15 de septiembre de 2013

. UNA HISTORIA DEL AZUL DE ANTAÑO: El primogénito del general Manuel Belgrano


El próximo 27 de septiembre se cumplirá el 150° aniversario del fallecimiento del coronel Pedro Pablo Rosas y Belgrano. Fue hijo natural del creador de la Bandera Nacional, pero por cuestiones de honor y moral fue criado por sus tíos Juan Manuel de Rosas y Encarnación Ezcurra. Su vida estuvo plagada de luchas victoriosas y sinsabores, pero lo más importante es que buena parte de ella transcurrió en beneficio de nuestro Azul.
Por Eduardo Agüero Mielhuerry

María Josefa Ezcurra era una jovencita de apenas 16 años, gozosa de una buena posición económica y social, cuando conoció a Manuel Belgrano. Se enamoraron profundamente y mantuvieron una intensa relación entre 1802 y 1803. Sin embargo, su padre la casó con su primo, Juan Esteban de Ezcurra, proveniente de Pamplona de Navarra, (España). Después de nueve años de matrimonio, sin hijos, y disconforme con la Revolución de Mayo, Ezcurra se exilió en su patria. María se negó a acompañarlo y aunque nunca más volvió a verlo, él la nombró su heredera.
Guiada por sus impulsos amorosos, cuando Belgrano fue nombrado general en Jefe del Ejército Auxiliar del Perú -luego de crear la Bandera Nacional en Rosario-, María Josefa partió a buscarlo. San Salvador de Jujuy fue el sitio donde se produjo el anhelado reencuentro en los primeros días de mayo de 1811. Allí permanecieron juntos tres meses.
Posteriormente, María Josefa decidió seguirlo en el Éxodo Jujeño y hasta en la batalla de Tucumán. Sin embargo, la historia de los amantes dio un drástico giro. En octubre concibieron un hijo en San Miguel de Tucumán, donde residieron hasta finales de enero de 1813. Ella tuvo que cambiar su rumbo y abandonar a Belgrano, pues con su avanzado embarazo le resultaba imposible continuar viajando con el agobiante clima norteño.
El niño nació en una estancia de Santa Fe el 29 de julio de 1813 y fue bautizado en la Iglesia Matriz de Santa Fe de la Veracruz. Para evitar la deshonra de María Josefa, que aún se hallaba casada con su primo que residía en Cádiz, su hermana Encarnación Ezcurra y su cuñado, Juan Manuel de Rosas, inscribieron al bebé en el Libro de Bautismos como huérfano bajo el nombre de Pedro Pablo Rosas.
En 1820 falleció su padre biológico, Belgrano, sin embargo, aún faltaban muchos años más para que el joven Pedro Pablo descubriera la verdad de boca de su padre putativo. Recién al cumplir los 20 años de edad, el joven fue informado por Rosas sobre su verdadero origen, cumpliendo éste el expreso pedido de Manuel Belgrano. A partir de entonces incorporó su apellido biológico, pasando a llamarse Pedro Pablo Rosas y Belgrano.
Pedro compartía con su padre adoptivo las estadías en las estancias y ya a los 16 años se había convertido en su Secretario Privado. Del mismo modo, Rosas se preocupó por su educación y su futuro patrimonio económico, de manera tal que repartió sus tierras y ganado en forma equitativa entre él y sus hijos biológicos, Juan Bautista y Manuelita. Basta con mencionar que entre lo que recibió de su padre y los campos y propiedades que adquirió a lo largo de su vida, llegó a tener casi veinte Suertes de Estancias (medida de terreno de media legua de ancho por una y media de largo), en tierras bonaerenses, casi diez propiedades entre la ciudad de Buenos Aires y Azul y varias miles de cabezas de ganado.
Durante el año 1837 Pedro Pablo Rosas y Belgrano se trasladó a Azul y ejerció como Juez de Paz y Comandante del Fuerte San Serapio Mártir, con el grado de Mayor. A fines de ese año pidió ser relevado y se dedicó a administrar sus estancias.
Durante la década del "40 nuevamente fue nombrado Comandante de Azul y oficialmente encargado de las relaciones con los indígenas en todo el sur de la provincia. Se ocupaba de lo que Rosas llamaba el "negocio pacífico", esto es, entregar a los indios "amigos" provisiones, alcohol y yerba mate a cambio de que los indígenas se mantuvieran en paz con las poblaciones de frontera y ayudaran a reprimir a los que las atacaran. También llevaba adelante las relaciones diplomáticas y el correo entre los indios y el gobierno provincial, estableciendo relaciones muy estrechas con los pueblos originarios, tanto como con otros estancieros y gauchos del sur de la provincia.
