10 de diciembre de 2018

Por Augusto Meyer
De la Redacción de EL TIEMPO
No es el primer súper clásico cargado de tensión y de incertidumbre hasta el final.
Pero esta súper final –como la definieron los propios protagonistas, más allá de los medios masivos de comunicación- era sin lugar un partido especial, único en su tipo.
Finalmente el juego primó por sobre el “escritorio” y los jugadores lo definieron en la cancha, de igual a igual y transpirando la camiseta.
No fue en la Argentina, como la gran mayoría de los simpatizantes del fútbol de uno y otro equipo lo merecíamos, pero el campeón –como corresponde- salió del rectángulo de juego.
Quedó la sensación que a ninguno de los 22 jugadores titulares, y los que saltaron a la cancha desde el banco de los suplentes, se le puede reprochar falta de actitud.
Más allá del justo triunfo de River Plate, deberían enorgullecernos gestos observados tras el pitazo del final, con Gonzalo “Pity” Martínez y Lucas “Oso” Pratto alentando a los jugadores de Boca Juniors, que terminaron extenuados tras jugar varios minutos con dos jugadores menos y varios de los que estaban en el campo de juego “en una pierna”, y abatidos anímicamente por el resultado final.
En Azul, los festejos no se hicieron esperar y, a falta del Obelisco –tradicional punto de encuentro para quienes tienen domicilio en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires-, la plaza San Martín volvió a ser epicentro de la algarabía.
En el epílogo de un año difícil a nivel país –vaya si lo es-, caben los festejos y, en especial, si son en forma pacífica y con respeto hacia quienes no quedaron contentos desde la faz deportiva.
En esta ciudad, pasadas las 19, se armó la tradicional vuelta en caravana por las calles céntricas de los simpatizantes “millonarios” y, cumpliendo un ritual, fueron a gritarle el triunfo a Miguel Castro, un reconocido hincha del “xeneize”. La calle Moreno, entre Belgrano y San Martín, quedó repleta de camisetas, banderas flameando y otros distintivos del equipo ganador.
El empresario panadero siempre acepta la visita y sale a saludar al balcón, felicitando a los “contrincantes” con un cerrado aplauso.
El rito tiene la “complicidad” de los festejantes, quienes de algún modo le agradecen la honestidad de reconocer con hidalguía el triunfo del clásico rival.
Unos contentos y otros, tristes. Así finalizó –en tierras europeas- la mega final de la Copa Libertadores de América.
Ojalá la sociedad argentina tome los buenos ejemplos de “Pity” y del “Oso”, alentando a los jugadores rivales, y a los seguidores del equipo deportivamente derrotado como el empresario panaderil azuleño, aceptando la “gastada” de su clásico rival sin dramatismo y que todos comprendan que no es más que parte de un juego que algunos pocos –incluyendo algún dirigente- han tratado de ensuciar.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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