11 de mayo de 2015
Fue un estupendo triunfo el de River ante Alumni, pero más grandioso resultó el partido al que dieron forma en el Emilio S. Puente. Signado por la aventura ofensiva y por la decisión mutua de tomar el protagonismo -ideas materializadas generalmente con criterio-, el cotejo quizá sea el pico más alto de las 8 fechas que se llevan jugadas en el campeonato.
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Si lo desea, si lo intenta, si se da cuenta que así no sólo es más lindo sino más fácil, el fútbol de Azul puede provocar un alto regocijo en el público que, en poca cantidad, aún lo acompaña. De estos partidos es que se acuerda la gente y los motivos por los cuales se atesoran se distinguen notoriamente de aquellos que nos llevan a olvidar -bien pronto- otros juegos. En definitiva, celebremos nuevamente la actitud de quienes optan, convencidos, por esta manera de jugar (deseosos, los de afuera, que no se aparten de esa senda).
Alumni y River dieron forma a un partido estupendo, esplendor que en parte se machucó en el cuarto de hora final, aunque sin desentonar con el nivel precedente. Dos apuestas con la premisa de ir por el arco contrario (parece muy obvio, pero no es tan corriente), de tomar la responsabilidad de mantener la pelota y de no esperar demasiado del azar y del error ajeno, de verticalizar colectivamente, usufructuando variantes y culminando un muy buen porcentaje de acciones.
Desde el mismo albor las evidencias del futuro se cristalizaron en el Emilio S. Puente: alta presión local en la salida visitante, Duarte que roba el balón a Vera y manda un pase a contrapierna de la deshilachada defensa; de frente al arco, con comodidad de sillón, Alexis Pouyannes termina empujando al gol.
Tempranamente advertíamos que sendas propuestas (más alguna grosera imprecisión) ofrendaban al cotejo una vertiginosidad notable, rápidamente se ubicaban las acciones en tres cuartos, haciendo del círculo un sitio de mero tránsito. Los caminos elegidos se asimilaban, pero lejos de anularse, lograban prosperar parcialmente. Era un juego de reflejos.
La banda roja anotó al menos dos estupendos goles, de esos que simbolizan perfectamente la savia riverplatense. Uno de ellos llegó a los 21’: una sucesión de pases cortos, por izquierda, en ofensiva, en tiempo y forma fundamentales para esos lugares del campo; la pelota que deriva hacia el otro costado para Luciano Morales quien, en el área chica doblegó a Ibáñez con potencia. Sobrepasados los minutos iniciales, durante los que Alumni hizo presumir notorias diferencias, la visita había emparejado los méritos e, incluso, demostrado algunos mejores.
Los últimos quince minutos terminaron de delinear un encuentro aún más destacado. Pasada la media hora, una jugada culminó con una estupenda definición de Massante, eliminando a Vargas y convirtiendo pese al cierre de un defensor. La antesala generó polémica por la pasividad de Gastaldi: dos duras infracciones -primero a un alumnista, luego a un riverplatense- fueron ignoradas por el juez cuando la ley de ventaja no tenía lugar en ninguno de los dos casos.
Inmediatamente, con las protestas disipadas, se abrió camino el juego y el conjunto de Mastantuono alcanzó la segunda paridad. Un notorio quedo defensivo le posibilitó a Pérez hacer gala de su condición goleadora en situación de mano a mano con Ibáñez. Sí, se producían muchos errores, las defensas (fundamentalmente la albirroja) se exponían demasiado. Pero ese estado de las cosas -digno de la ponderación- se edificaba merced a la ambición de sendos elencos, puesto que ambos hacían honor al espíritu de este juego.
El corolario de la mitad inicial no podía tener otro tenor: diagonal hacia la derecha -para escapar de los centrales- de Alexis Rodríguez, habilitación catedrática de Morales en el momento justo y destacada definición del punta para desairar el achique del arquero.
Con aire borgeano retomó el juego. La circularidad del tiempo se aggiornó y utilizando el simulcop del primer tiempo, el complemento inició con grito de gol: desborde por bajo del “zurdo” Rodríguez desde la izquierda, en el primer palo interceptó Mancino y con un remate fallido coló el esférico en su propio arco. Otra vez, el que más rápido hace pie en el cotejo es el local, llevando a que River muestre su versión más deslucida en lo que iba del juego.
El tanto que determinó la cifra final llegó con otra perlita de esas que llamamos gol. Sobre la arista diestra del ataque millonario, una serie de pases cortos y de primera, Etcheverry, Rodríguez y definición cruzada -de punta- de Germán Acuña. Surgían preguntas: ¿optará River, de nuevo en ventaja, por enfriar el trámite? ¿Seguirá cambiando ataque por ataque? En definitiva, ¿se tracionará?
A partir de entonces, el encuentro comenzó a enrarecerse y malogró cierta virtud futbolística. Primero fue la expulsión de Rodas y luego el penal que le convirtieron a Rodríguez y que Ramiro Ibáñez le atajó al propio Alexis. Lo que verdaderamente enturbió el ánimo general en el estadio albinegro fue el golpe que recibió el 1 de parte del delantero, cuando éste -sin medir consecuencias- fue en busca de un pequeño rebote que provocó Ibáñez. El portero terminó en el hospital, donde los estudios no revelaron complicaciones y donde permaneció unas horas en observación. En lo deportivo, la visita no sólo falló una chance importante de finiquitar el juego, sino que sufrió la expulsión de Rodríguez.
En el borde de su área (y con el correr de los minutos, cada vez más adentro de ella) terminó defendiendo la banda roja, sin ninguna otra aspiración que la de sostener la diferencia. Surgió Vargas como figura excluyente, negando al local el empate en unas cuantas ocasiones. Veíamos una locura lanzado al empate ante una locura sitiada sobre su arco, resistiendo dramáticamente. Ello no quita que debamos agradecer el bien que gozamos.
LA FIGURA 
Un gran juego con varios puntos altos: Pouyannes, Massante, Rodas, Morales. Un escalón por sobre todos quedó ubicado en esta opinión Silvio Vargas. Recibió tres goles pero evitó el doble. Fundamentalmente su figura creció cuando -11 contra 9- Alumni arreciaba contra el arco riverplatense.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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