En 1841 comenzó una relación sentimental con una joven de Azul llamada Juana Rodríguez, con quien terminará teniendo dieciséis hijos. Buena parte de ellos murieron siendo muy pequeñitos, sin embargo, Pedro, Dolores, Juana Manuela, Braulia, Melitona, María Josefa, Juan Manuel, Francisco y Emiliano, alcanzaron la mayoría de edad.
Además, en 1849 nació Manuel, reconocido por Pedro como hijo suyo, a quien también le dio su apellido y cuya madre figura en el acta bautismal con el nombre de Carmen Ramos. Este niño nació en Buenos Aires y figura en la partida de bautismo como Manuel Belgrano. Parece ser que hubo un alejamiento de Juana Rodríguez durante algunos años…
En 1851, Pedro y Juana celebraron su matrimonio religioso ante el capellán Clemente Ramón de la Sota, en la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario del Azul y María Josefa Ezcurra fue la madrina de la boda, siendo representada por una religiosa ante su imposibilidad de viajar hasta Azul.
Poco antes de la batalla de Caseros, Rosas y Belgrano mantuvo varias reuniones con los Caciques, a los que comprometió a unirse a sus fuerzas para defender el gobierno de Rosas. Después de la caída de su padre adoptivo, siguió siendo el Juez de Paz de Azul, por orden directa del general Justo José de Urquiza. Luego, por disposición de Hilario Lagos, Comandante de Campaña, fue nombrado Comandante en Azul del Regimiento de Caballería N° 11.
Durante los casi veinte años -aunque interrumpidos-, en los que Pedro Pablo Rosas y Belgrano estuvo al frente de Azul -pese a las falencias-, la trascendencia y proyección de nuestra comunidad había seguido creciendo y "en pocos años Azul adquirió una importancia extraordinaria". Es que era el centro gravitante para las relaciones con el mundo indígena de la pampa y para el abastecimiento de civiles y militares de la región. Además, constituía una "atalaya" desde la que se vigilaba la inestable y riesgosa situación de frontera, en la que más veces se combatía, otras se negociaba y siempre se vivía en plena tensión y atentos a impredecibles reacciones de los pueblos originarios, quienes muchas veces veían vapuleados sus derechos y cercenadas sus libertades.
Vale mencionar como prueba del desarrollo lento, pero sostenido, que para comenzar la segunda mitad del siglo XIX, Azul ya estaba siendo iluminado a kerosene y contaba con más de treinta y seis calles (algunas con afirmados de tosca), próximas a ser empedradas.
A fines de noviembre de 1852 Rosas y Belgrano estaba en Buenos Aires cuando estalló la rebelión del general Hilario Lagos, que pronto dominó gran parte del interior de la provincia y puso sitio a la ciudad de Buenos Aires. En ésta última se supo que había grupos en el sur de la provincia que aún seguían obedeciendo al gobierno porteño, pero no tenían cohesión ni podían establecer contacto con la Capital. Por eso el gobernador Manuel Guillermo Pinto envió a Rosas y Belgrano con unos pocos acompañantes al puerto del Tuyú. Éste, apenas desembarcado, convocó a los indígenas para que cumplieran sus compromisos de un año antes. La noticia de la expedición de Rosas y Belgrano levantó los ánimos de los porteños, mientras que los federales se dedicaron a tratar de detenerlo antes de que reuniera demasiada gente a sus espaldas.
Rosas y Belgrano marchó hasta Dolores, donde logró reunir unos 4.500 hombres, entre ellos algo más de mil aborígenes. Pronto regresó hasta la costa del río Salado, a esperar una prometida expedición naval con armas y municiones. Pero los refuerzos y armas no llegaron nunca. Allí estaban cuando aparecieron los federales, al mando del general Gregorio Paz. La batalla del Rincón de San Gregorio fue una verdadera catástrofe para las tropas que defendían la causa porteña, pues murieron unos mil hombres y casi todos los oficiales fueron tomados prisioneros.
