24 de diciembre de 2016
Por María Emilia Baldini (*)
La adolescencia es ese período de transición de la niñez a la adultez que generalmente ha estado asociado a transgresiones, crisis, desordenes, ideales, los llamados “Rebelde way”. Estas particularidades, propias de una posición adolescente, son absolutamente necesarias que aparezcan, así como también, la presencia de referentes que los apuntalen. Etimológicamente, adolescencia (del latín adolescentia) significa crecer. Esta es una etapa de grandes mutaciones y apuestas. La estructura psíquica del adolescente aún no se encuentra consolidada y necesitará el acompañamiento de los adultos para poder transitar ese período. Cuando digo adultos, me refiero principalmente a esos “otros” significativos para el adolescente, que han encarnado en su historia infantil una función paterna y materna adecuada. En esta etapa, el adolescente confrontará incansablemente con ellos y necesitará, a su vez, imperiosamente de ellos. Por supuesto, también participarán en este proceso de subjetivación del adolescente, su grupo de pares, amigos, parejas, tribus de pertenencia, educadores, entre muchos otros. Asimismo, no debemos olvidar que este proceso se da en un macro-contexto social y cultural particular; pudiendo localizarse múltiples y variadas presentaciones adolescentes; lo cual nos obliga a hablar estrictamente en plural, es decir, de “las adolescencias”.
No obstante ello, en líneas generales podemos situar tres grandes cambios que se suceden en este período: cambios biológicos, esa revuelta hormonal, “metamorfosis de la pubertad” -parafraseando a Freud- que traerá aparejado innumerables cambios en el cuerpo, la aparición de los caracteres sexuales secundarios y la posibilidad de reproducción sexual. A su vez, cambios sociológicos, en donde se espera que el adolescente comience paulatinamente a dejar atrás la dependencia infantil para conquistar la emancipación adulta y la posible salida exogámica (salida del núcleo familiar). Y cambios psicológicos, en donde comenzarán a definirse posiciones sexuadas e identificaciones, que implicarán un gran trabajo de duelo en relación al niño que fue.
Todos estos movimientos, implican un gran esfuerzo psíquico con notables desfasajes entre lo que surge en la realidad de manera turbulenta y la posibilidad de otorgarle significación, es decir, metabolizarlo psíquicamente. La adolescencia es un tiempo muy vulnerable, de omnipotencia y desvalimiento a la vez. Lo vivenciado en la infancia deja marcas y reaparece, pero en este tiempo, también podrán construirse posibilidades psíquicas nuevas, inéditas y creativas.
Durante todo ese transcurrir, el adolescente mirará a los adultos que tenga como modelos y referentes, observará qué es ser un adulto. El problema aparece, cuando esos adultos no están operando como tales; cuando el adolescente mira, pregunta, arma rebeliones buscando límites que lo organicen y afecto que lo contenga, y no encuentra respuestas. Las transgresiones en estos casos serán cada vez mayores, siendo los adolescentes proclives a llevar a cabo “actings”, es decir, conductas dirigidas a convocar la mirada de esos otros que parecen ausentarse real o simbólicamente. También, pueden darse “pasajes al acto”, cuando ya la angustia del adolescente desborda toda posibilidad de sostenerse en alguna escena simbólica, “saltando al vacio”, con el riesgo psíquico y de vida que ello implica.
¿Qué ocurre cuando el adolescente, quien necesita de ese adulto que lo acompañe y apuntale, se encuentra allí, con otro “adulto-adolescente”? Hago referencia, a padres que salen al mismo boliche con sus hijos en una posición de “eterna juventud”; a esas cirugías estéticas que reniegan de las marcas del paso del tiempo; a esas respuestas impulsivas por parte de los adultos quienes no pueden aún dialogar; padres mas conectados a facebook que con aquello que sucede en su propia casa; pequeñas escenas de violencia cotidianas “naturalizadas”... con este panorama ¿qué se le puede exigir al adolescente, que en su transgresión deja al descubierto, justamente, aquello con lo que los “adultos” no han podido y no pueden comprometerse?
En la actualidad, a diferencia de otras épocas, el ideal esta puesto en la juventud, no en la llegada a la adultez como meta o modelo. Los adultos se “adolentizan” eternizando su juventud, siendo ese el ideal valorado de la época. Concomitante a esto, hay una devaluación de la idea de proyecto y una temporalidad marcada por el mandato “vive el hoy”. Entonces, ¿cuáles son las nuevas modalidades adolescentes que debemos esperar si la adolescencia no parece ser una etapa de transición hacia la adultez, sino aquello a alcanzar como ideal colectivo?
Es un interrogante qué nuevas modalidades adolescentes irán apareciendo en este contexto, y cuáles se encasillarán bajo los cánones de “normal o patológico”, teniendo en cuenta que esto es, a su vez, un constructo epocal. Pero sí es seguro que para los adolescentes, efectuar ese tránsito sin el apuntalamiento y la responsabilidad de aquellos que deben asumir ese trabajo con ellos, no implica mayor libertad, sino por el contrario, una vivencia de abandono, desamparo y sufrimiento psíquico.
(*) Lic. en psicología.
emibaldini@hotmail.com
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
14 de octubre de 2026
14 de octubre de 2026
14 de octubre de 2026