HISTORIAS Y PERSONAJES DEL AZUL

HISTORIAS Y PERSONAJES DEL AZUL

Una historia de flechas y crucifijos

El Padre Jorge María Salvaire arribó a Azul el 5 de enero de 1874 con intenciones de catequizar e impartir los sacramentos. Poco después celebró su primera Misa en el pueblo, pero no faltarían los tropiezos, tanto por el accionar de los protestantes y masones como por el de los propios indios a quienes pretendía evangelizar.

10 de enero de 2021

Por Luis Sola y Eduardo Agüero Mielhuerry

Andrés Luis Jorge María Salvaire nació el 6 de enero de 1847 en la ciudad de Castres, departamento de Tarn en el sur de Francia. Sus padres fueron Félix Salvaire y María Modesta Vázquez. El joven ingresó al seminario de los padres lazaristas de París, y en 1871 se ordenó sacerdote y celebró su primera misa en el altar de San Vicente de Paul el 4 de julio de 1871. En septiembre de ese mismo año, por orden de la superioridad de la congregación, se embarcó hacia la ciudad de Buenos Aires para misionar en estas tierras.

Una vez instalado en la pequeña Villa de Luján, Salvaire colaboró estrechamente con el párroco Eusebio Frérét, en el antiguo templo colonial con las tareas pastorales de la parroquia. Con generosidad y entusiasmo dictó clases en el colegio-seminario recién fundado, celebró misas dominicales, enseñó catecismo, se encargó de los trabajos de refacción del antiguo templo y atendió a enfermos y peregrinos.

Aneiros en el Azul frente a un gran desafío

En noviembre 1873, monseñor Federico León Aneiros, también conocido como "el Padre de los indios", luego de recibir el palio arzobispal, visitó Azul para inaugurar una misión, acompañado por algunos sacerdotes, entre ellos el nuevo párroco de Luján Emilio George, que se encargaron de predicar a lo largo de veintidós días. Además, aprovechó la ocasión para visitar la tribu catrielera. Al comprobar las buenas disposiciones del cacique Cipriano Catriel y de su gente, resolvió dar comienzo a una misión de carácter estable o permanente, que sirviera de base para futuras incursiones apostólicas hacia las tribus establecidas en el sur y el oeste de la provincia de Buenos Aires.


En noviembre 1873, monseñor Federico León Aneiros, también conocido como "el Padre de los indios", visitó Azul.

En la ocasión, Aneiros puso mucha atención en la misión evangelizadora que se debía concretar en estos lares. En dicho derrotero, el párroco lujanense informó que "el Azul, es una pequeña villa, situada a sesenta leguas al sur de Buenos Aires, sobre la frontera indígena, es la residencia del general (Ignacio) Rivas, comandante en jefe de las tropas... pero hasta el presente no se ha hecho nada serio con el fin de convertir a los indios". Asimismo, focalizado en sus misión, tiempo después realizó la sugerencia de colocar en el Altar del Templo la imagen de San Serapio Mártir, Patrono del Azul -hecho que recién se concretó el 24 de mayo de 1921 tras la donación efectuada por el Dr. Agustín Carús y Mariano Berdiñas-.

A evangelizar en el Azul y el indómito "desierto"

En diciembre de 1873, sus superiores le ordenaron al Padre Jorge María Salvaire dejar Luján para marchar, junto al Padre alemán Juan Fernando Meister, a organizar la casa misión de Azul, con la finalidad de evangelizar a los indígenas que habitaban estos lares.

Establecido en Azul, el Salvaire escribió:

"He dejado Luján el 26 diciembre... nuestra residencia actual está en Azul, pequeña ciudad que puede contar con tres mil habitantes, situada a más o menos a cien leguas de Buenos Aires... y cuando estemos bastante al corriente de la lengua de los indios, nos proponemos establecernos en medio de ellos... Después de nuestra llegada al Azul hemos ido a visitar al cacique Catriel". Y luego exclama: "...al verme solo en el desierto, rodeado de salvajes, la idea de las dificultades que deberé vencer para reducirlos me atormenta a causa del poco fruto que recogeré..."

El Padre Jorge María Salvaire había arribado al Azul el 5 de enero de 1874 con intenciones de catequizar e impartir los sacramentos. El 25 del mismo mes, fiesta de la Conversión de San Pablo, celebró su primera Misa en la pequeña capilla del pueblo. Pero no faltarían los tropiezos, tanto por el accionar de los protestantes y masones que integraban la Logia "Estrella del Sud N°25" que actuaba en el medio, que eran reacios a la acción misionera, como por el de los propios indios.

De hecho, en dos cartas fechadas en Azul el 10 y 14 de febrero de 1874, Meister y Salvaire dejaron constancia de las dificultades que encontraban para lograr su misión.

Villa Fidelidad y la educación...

El general Manuel Escalada (cuñado del general José de San Martín), creía que era posible la adaptación del indio a la vida civilizada y a la disciplina del trabajo, mediante su radicación sedentaria. En consecuencia, en octubre de 1856, resolvió donar a las numerosas familias que obedecían las órdenes de los caciques Catriel y Maicá, pagándolas con su propio dinero, las tierras que dieran nacimiento a "Villa Fidelidad".