El autor del célebre "Martín Fierro", José Hernández, que peleó en las filas del hijo de Belgrano, recordaría años después: "El último Rosas que conservaba en el Sud un resto de prestigio, penetró en la Provincia de Buenos Aires en 1852 trayendo en sus filas los indios que se encontraron en la batalla de San Gregorio. Se dispersaron como en Caseros, después de inútiles cargas dadas en medio de sus salvajes alaridos, y desde la costa del Salado hasta sus tolderías, distantes más de ochenta leguas, no hicieron sino saquear cuanto hallaron...".
El coronel Rosas y Belgrano fue sometido a un tribunal militar, en la quinta de Ambrosio Lezica en Flores. Dicho tribunal fue compuesto por los jefes Juan Isidro Quesada (quien lo presidió), Manuel Alejandro Pueyrredón, Matías Rivero, Baldomero Lamela, Pedro José Agüero, León Benítez, Juan María Pita y Bernardo González. Lo defendió el coronel Antonio Reyes.
Rosas y Belgrano fue trasladado como prisionero al Cabildo de Luján, y quiso el destino que fuera alojado en la misma celda donde permaneció su padre a fines de 1813, cuando fue procesado por las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma. El Consejo de guerra condenó a Rosas y Belgrano a muerte. Pero Lagos no quiso cumplir la orden y lo puso en libertad, considerando la carta que Manuela Mónica Belgrano le entregara pidiéndole por la vida de su hermano "teniendo en cuenta su sangre".
Levantado el sitio de Buenos Aires, el 18 de julio de 1853 el gobernador Pastor Obligado otorgó a Rosas y Belgrano los despachos de coronel efectivo, siendo repuesto en su cargo al frente del Regimiento de Caballería N° 11 y de Comandante de Azul. Dos años más tarde, en febrero, pidió la baja por mala salud justo en una época en que arreciaban los ataques contra los ex colaboradores de Rosas, y el gobierno decidió confiscar todos los bienes de éste y de sus hijos. Dado que legalmente Pedro era hijo de Rosas, perdió todos sus bienes. Harto de todo eso, se marchó a Santa Fe, donde prestó servicios en la frontera.
En 1859, poco después de la batalla de Cepeda, el general Urquiza volvió a avanzar sobre Buenos Aires. Allí organizó la defensa el general Bartolomé Mitre, mientras los jefes de frontera trataban de defenderse de un posible avance desde el sur. Urquiza nombró a Rosas y Belgrano Comandante de armas del sur de la provincia y lo envió hacia esa zona. Éste convenció al Cacique General Calfucurá, para que enfrente al comandante Ignacio Rivas en Cruz de Guerra, pero el ataque fracasó. Enviado por Rosas y Belgrano, el coronel Federico Olivencia tomó la ciudad de Azul. Por su parte, el Comandante Linares se presentó en Tandil, que estaba indefensa por haber salido su Comandante Benito Machado a enfrentar a Olivencia. De modo que los habitantes de Tandil lo dejaron tomar la ciudad a cambio de que los indígenas que venían con él quedaran afuera, pero éstos se sublevaron y saquearon la ciudad.
Olivencia entró en conflictos con Rosas y Belgrano, de modo que lo abandonó y se pasó a las filas del general Flores. Machado regresó a Tandil, obligando a Linares a huir. Y los indígenas que habían llegado a Azul con el coronel Rosas y Belgrano también lo abandonaron. El Coronel debió huir, pero fue tomado prisionero en cercanías de Rosario y, a pesar de que algunos oficiales pidieron que fuera ejecutado, su vida fue respetada por órdenes del general Bartolomé Mitre. Además, viendo que estaba ya muy enfermo, lo dejó regresar a Buenos Aires empero con la orden expresa de que no se acerque a Azul.
Presagiando el final, se encomendó a la redacción de su testamento ante el escribano José Victoriano Cabral. Pedro Rosas y Belgrano falleció en Buenos Aires el 27 de septiembre de 1863, en una casa ubicada a dos cuadras de donde había fallecido su padre a los cincuenta años de edad, igual que él.
Fue sepultado en la bóveda de los Ezcurra, en el Cementerio de la Recoleta, pues esa había sido la última voluntad de su madre.

