiar, para que se reciba.

Una joven azuleña que ve la vida con una perspectiva optimista, que tiene e irradia buena energía aunque no deja de ver a su alrededor y ser conciente que la situación de la pandemia es compleja.

Sin dudas el personaje de este miércoles que nos representa donde vaya.

Residencia "compleja"

-¿A qué edad te fuiste de Azul y qué sueños te llevaste en la valija?

-Me fui en Azul en enero del 2011 a un mes de haber cumplido 18 años. En ese momento el ingreso a medicina era un año. Mis viejos me habían anotado en un instituto para rendir el examen de ingreso y arranqué a fines de enero. No sabía ni donde iba a vivir todavía, finalmente mi mamá terminó consiguiendo una pensión a una semana de empezar en La Plata. Los primeros meses que me vine a estudiar estuve en esa pensión. Después me dio mucho miedo porque no quería que me alquilen un departamento ya que no sabía si iba a quedar en la carrera. Conocí muchas chicas en esa pensión fue una linda experiencia.

En cuanto a los sueños era muy chica. En ese momento uno piensa que todo es muy sencillo y que te vas a "comer" el mundo y después te das cuenta que no era así.

Los sueños que me llevaba en ese momento eran muy a corto plazo: ingresar a la carrera y terminarla. Sabía que era un esfuerzo enorme de parte de mis viejos, había que esforzarse mucho.

-¿Cómo se fue dando todo para que te quedes en La Plata?

-Lo de la pensión fue una linda experiencia pero fue agotador a la vez. Encontré una Depto. cuya dueña es una médica de Varela, que es donde trabajo actuamente que incluso la conocí por una chica de Azul.

Hice toda mi carrera ahí en ese departamento, hasta que me mudé con mi novio cuando terminé de estudiar. Así que es un espacio que tiene un significado importante para mí porque he pasado mañanas, tardes y noches estudiando.

Tuve la suerte que mis papás me "bancaron" para que pueda terminar de estudiar y sabía que cuando terminara la carrera, yo sabía qué quería hacer. Ahora estoy haciendo la residencia de la especialización en cardiología y supe siempre que me quería quedar acá y tener muchos pacientes como ahora.

La importancia de los afectos

-¿Cuándo te fuiste hubo gente que te tendió una mano o fue todo mérito propio?

-Lógicamente quienes estuvieron conmigo fueron mis viejos que trabajan -hasta ahora inclusive-, además de mis hermanos y mis amigos. Tuve la oportunidad de estudiar sin tener que trabajar que es un beneficio que no todos tienen, fue siempre para aprovechar.

Entendí que estudiar medicina fue dejar muchas cosas de lado o perderte cumpleaños, salidas porque tenes un montón de exámenes y cuando yo no daba más ellos siempre estuvieron ahí.

Así que básicamente, además del entorno que me rodea, tengo a mi lado un grupo de la Facultad que los conocí el primer día de estudio y aun lo conservo y entre nosotros nos íbamos apoyando. Todos ellos formaron parte de que hubiera terminado la carrera, sola no hubiera podido.

Es una carrera muy larga que lleva mucho tiempo, tiene trabas, sin toda gente no creo que haya podido finalizarla.

-¿A qué edad se te despertó tu vocación?

-No recuerdo. Tengo el recuerdo que cuando era muy chica, cuando veíamos temas en naturales o en el secundario en biología o temas relacionados a la salud esperaba llegar a casa y ponerme a leer eso o preguntar todo el tiempo a mi mamá cosas, pero no es hay un momento preciso. Sí, me acuerdo cuando tenía 13 años que mi papá tiene problemas de corazón y en ese momento yo lo acompañaba mucho y estar en el consultorio y pensar "me encanta para desempeñarlo en un futuro".

Me gustaba acompaña a mi papá y saber cómo estaba y ahí definí que quería ser médica.

Cuando tenía que elegir entre naturales y sociales no lo dudé y es algo de lo que no me arrepiento porque sabía que era lo que iba a ser el resto de mi vida.

"Lo más difícil es cuando no tenemos camas"

-¿Cómo es trabajar en pandemia?

-Es bastante complicado. El año pasado arranqué la residencia cuando no había pandemia y la verdad es que es muy distinto. Por suerte mi trabajo en El Cruce está bastante organizado, hay insumos, los compañeros con los que trabajo somos organizados.

Pero es difícil porque en realidad no solo estamos cansados porque hay compañeros que se contagian porque tuvieron contacto estrecho con algún paciente positivo para Covid-19 y se tienen que aislar. Entonces, hay que ir cubriendo esas guardias, más las que nos corresponden a cada uno y llega un momento que uno no da más. La vida del residente es complicado porque uno hace muchas horas sumado a la carga horario de un colega, es mucho, pero lo vivo dentro de todo, bastante tranquila porque el ambiente donde trabajo me gusta entonces no lo sufro. Sí la situación es difícil porque acá en La Plata y el conurbano sur hay muchos casos. Lo más difícil es cuando no tenemos cama. Esa es la parte más complicada. Es estresante porque siempre querés lo mejor para el paciente pero el saber que no tenés lugar o adelantar un alta que no está tan bien pero hay otro peor esperando... es angustiante.

-¿Cómo fue tu experiencia en Chaco y contagiarte de Covid-19?