Con la elección de ese nombre se intentaba mostrar la concordia entre indios y blancos. De tal modo, Escalada adquirió a la Corporación Municipal de Azul cien solares de 50 varas de frente y 50 de fondo cada uno, debiendo aplicarse de ese dinero, 40 pesos a gastos de mensura y escritura, y los otros 60 a la construcción del nuevo templo. Asimismo, se reservó una manzana de cuatro solares a dos cuadras del Arroyo para una Plaza (en la prolongación de las actuales calles San Martín e Yrigoyen).

La adjudicación se hizo por escrito, en documentos que revestían el carácter de títulos provisorios de propiedad, y bajo la condición expresa que el inmueble donado no podía ser vendido bajo ningún concepto, título ni causa.

La Corporación Municipal, el 18 de octubre de 1856, en sesión ordinaria, aceptó la propuesta del general Escalada, pudiendo considerarse dicha fecha como el día oficial de la fundación de "Villa Fidelidad".

En 1857, la joven maestra Margarita Montenegro, de 23 años de edad, fue designada para atender la escuela para niños pampas que precariamente se instaló en el sector, siendo este el primer antecedente de la actual Escuela N° 21. Sin embargo, por diversas razones, el funcionamiento del establecimiento no fue continuo.

Cuando en 1874 se instalaron los Misioneros Lazaristas Salvaire y Meister, éste último envió una carta al Arzobispo solicitándole recursos para establecer dos Escuelas para los indios, una para los varones, que dirigirían los mismos Sacerdotes, y otra para las niñas, que dirigiría "una persona india, soltera, cristiana, muy piadosa, muy formal y bastante instruida en la doctrina, el español, la lectura, la escritura y la costura".

Ante la respuesta afirmativa desde el arzobispado, el 19 de febrero Meister envía otra misiva informándole las novedades: "Hemos alquilado una casita muy formal, en medio de los indios, cerca del arroyo, y como la maestra india no ha podido hacerse cargo de la Escuela, 'porque no podía ganar la confianza de sus paisanos', se nombró a la señorita cristiana Margarita Montenegro, la que a pesar de las dificultades, los sinsabores y detracciones, visitando los rancheríos, logró que su clase se viera concurrida por 23 niñas y unos pocos varoncitos...".

En su ardua labor, Salvaire trabajó en un Doctrinale Elementare, un catecismo bilingüe, araucano-castellano, redactado por él.

De ninguna manera su tarea fue sencilla, a punto tal que en una carta que le escribe a monseñor Aneiros expresa: "La corrupción entre los cristianos de la frontera ha llegado a tal punto, que un día he oído a una mujer india e infiel echar en cara a un hijo suyo, el cual se iba entregando a malas costumbres, estas increíbles pero terribles palabras... Hijo, eres deshonesto como un cristiano...". Sin embargo, ni él ni Meister desistieron en intentar evangelizar la tribu de Cipriano Catriel, una parte acantonada desde hacía muchos años entre Azul y Olavarría, en torno al Cerro Negro a donde Salvaire asistía quincenalmente, y el otro grupo que vivía en Villa Fidelidad.

Una nueva misión

En octubre de 1875, Aneiros solicitó a Salvaire que realizara un viaje apostólico hasta las tolderías del cacique Manuel Namuncurá, en las Salinas Grandes (cercanas a la actual localidad de Macachín, en la provincia de La Pampa). La principal intención era recuperar cautivos, entre ellos a los cuatro cordobeses hermanos Lazos, por quienes había pedido ayuda su madre, Jacinta Rosales.

Antes de emprender su expedición, el padre Salvaire envía una carta al coronel Levalle, por medio de don Belizario Zapata, -"el vecino de Azul en cuya casa se hospedaba Jacinta Rosales"-. La respuesta describe las inmejorables disposiciones de los 'Indios de las Salinas'; "sin que esto importe una garantía de mi parte"; concluye Levalle, deslindando futuras responsabilidades personales.

Es así como debiendo internarse en la pampa, la prudencia y la cautela del Sacerdote le aconsejaron la intervención del azuleño "...capitán Rufino Solano, hombre experimentado en la vida de frontera, que en varias oportunidades y con el mismo fin había participado para Salinas Grandes, ganándose la confianza de los caciques y capitanejos, cuya lengua conocía a la perfección". Fue así como el capitán Rufino Solano trató, colaboró y le allanó el camino en la misión.

Al presentarse ante Namuncurá, en noviembre, otros caciques realizaron serias acusaciones al sacerdote Salvaire a quien tildaron de brujo y de ser sembrador de la peste entre el pueblo indígena -que precisamente sufría viruela-. El Padre fue tomado prisionero, y ante la inminente muerte pronunció su famoso triple voto a la Virgen de Nuestra Señora de Luján, que constituyen sus tres monumentos: intelectual (escribir 'la historia', que será publicada diez años después), espiritual (propagar su culto, mediante la Coronación Pontificia de la Virgen), y material (iniciar la construcción de la Basílica).