Para culminar…

A pesar de que nunca contrajo matrimonio, el general Manuel Belgrano tuvo dos hijos, su primogénito, Pedro Pablo (hijo de María Josefa Ezcurra), y Manuela Mónica del Corazón de Jesús, fruto de una apasionada relación con María de los Dolores Helguero Liendo, sin embargo, esa es otra historia de amor…


Pedro Pablo Rosas y Belgrano fue el primogénito de Manuel Belgrano y María Josefa Ezcurra. Sin embargo, debieron darlo en adopción a Encarnación Ezcurra y Juan Manuel de Rosas. Tuvo una destacada actuación en nuestra ciudad, donde vivió durante muchos años, casándose inclusive con una azuleña y naciendo aquí sus hijos.


El principal legado del General Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano fue nuestra Bandera Nacional. Sin embargo, también jugó un papel destacado en la Revolución de Mayo y en la Declaración de la Independencia. Asimismo fue un férreo luchador por la libertad y aunque muchas veces fue derrotado, nunca dejó de lado sus convicciones.


María Josefa Ezcurra era una jovencita de buena posición económica y social. A pesar de estar profundamente enamorada de Manuel Belgrano fue obligada a casarse con su primo Juan Esteban de Ezcurra. Sin embargo, contra viento y marea logró reunirse con su enamorado y de esa relación nació Pedro Pablo.

Juan Manuel de Rosas y Encarnación Ezcurra fueron los padres putativos del primogénito de Manuel Belgrano. Criaron al pequeño bajo el nombre Pedro Pablo Rosas, pero cuando éste cumplió veinte años le informaron sus verdaderos orígenes.

ESTE VIERNES A LAS 20

ESTE VIERNES A LAS 20. Humor, drama y gesticulación: ArtyCom reestrena su última obra

El grupo reestrena "Retazos de taller" en el Museo Comunitario. La obra, dirigida por Marcelo Sayavedra Battista, ofrece tres unipersonales y un cierre cómico en italiano con las actuaciones de Laura Berenstain, Olga Mele, Agustina Pacheco, Silvana Moreno y Silvia Villanueva.

27 de abril de 2026

Un varón y tres mujeres fueron  condenados por venta de drogas
FALLO DE UN JUICIO ABREVIADO

Un varón y tres mujeres fueron condenados por venta de drogas

26 de abril de 2026

"Lo que nos cuesta mucho es contener a la gente"
LOS EFECTOS DE LA CRISIS SOCIAL Y ECONÓMICA EN AZUL

"Lo que nos cuesta mucho es contener a la gente"

26 de abril de 2026

Un recorrido por la historia de la música espiritual
A CARGO DEL CORO ESTABLE

Un recorrido por la historia de la música espiritual

26 de abril de 2026

A CARGO DEL CORO ESTABLE

Un recorrido por la historia de la música espiritual

24 de abril de 2026

HUBO ALLANAMIENTOS TAMBIÉN EN OLAVARRÍA Y LAPRIDA

Golpe al narcotráfico en Azul: desarticulan una banda que operaba incluso desde la cárcel

24 de abril de 2026