-La experiencia de estar en esa Provincia fue increíble. Lo volvería a hacer. Surgió la posibilidad de brindar apoyo a Chaco. Allá tenían muchos casos al igual que nosotros ahora. Yo no noté diferencia que fue a principios de agosto. Sí lo que pasó es que en marzo ya tenían un pico constante de casos y los médicos estaban agotados física y mentalmente porque eran muy pocos. Se habían enfermado encima el jefe del servicio falleció por Covid-19 entonces estaban afectados emocionalmente.

Cuando llegué sentí que estaban muy organizados, no les faltaba nada en cuanto a insumos, estaban bien equipados y comparados con mi hospital manejábamos la misma cantidad de casos. Pero ellos arrancaron en marzo, como dije anteriormente. Yo fui 20 días como para que ellos pudieran descansar.

En cuanto a cuando me dio positivo el hisopado fue estando ahí mismo, en Chaco. No tuve síntomas, una de las médicas de Chaco contagió a una de las médicas que había ido con nosotros en el mismo contingente. Yo había compartido guardia, me hisoparon por contacto estrecho, no por sintomatología. Me dio positivo. La experiencia fue rara, estaba en Chaco, con mi familia muy lejos. De hecho hablando de esta siempre estoy lejos, a mis papás nos los veo desde enero porque nunca más pude volver por el trabajo y por la pandemia y los extraño. Cuando les conté que tenía Covid-19 pensaron que me iban a internar o que me iba a morir. Todos se preocuparon, desde mis hermanos, mis amigos y mis compañeros en el Cruce también. Creo que la pasaron peor ellos que yo, que estaba en un hotel donde me atendieron muy bien.

-¿Cómo haces para ir a trabajar teniendo en cuenta que siempre hay posibilidades de un segundo contagio?

-La verdad es que trato de no pensar en eso porque no ayuda. Estoy bastante tranquila, sigo teniendo los mismos recaudos o más después de haberme contagiado como hacen mis colegas y sí duele cuando un paciente se pone mal.

Si bien estoy haciendo la residencia en cardiología estoy en clínica con lo cual cuando un paciente empeora, lo llevamos a terapia, sabemos que va a estar entubado y eso sí duele porque tenemos muchos pacientes, incluso más jóvenes de lo habitual y eso te pone un freno.

Obviamente lo pienso pero trato de no enroscarme porque no ayuda, trato de hacer lo que más pueda, de poner mis mejores energías, es un momento muy difícil para todos porque estamos muy cansados y hay que tratar de poner buenas energías. La modalidad de trabajo en los hospitales cambió por completo, tenemos que estar muy alejados de nuestros afectos, extrañamos como todos, las reuniones, los amigos pero mientras hacemos malabares para atender a todos. Estamos todos estresados. El paciente que ingresa sabemos que es porque realmente lo necesita.

Así que trato de vivir lo más tranquila que puedo, por suerte en el lugar de trabajo estamos con la misma perspectiva y hay que seguir porque no sabemos cuándo va a terminar.

-¿Qué es Azul para vos?

-Ahora que estoy en tanto lugares siento que es "mi lugar", de donde vengo, me encanta ir a Azul. Creo que lo empecé a valorar ahora que cuando vivía ahí. Tiene muchas cosas lindas, es tranquilo, nos conocemos todos, es una ciudad chica y eso no tiene comparación con estas ciudades más grandes. Azul es mi ciudad, lamentablemente no puedo ir con mucha frecuencia.

Espero que para las fiestas pueda ir, tampoco sé si voy a tener vacaciones en este verano. Azul es un tema triste porque quiero ver a los míos. Y como dije no sé si tendré vacaciones fundamentalmente por la pandemia y mi residencia.

En Azul están mis hermanos, mis papás y mis amigos.

-¿Sentís que tus sueños se volvieron realidad a nivel personal y profesional?

-Sí, por lo menos mis proyectos iniciales que tuve en mi vida desde que me vine a estudiar, recibirme, hacer una especialidad y lográndolo con muchísimo esfuerzo. Así que estoy más que contenta y orgullosa. A nivel personal hay un montón de cosas pendientes que me encantaría hacer. Por ejemplo otra especialización o un postgrado. Gran parte de los sueños que tenía se cumplieron, obviamente tengo muchos más.

-Proyectos a corto y mediano plazo.

-Seguir especializándome. Me gustaría irme afuera también para seguir estudiando.

- Si tenes que sugerir ítems para vivir de lo que a uno le gusta. ¿Qué recomendás?

-Constancia, particularmente elegí una carrera muy larga. Creo que todas las carreras llevan su esfuerzo pero es tener constancia, amor por lo que uno hace y tener un buen entorno.

-¿Te gustaría volver a Azul?

-No lo pensé mucho porque siempre supe que iba a estar muchos años afuera de mi ciudad. Ahora me mudo a Quilmes porque estoy a 15 minutos del Hospital donde trabajo ya que donde estoy me lleva una hora para ir y otra volver y es agotador.

Antes de volver a Azul tengo muchos proyectos y además va a depender de las propuestas laborales que tenga. También pensé en que algún día me canse de vivir en ciudades grandes pero cuando sea más madura, más adulta. Me falta aprender mucho acá.

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