La escena de su salvación se resolvió con la enérgica intervención del cacique Bernardo Namuncurá y su gesto significativo de arrojarle un poncho para 'cubrirlo' cuando estaban a punto de asesinarlo.

Tras la liberación, el francés retornó al Azul llevando consigo diez cautivos, incluidos tres de los hermanos Lazos, ya que uno había logrado escapar.

Esta travesía del Padre Salvaire a Salinas Grandes culminó el día 22 noviembre de 1875 al entrar al Azul antes del anochecer.

"La misión en el Azul no existe más"

Juan José Catriel, victimario de su hermano Cipriano, se opuso tiempo después a la continuidad de la misión lazarista. Los misioneros pasaron a disposición del Prelado para la catequización de otras tribus más dispuestas. De todas maneras, la escuelita de varones no marchaba bien. La de niñas contaba con una veintena alumnas. Lo único que sustentaba el ánimo de los misioneros eran los bautismos logrados.

El "Malón Grande" interrumpió definitivamente la obra misionera y, para finales de febrero de 1876 el padre Fernando Meister escribía categóricamente "la misión en el Azul no existe más".

La Basílica de Luján

En 1885, cumpliendo con su promesa, el Padre Jorge Salvaire publicó su "Historia de Nuestra Señora de Luján, su origen, su Santuario, su Villa, su milagro y su culto", con el beneplácito de Monseñor Aneiros. Al año siguiente presentó la historia a su Santidad el Papa León XIII, quien otorga la gracia de la coronación de la virgen: la primera en Sudamérica.

El 14 de noviembre de ese mismo año, el ilustre Arzobispo de Buenos Aires, realizó la confirmación de cientos de niños y adultos en Azul, entre los que se destacaba Juan Catriel, hijo de Marcelino.

En "la cuarta doménica después de Pascua", fue también Monseñor Aneiros quien coronó el 8 de mayo de 1887 a la "Pura y Limpia Virgen de la Concepción del Río de Luján". Así, el antiguo padre misionero del Azul, vio consumada su segunda promesa ante una concurrencia de 40.000 personas que dieron marco a una celebración que incluyó la triple descarga de fusiles de los batallones presentes y las bandas de música que envolvieron la Villa de Luján con marchas triunfales.

La tercera promesa se cumplió tras un debate espinoso. Los padres lazaristas Emilio George y Jorge Salvaire tenían ideas disímiles sobre la construcción del Santuario que reemplazara al vetusto templo de Lezica y Torrezuri, inaugurado en 1763. El cura párroco había propuesto la erección de una modesta iglesia parroquial de estilo romano-bizantino en el centro de la ciudad, alejada de las inundaciones (sitio donde hoy se erige la municipalidad de Luján). El historiador de la milagrosa Virgen, proyectó en cambio una monumental basílica nacional de estilo neogótico-ojival a la vera del río Luján, sitio del prodigio de 1630. Entre ellos, y la también repartida opinión de la población lujanense, terció Monseñor Aneiros "volcando la balanza" a favor de Salvaire, bendiciendo la piedra fundamental del nuevo santuario el 15 de mayo de 1887.

Ninguno de los tres sacerdotes, misioneros en las tribus del Azul, alcanzó en vida a contemplar terminada la construcción de la actual Basílica de Nuestra Señora de Luján al cumplirse el tricentenario del milagro.

A la Casa de Dios...

El 3 de septiembre de 1894 el país se vistió de luto con el fallecimiento del Arzobispo Aneiros. De igual manera sucedió cinco años después, al saberse la noticia del deceso de Salvaire.


El Padre alemán Juan Fernando Meister, junto a Salvaire, organizó la casa misión de Azul.

En carta desde San Juan, donde era Rector del Seminario Diocesano, el Padre Fernando Meister, escribió el 5 febrero de 1899 al Padre Antonio Brignardelli, entonces a cargo del Santuario de Luján: "... ¡Qué golpe fuerte, no digo para la Congregación de Lazaristas de esta Provincia, aunque él sin duda puede llamarse la flor de los Lazaristas del Río de La Plata, sino para esta República entera! ¿Dios mío, qué significa esto no estando aún en la mitad de su obra gigantesca, la Basílica, teniendo sin concluir bajo sus manos, obras históricas de grande importancia, para las cuales difícilmente se podrá encontrar un hombre que tenga la fuerza y el ánimo de terminarlas? Que Uds. y con vosotros todo Luján y Buenos Aires están sumergidos en el dolor se comprende, y siento mucho que el ferrocarril no sale hoy de San Juan, sino habría dejado todo en San Juan para asistir al entierro y acompañaros en vuestro justo dolor".

El Padre Jorge María Salvaire se durmió en la paz del Señor el 4 de febrero de 1899. Finalmente, el lazarista Emilio George "rindió su alma a Dios" el 19 de octubre de 1915. En la actualidad, ambos descansan, uno junto al otro, a los pies del altar del crucero occidental de la Basílica de Luján.

EL DATO:

El presente artículo es un fragmento de la extensa serie "Historias y personajes del Azul y Luján" publicada en 2018 en simultaneo por "El Tiempo" de Azul y "El Civismo" de Luján.

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